28.2.14

El que la lleva, la entiende

Un año más, el tabernero y yo hemos cumplido, entre viaje y viaje de tintorro, con un compromiso ineludible para los que somos, al mismo tiempo, jartibles y borrachuzos: recibir los días de carnestolendas revisando por enésima vez un hito insuperable de la (intra)historia del Carnaval de Cádiz, la desvergonzada versión invertida de 'Aquellos duros antiguos' alumbrada en 1992 por la mítica chirigota de José Luis García Cossío 'El que la lleva, la entiende', popularmente conocida entre la selecta chusma carnavalesca como 'Los borrachos'. Exactamente, lo que 'El Selu' y sus beodos compinches hicieron con el himno oficioso de la fiesta gaditana por antonomasia fue darle la vuelta como a un calcetín y cantarlo, con ebria pronunciación, de fin a principio.


Para los neófitos en la materia, vaya por delante que por himno oficioso del Carnaval de Cádiz se entiende el glorioso tanguillo citado más arriba, compuesto en 1905 por Antonio Rodríguez Martínez, 'El Tío de la Tiza', e inmortalizado para los restos por las voces de su coro 'Los anticuarios'. La pieza en cuestión es una irrepetible copla que sintetiza en clave doméstica y coñona un episodio menor pero legendario acaecido en las playas gaditanas un año antes, cuyo relato dejo (para quien quiera profundizar en el tema) en manos de profesionales:

"El jueves 2 de junio de 1904, la ciudad de Cádiz celebraba un espléndido día de Corpus. [...] Mientras la procesión transcurría por el centro de la ciudad, lejos de allí, en la almadraba situada al final del barrio de San José -frente a lo que hoy es la cochera de Comes- unos trabajadores se ocupaban de enterrar las cabezas y demás desperdicios de los atunes capturados. A las once de la mañana, cuando tenían ahondado poco más de medio metro, encontraron varios duros. Un trabajador, gallego por más señas, avisó a uno de los socios de la almadraba, José Zarandieta, y a los carabineros. Pero el resto de los trabajadores junto a vecinos del barrio que se enteraron del hallazgo, comenzaron a abrir frenéticamente zanjas hacia la orilla.
Durante aquella jornada de Corpus, fueron muchas las personas que encontraron lo que llamaron duros, y resultaron ser monedas de curso legal de la época de Fernando VI, llamadas 'de ambos mundos' porque en la cruz figuraban dos esferas terráqueas. Corrió el rumor de que una de las buscadoras acopió 500 duros. La cantidad exacta de monedas aparecidas nunca se supo, ya que los vecinos, temerosos de que se las quitara el fisco, las escondieron. Las estimaciones cifraban que entre las arenas de la playa afloraron un total de 1.500 duros que comenzaron a venderse en la propia playa al precio de tres pesetas.
Corrió la voz por Cádiz y al amanecer del día siguiente la playa es una feria repleta de personas que, provistas de palas y cribas, escarbaban con entusiasmo. Los dueños de la almadraba intentaron prohibir la búsqueda requiriendo a la guardia municipal del barrio de San José y a una pareja de la Guardia Civil. Los agentes no pudieron contener a los buscadores de tesoros, que llegaron a interrumpir los trabajos de la almadraba. El Diario publicó que el filón no estaba agotado, creciendo la animación. A las dos de la madrugada del día cuatro ya había una multitud de hombres, mujeres y niños haciendo zanjas en la concurrida playa, con toda clase de herramientas. Ese mismo día comenzaron a escasear las apariciones -solo 30 monedas- y el precio de venta era ya de 18 reales. Pero a mediodía corre el rumor de que quedaban aún 60.000 duros enterrados y de nuevo la playa se cubrió de buscadores.
La búsqueda fue cada vez menos provechosa, hasta el día seis en que aparecieron unos pocos. El público comenzó a aburrirse y a interesarse más en contemplar las faenas de la almadraba que en cavar con espiochas. Aquella almadraba había capturado en lo que iba de temporada casi 12.000 atunes, y cuando reanudó su actividad pescó cuatrocientos más. Poco a poco decrece la expectación, aunque los trabajadores de las bodegas vinateras por allí situadas, al final de su jornada acudían a escarbar a la playa.
Fueron muchas las discusiones que surgieron sobre el origen de los duros. Unos opinaban que procedían del Defiance, navío francés hundido tras la batalla de Trafalgar en 1805. Otros afirmaban que era el botín de un barco pirata, el Defensor de Pedro".

27.2.14

Meritxell Falgueras (y el machismo)

De: Bacorro




Sin duda, una promesa de nariz de oro como tú, extrafina y superabsorbente como una compresa, cuyo buen olfato ni se nota ni traspasa, debería ser capaz de desentrañar los intríngulis aromáticos de lo inalcanzable para el común de los mortales. Y yo, que siempre ando buscando excusas para escapar del mundanal ruido, ardo en deseos de seguirte de la mano más allá de los confines olorosos, consciente como soy de que a tu vera, siempre a la verita tuya, podría descubrir un nuevo universo de sensaciones que a día de hoy se me escapa, por hombre y por insensible, valga la redundancia.

Antes de entrar en materia, confío en que sabrás perdonar este atrevimiento epistolar pues, siendo (como eres) amante de los pensadores clásicos y las citas de baratillo, tendrás bien presente la sabia advertencia de Voltaire que aconseja cultivar jardines propios en lugar de meterse en los ajenos. Lo que pasa es que yo tengo leído poco (y mal) al ilustrado gabacho y, cegado por una imprudencia recalcitrante, aún me tomo licencias como esta que aquí y ahora me entretiene: desoír los consejos de mis mayores.

En fin, a lo que vamos. Primeramente has de saber que he juntado estas letras para ti movido por la matraca que nos vienes dando en las últimas semanas a cuenta del machismo en el mundo del comercio y del bebercio, previamente desde el blog que compartes con otros colegas en la web de la cadena SER y más tarde en tu personal e intransferible Wines and the City. O sea, que lo que no soporto, aparte de otras lindezas que no vienen al caso, es tu (incongruente) victimismo, amén de tu (cansina) machaconería. Veamos por qué.

En el artículo de marras, entitulado "Una colleja al machismo en el mundo del vino" aunque su percha es, en realidad, la gastrotele, llegado el momento de desahogo tras una somera exposición de motivos, confiesas: "Leo en el móvil: 'Qué cansino, el tema de ser mujer y lo difícil que es'. Lo ha escrito un hombre, claro, y yo, que cuando me preguntan por lo de ser mujer en un mundo de hombres, como lo es el de la sumillería, normalmente intento quitarle hierro al asunto, me reboto". Te rebotaste entonces pero no cuando un periodista tan incauto como Xavi Díaz te presentó en directo en la anómala TVE de Catalunya como un "bombó", imperdonable falta de gracia (y de tacto) que, sin embargo, tú le reíste chiripitifláutica en lugar de obligarle a rectificar o, en su defecto, abandonar el plató mientras la afrenta siguiera en pie. Tampoco te rebotaste cuando una institución del periodismo gastronómico como José Carlos Capel tituló una glosa sobre tu figura como "El sex-appeal del vino", frivolité merecedora de querella que, empero, no parece haber hecho mella en tu feminismo de boquilla. Eres rubia pero no tonta, y sabes bien que ambos caballeros (por llamarlos de alguna manera) te dieron mucho más de lo que te quitaron, especialmente porque te pillaron promocionando tus libros y tus múltiples actividades.

Ser la niña mimada del Celler de Gelida (ese templo del vino barcelonés que ha ido pasando de padres a hijos desde 1895) y, al mismo tiempo, postularse como paradigma de la posmoderna enología femenina paseándose por el mundo vitivinícola de tiros largos tiene estos peajes. "¿Que es cansino el tema de que gane una mujer y se valore más su trabajo?", preguntas con indisimulada intención retórica en tu diatriba contra el enésimo reality show gastronómico, y, sin dejar lugar a las dudas, aclaras: "Lo cansino es que cuando vas a una cena se comente más tu vestido que tu profesión. Pero si vas fea, también te critican por tu peso, por tus pelos o porque vas dejada".

En este punto me vas a disculpar pero no hay quien se trague tus tribulaciones. Te reto a que muestres públicamente siquiera un puñado de libros sobre vino escritos por hombres en los que el autor aparezca en la portada posando, a poder ser, sensualmente [puedes ahorrarte la tarea de buscarlos: sencillamente, no existen]. En cambio, tu corta bibliografía no ha sabido (o no ha querido) resistirse a la tentadora moda de utilizar estrellonas rubias como reclamo (más o menos) calenturiento en portadas y fotos promocionales, un perverso juego al que últimamente se han prestado incluso las grandes divas del jazz (Diana Krall o Eliane Elias), en cuya compañía tus publicaciones no desentonan lo más mínimo, como puede comprobarse en las imágenes que acompañan esta misiva. Cierto es que aún no te has disfrazado de Gilda ni te has quedado en paños menores para animar las ventas de tus excéntricos maridajes, pero todo se andará, si me permites el vaticinio. Y no seré yo quien niegue una pizca de razón en tu denuncia, pues pertenezco al gremio de quienes luchan por erradicar de nuestra sociedad los residuales (micro)machismos cotidianos, pero tus acomplejados remilgos se verían considerablemente reducidos simplemente con que tu blonda exposición pública fuera ligeramente menor.


De un tiempo a esta parte, tu omnipresencia mediática provoca empachos que solo se tornan digeribles cuando tu verbo naïf sale a pasear: lo mismo da que sea en sesudas recomendaciones enológicas ("El cava rosado es muy glamouroso y da mucha alegría, y los cavas gran reserva son muy versátiles con la comida") como en el expurgo a tu autorretrato curricular ("Tengo un bouquet de flores románticas y de fruta silvestre. En boca, muy salada, con un punto dulce y un post-gusto picante"); el caso es que tu ligereza consuetudinaria es capaz de hacer soportable, sin proponérselo, incluso tu cargante pluriempleo. En los últimos meses resulta (casi) imposible ver, escuchar o leer algún medio dado a la bebida en el que no hayas dejado poso, y créeme si te advierto que eso juega en tu contra.

Continuando con tu pliego de descargo, tiras de memoria histérica para mayor abundamiento en el tema: "Recuerdo todos los comentarios machistas que he tenido que aguantar y también las copas que no he podido tomarme porque ciertas cenas que acababan en sitios impropios para una señorita. Si tonteas, eres simpática, pero si marcas distancias con los que han bebido demasiado, eres una creída". Y sigues, imperturbable: "Recuerdo las veces que he trabajado gratis porque 'a la niña le hace ilusión escribir o hablar en público' y también las veces que no me han dejado entrar en catas importantes. Tengo en mente a unos cuantos peces gordos del sector a los que se les va la mano pero no se les puede condenar porque, si hablan, no volverás a salir en esa guía o a servir una copa de vino. Y si has llegado a donde estás es por ser una hija de papá o porque te has tirado a alguien. ¿Por méritos propios? Improbable".

¡Acabáramos! Al final va a resultar que en el pecado llevas la penitencia. Tu denuncia es tan vomitivamente velada que ni siquiera te atreves a dar los nombres y apellidos de esos sujetos a quienes agrupas como peces gordos por miedo a represalias que podrían dar al traste con tu fulgurante carrera. O sea, lo de siempre, que sí pero no: confías en tus méritos personales pero no tanto como para apostarlos, todo o nada, contra los prejuicios, la rumorología y la omnipotencia masculina a la que de vez en cuando se la va la mano. Siendo así las cosas, has de saber que tus lamentos producen más daño que beneficio a un gremio en el que las cosas ya no son como eran pero al que, con amigos como tú, no le hacen falta enemigos.

Si no lo tomas como un resorte machista, recibe un beso (casto, por supuesto) de tu rendido admirador, Bacorro.


P.S.: Como dijo en cierta ocasión Pascal, “discúlpame por haberte escrito una carta tan larga, pues no tuve tiempo de escribirte una corta". Respecto a tus (presuntos) méritos, los curiosos podrán hacerse una idea aproximada visitando tu canal de videocatas, de las que aquí dejo a la vista una de las últimas muestras registradas hasta la fecha.

31.1.14

Vespral Gran Reserva 2006

¿Podría un gran reserva de la Terra Alta pasar por amontilliado? La respuesta es sí; al menos, si se adquiere en Lidl empeñando en la arriesgada aventura solo la calderilla que cabe en un diminuto monedero. Y eso es, justamente, lo que le ha sucedido a mi tabernero: movido por la curiosidad ante el constante cacareo de los bienpagaos prescriptores de andar por casa acerca de las excelencias de los vinos de lineal de supermercado y sus marcas blancas, el otro día le echó bemoles al asunto y se agenció un ejemplar digno de figurar, desde ya, en las páginas de lo que Florian Werner ha titulado con discreción La materia oscura, aunque su chivato subtítulo lo delate: en realidad, se trata de un pormenorizado repaso a la "Historia cultural de la mierda".

El caso es que hoy nos hemos echado unas (amargas) risas en la taberna a cuenta del brebaje en cuestión, embotellado por Viña Tridado y dado a conocer como Vespral Gran Reserva: una engañifa cuya contraetiqueta esconde una falacia para enmarcar y conservar en el museo de los horrores vinícolas: "Tras una esmerada crianza total de 60 meses, de los cuales, como mínimo 24 meses han sido en barrica de roble, este vino llega a su plenitud y obtiene un intenso color rubí. Su sabia composición de uvas Tempranillo y Cabernet Sauvignon permite un reposo de hasta 6 años en su bodega". Pero lo que uno descubre tras descorchar su tramposa botella es un artificioso caldo con el que la oxidación se ha cebado, convirtiendo lo que debería ser un vino robusto y serio en un imposible bebedizo más cercano a los generosos jerezanos pasados de rosca.

Según la web de la cadena de supermercados que lo comercializa, Vespral es un "vino de aroma potente y marcada personalidad, de agradable sensación inicial y largo postgusto"; un "vino de intensidad alta en nariz, donde destacan toques de vainilla, regaliz y ligeros tonos ahumados. Carnoso, untuoso y equilibrado en boca". Lo que pasa es que durante su descuidado proceso de crianza se han evaporado las escasas propiedades varietales conservadas tras un (aún más) descuidado proceso de selección, mal que le pese a catadores como Albert Flores i Arqué, que aseguran haber hallado en él un vino "ampli, consistent, persistent i equilibrat; afruitat a gers i groselles amb un final a fruits secs, lleugerament a albercoc i cacau".

La clave del desaguisado nos la da el traductor de Google, que en ocasiones hace gala de una inesperada agudeza: donde Lidl pretende (des)informar a sus clientes alemanes ("Nach einer sogfältigen Lagerung con insgesamt 60 Monaten"), el diccionario digital instantáneo le devuelve un zarpazo en toda la jeta ("Después de una estafa de almacenamiento sogfältigen total de 60 meses"). Ese debe ser el 'secreto de Lidl', que se vanagloria (inútilmente) de conseguir vinos de la mejor calidad al mejor precio defendiendo un exhaustivo control "desde el viñedo hasta la venta de los mismos en la tienda correspondiente, incluyendo el proceso de vinificación y embotellado"; un doble proceso que implica a "su propio instituto de control independiente" y a otro "instituto de control externo", de los cuales no se aportan más datos. Eso sí, parece ser que dicho procedimiento ha llevado a las marcas blancas de Lidl a ocupar "el primer puesto en las catas a ciegas que realizan regularmente revistas de enología líderes en el sector con muestras representativas", un hecho, empero, del que las hemerotecas consultadas no recuerdan más que aquella gloriosa ocasión en la que "la prestigiosa revista alemana Weinwirtschaft" calificó su surtido como "el mejor dentro de las cadenas de alimentación de descuento" en 2007. ¡Casi ná!

Maite Corsín, una sospechosa habitual del ibérico microcosmos enológico que asegura haber probado y puntuado más de 45.000 vinos para la Guía Peñín de los Vinos de España y otros medios especializados, concedió en cierta ocasión "un 7 de media a los vinos del Lidl", después de catar una nutrida selección de los mismos entre la que se encontraba el hermano pequeño (crianza) del Vespral que aquí nos ocupa. "Hasta los reservas y los vinos con más envejecimiento", aseguraba entonces la enoconsejera, "despistan porque son vinos que parecen más jóvenes que 'sesentones"; una observación de la que, tras la maldita ingesta de este gran reserva que ni es grande ni es reserva, solo cabe rescatar lo sustancial: los vinos de Lidl despistan; tanto, que incluso un maduro tinto del Baix Camp tarraconense podría pasar por un amontillado jerezano. Pero un amontillado malo, malísimo.


Vespral Gran Reserva

2006

24 meses en barrica de roble

Tempranillo y Cabernet Sauvignon

13% alcohol

DO Terra Alta

Viña Tridado, Les Borges del Camp, Tarragona, Cataluña, España

30.1.14

Contra el vino del presente

Perdón por la tristeza pero hoy ha muerto Félix Grande, tan cercano en lo material y en lo spirituals (que diría él) por cuestiones que no vienen al caso. Enmudecidos por la pena, el tabernero y yo hemos gastado la tarde (re)leyendo algunos envinados párrafos de su monumental Memoria del flamenco, como aquel en el que denuncia la intrascendencia del vino del presente:
"Hay un vino intermedio. No tiene relación con la memoria: no quiere asesinarla, no quiere acentuarla. Es un vino ruidoso, que ayuda a hablar, a reír, finalmente a dormir. Se toma en grupo, con abundancia y sin hacerle caso: no se cohabita con él, se le utiliza. Es el vino de las fiestas de fecha fija, es un vino excitante, veloz, sin imaginación. Junto a él hay sonidos de tenedores, músicas voluminosas de aparatos de radio, gritos de camareros o de anfitriones o invitados. Es un vino que comparece en las reuniones familiares, en muchas bodas y bautizos, en los sábados que lograron eludir la desgracia de las horas vacías. No tiene relación con la memoria. A este vino no se lo bebe con desesperación, ni con rencor, ni con autopiedad; tampoco se lo bebe con parsimonia y corazón, con lenta plenitud, con inteligencia del mundo. Se lo bebe, quizá entre baile y baile, con avidez casual, o con una alegría que no tiene conciencia de su propio milagro, una alegría municipal, útil, muy sana, no muy conmovedora. Éste es el vino del presente. Sus consumidores no soportan, creo, demasiados sufrimientos inexplicables; tampoco, creo, sus emociones enigmáticas son demasiado duraderas. Utilitario y subalterno, es un vino eficiente, sin compromisos, sin pasión, sin heridas. Es el vino que tiene mayor número de parroquianos, ni desdichados en exceso, ni emocionados en exceso: de parroquianos sin exceso. Os juro que no hay desprecio en este boceto de una manera de beber. Yo no desprecio a nadie. Pero amo la memoria →ese cordón umbilical del tiempo →ese cordón umbilical del mundo. Amo ese instante de la memoria en que, reventando de nombres y de años y de emoción y de dolor, alcanza ese estado al que se ha hallado un nombre hermoso: los sentimientos oceánicos, las emociones oceánicas. Allí no llega este vino intermedio. Este es el vino del presente. No tiene relación con la memoria. No necesita asesinarla. No necesita acentuarla. Es autosuficiente: es pequeño. Es un vino que no busca al olvido, pero finalmente lo encuentra: en el sueño, en la fatiga, en el embotamiento, en la indiferencia de la repetición. Y ese olvido, aunque sin crispación, de algún modo también sustituye a la vida. De algún modo, la usurpa. De los días, de los hechos monótonos y repetidos, se desprende, fantasmal, la ceniza del Universo. Este vino intermedio no reaviva el incendio de vivir. Sin vehemencia, sin hondura, modesto, el vino del presente carece incluso de lo que tiene aún el vino trágico: la lenta y solitaria lágrima que se enfría".


Ha muerto Félix Grande, el poeta que nos dejó en herencia un soneto (El vino a solas, la memoria ardiendo) cuyos sobrios tercetos finales hoy cobran un nuevo (y doloroso) sentido:

"Delicada catástrofe; desgracia taciturna.
La escasa fe maltrecha que queda se embadurna
en interrogaciones sin futuro ni afán. 
Y me he quedado solo, sin sombra, mortecino,
rebuscando calor en mi aterido vino.
La vida nos engaña, las cosas se nos van".

29.1.14

Guerra a la guerra

Hoy he respirado en la taberna un particular ambiente belicoso: le han declarado la guerra a la guerra, ahora que se cumplen cincuenta años desde que los Estados Unidos de América se implicaran a fondo en el segundo conflicto de Indochina. Como acompañamiento de entresemana han rebuscado en el baúl del antibelicismo musical y se han dado de bruces con el recopilatorio 'Motown Remixed', con el que el negrísimo sello discográfico fundado por Berry Gordy Jr. en el Detroit del medio siglo sacaba lustre en 2005 a un puñado de sus incontables números uno de la mano de otros tantos productores y remezcladores contemporáneos. Entre medias del característico sonido Motown y de toda su gloria rítmica, gentileza de los eternamente insuperables Funk Brothers, me ha despabilado de la resaca perpetua el himno pacifista gritado al mundo en 1970 por Edwin Starr querellándose contra la marcial querencia de su gobierno, que por aquel entonces bravuconeaba en Vietnam frente a los deseos de un pueblo estadounidense que a esas alturas ya tenía más que interiorizado el estribillo del tema en cuestión: "War, huh, yeah / What is it good for? / Absolutely nothing".


Esta incontestable oda al pacifismo fue alumbrada por dos de las más lúcidas cabezas pensantes de la Motown, Norman Whitfield y Barrett Strong, con la intención de que The Temptations la convirtieran en uno de sus éxitos masivos. Sin embargo, los titubeos de la banda, sumados a los recelos de Gordy ante el temor de un (poco) probable fracaso comercial, retrasaron su publicación como single y propiciaron, de rebote, que un recién llegado a la casa del soul se convirtiera en la voz que aupara la pieza hasta el número uno de las listas. La infalible fórmula que posibilitó semejante pelotazo fue, más o menos, la habitual: una letra que huía de las medias tintas y que por primera vez era inequívocamente política; una trotona sección rítmica capaz de remover de su asiento al más impasible de los oyentes; y una voz tan fiera como demandaba el asunto tratado. Y lógicamente, el resultado fue (con perdón) un bombazo, versionado y (re)utilizado hasta la saciedad como emblema del antibelicismo universal. En el caso de la versión que sonaba hoy en la taberna, la circunstancial remezcla del limitado King Britt es lo menos impactante, porque toda la fuerza de 'War' ya venía de serie en el original.

28.1.14

Ebeia Roble 2012

El que hoy puede presumir de ser el emporio con mayor cantidad de viñedo propio de Rioja comenzó su andadura en Oyón (Álava) el año 1861 como elaborador de vinos a granel que se nutrían de las cepas familiares. El Grupo Faustino, dueño en la actualidad de siete bodegas (Faustino, Campillo y Marqués de Vitoria en Rioja, Valcarlos en Navarra, Leganza en La Mancha y Portia en Ribera del Duero, además de las Victorianas, productoras de vino de mesa), tuvo en Eleuterio Martínez Arzok a su primer impulsor y en su vástago Faustino Martínez Pérez de Albéniz (que prestó su nombre al conglomerado) al primer embotellador de la familia. Pero el paso definitivo para la consolidación del grupo lo dio en 1957 el nieto del fundador, Julio Faustino Martínez, cuyo penúltimo capricho (el último ha sido un lío de faldas con su secretaria y el despido fulminante de sus hijos) se llama Portia, una bodega con nombre de luna (la que preside sus etiquetas) y de araña.


Según Kefyn Catley, aracnólogo en el Museo Americano de Historia Natural, portia es la "araña de apariencia más extraña": algo así como "un cruce entre el Monstruo de la Laguna Negra y un extraterrestre". Y, pese a que desde dentro se recalca que la Portia que aquí nos ocupa debe su nombre a uno de los satélites de Urano (que a su vez lo tomó prestado de una de las protagonistas del shakespeariano El mercader de Venecia), más bien un bicho con patas es lo que parece la megabodega homónima diseñada por Norman Foster y enclavada en plena Ribera del Duero: una aparatosa obra de ingeniería donde van a parar los frutos de las 160 hectáreas de tinta del país plantadas en los años 90 por el equipo del enólogo Raúl Quemada del Río en las zonas de Roa, Gumiel de Izán, Villanueva y Gumiel de Mercado. Los 12.500 metros de hormigón, madera, acero y vidrio amalgamados por el endiosado arquitecto británico se reparten entre tres plantas araneomorfas cuyos brazos corresponden a las distintas zonas de elaboración, fermentación y crianza del vino, y un corazón central, sobre el que se encuentra la tolva receptora de las uvas recolectadas, que actúa como centro de operaciones de un complejo al que los lugareños se refieren, llanamente, como el ovni.


En su interior se alojan las barricas de roble americano en las que se hace adulto el atapuerquense benjamín de la casa, Ebeia, un tinto justo de crianza elaborado íntegramente con tempranillo al que oficialmente se describe con comodines ordinarios ("de color rojo cereza picota con tonos púrpura, limpio y brillante") y para cuyo paso por boca tampoco se pone demasiado en juego: "Es fresco y sabroso, de agradable tanino y buena acidez. Recuerdos balsámicos y frutales, postgusto largo y con notas torrefactas". Todo ello indiscutible tras el par de copas tomadas en la taberna, teniendo en cuenta que tales epítetos caracterizan a un ejemplar al que algún despistado le ha descubierto matices de "mostrador de carnicería" pero que, merced a su dignísimo precio, se ha convertido en uno de los verdaderos supervinos (esto es: buenos, bonitos y baratos) de España.


Ebeia Roble

2012

Tempranillo

4 meses en barrica de roble americano

13,5% alcohol

DO Ribera del Duero

Bodegas Portia, Gumiel de Izán, Burgos, Castilla y León, España

27.1.14

Por libre

Modestia aparte, Sobremesa se ve a sí misma como una revista "de vino, gastronomía, actualidad y tendencias, avalada por los mejores profesionales del sector". Creada en 1984, por estas fechas se cumple su trigésimo aniversario, efeméride que celebra en su número de enero reuniendo lo que considera "algunas de las figuras más importantes de los mundos del vino y la gastronomía" debido a que "su influencia y su labor divulgativa han marcado las tendencias definitivas en ambos campos a lo largo de las últimas tres décadas". En ese escandaloso cajón de sastre, lo mismo caben Ferran Adrià que José Ribagorda, Custodio López Zamarra que José Peñín, José Carlos Capel que Miguel Arias Cañete, Rafael Ansón que Juan Echanove, y sus jugosas entrevistas se pueden saborear en papel de toda la vida (como he hecho yo en la taberna), en pantallitas digitales o adornadas con imagen y sonido conscientemente informales en el canal de vídeos por un tubo que la publicación aloja gratuitamente en la red de redes.


En el citado cajón de sastre también hay sitio para Carlos Delgado, pionero de la crítica enológica de difusión nacional, actual columnista y bloguero de El País, impulsor en el pasado de la revista Vino y Gastronomía y del grupo OpusWine, y autor del fundacional El libro del vino. Y resulta que, en la breve semblanza que los juntaletras de turno esbozan sobre su figura, el subconsciente les juega una mala pasada y terminan haciendo una confidencia tan innecesaria como sospechosa: "Desde hace cuatro años va por libre", advierten los redactores acerca del veterano catavinos.

Retrocedamos en este punto: Sobremesa presume de "una mesa de cata donde el rigor y la profesionalidad constituyen las verdaderas premisas". Pero a nadie se le escapa que, como el 99% de las publicaciones especializadas medianamente sostenibles, sus intereses son eminentemente comerciales. Verbigracia: la revista pertenece al grupo Vinoselección, un club dedicado a la selección y venta de vino y productos de gastronomía, fundado en 1973 por Massimo Galimberti y asentado en Reino Unido, Alemania, Holanda, Argentina, Uruguay, Brasil, Canadá e Italia, donde operan distintos clubes que cuentan con más de cien mil socios y más de cien empleados. Con estos datos, huelgan las explicaciones.

Avancemos de nuevo hasta la semblanza de Carlos Delgado: tan asentada está entre la profesión la certidumbre de que la (casi) totalidad de los escribanos deben sus opiniones a las voces de sus amos, mecenas directos o indirectos de su actividad crematística, que incluso en la letra pequeña de las grandes ocasiones se cuelan deslices con los que alimentar el insaciable apetito de los conspiranoicos. Tanto da si el gazapo que cierra el despiece de la entrevista al vehemente Delgado es obra de Juan Manuel Ruiz Casado o de Saúl Cepeda (ambos firmantes del desaguisado); lo que importa a los lectores más susceptibles es conocer qué se esconde realmente tras denuncia tan ambigua: ¿Qué significa ir por libre en el mundo de la crítica de vinos? ¿Por qué solo hace cuatro años que Carlos Delgado va por libre? ¿Se puede ir por libre estando a sueldo de El País? ¿Por qué no iba por libre antes?


Demasiadas preguntas cuyas respuestas se pueden intuir, pero que nunca aparecerán publicadas en Sobremesa, una más de las revistas pretendidamente respetables que han devenido en meros catálogos del "sibaritismo y el lifestyle". Y no lo digo yo; lo dicen sus propios vendemotos: "Te dejamos todos los meses en el buzón los reportajes de la más rabiosa actualidad vinícola y gastronómica. Las mejores propuestas para realizar escapadas gastronómicas. Lo último en lujo y tendencias. Lugares de ensueño, delicatessen fascinantes y sugerentes viajes. Entrevistas con los personajes más 'in' del momento. Y por supuesto, la mejor guía de cata en la sección Dossier, para acertar siempre en tu elección, sea para tomar un vino, o para invertir en él". Lástima que hayan olvidado añadir como colofón: "Todo ello, previo pago de su importe (en publicidad o en especie) por parte de los interesados". O sea.

25.1.14

El oráculo de Baco

El pasado 2 de enero, cual oráculo de Baco, ese hedonista de la vida y el vino que se hace llamar Robert M. Parker, Jr. ofreció vía Twitter, sin que haya trascendido consulta previa, sus quince predicciones relacionadas con el vino para 2014. Y, como está comprobado que para los acérrimos correligionarios del baquismo (aquellos que hacen buena la certidumbre del Eclesiastés, 1, 15, "El número de necios es infinito") lo que sentencia mister Parker va a misa, imagino que a estas alturas la curia enológica mundial ya estará irreconciliablemente dividida entre quienes intrigan para elevar a los altares al hombre de la nariz del millón de dólares y los que confían sus más descorazonadas plegarias a su condena (sin fianza) a los infiernos del vino.


Como aún es pronto para juzgar todas las boberías y perogrulladas enunciadas sin recato por el sacrosanto wine advocate (para eso habrá que dejar correr el año y pasar revista, Dios mediante, en enero de 2015), de momento nos limitaremos a poner el acento en las tres predicciones que nos tocan más de cerca:

· "5. España, el sur de Italia y Francia dominarán los vinos de alta calidad de menos de 20 dólares": Tener la poca lacha de vender como futurible un hecho repetido año tras año desde que el vino es vino solo está al alcance de los gurús instalados en la más absoluta desvergüenza. España, Italia y Francia son y serán (no necesariamente por ese orden y con mínimas excepciones) los tres principales productores vinícolas del mundo tanto en cantidad como en calidad por muchos años; y los países emergentes (como la patria del flamante oráculo de Baco) seguirán siendo gregarios de lujo a menos que la filoxera vuelva a hacer de las suyas.
· "15. Las ventas de vino espumoso Prosecco y Cava erosionarán parte de los beneficios y el glamour del Champagne": Salvo que en Cataluña salga cara en el referéndum por la independencia, circunstancia que condenaría a una muerte lenta a un producto insuperable en la relación calidad-precio pero lastrado por la estrechez de miras de sus administradores.
· "11. Los blogueros del vino continuarán quejándose de su fracaso para rentabilizar sus sitios y ganarse el respeto": El ínclito Parker es un cachondo, qué le vamos a hacer. Pero debería saber que los blogs y las razones que justifican su existencia son como los culos (con perdón): cada cual tiene el suyo. Respecto a la dicotomía rentabilidad-respeto, se me ocurren tropecientos personajes que me merecen mayor atención. Con que los blogueros mereciéramos al abogado defensor del vino el mismo respeto que él nos merece a nosotros, nos daríamos por satisfechos.

24.1.14

Alice Bel Colle Moscato d'Asti 2011

Aseguran los manuales de geografía universal (triste consuelo para quienes no poseemos el don de la omnipresencia ni disponemos de un billetámen especialmente reventón) que Alice Bel Colle es una pequeña comuna piamontesa situada en el Alto Monferrato, en la frontera que separa las provincias de Alessandria y Asti, al noroeste de la bota italiana; y confirma la vastísima (intra)historia del bebercio transalpino que la cantina homónima es una bodega levantada en 1955 al pie de la citada colina, comandada en la actualidad por unos ciento cincuenta socios que concentran la mayor parte de sus esfuerzos en la elaboración de su producto estrella: el Moscato d'Asti.


La Denominazione di Origine Controllata e Garantita Moscato d'Asti presta su sello de calidad a un vino blanco que sus promotores definen como "dulce, pero no empalagoso, con un inimitable aroma almizclado procedente de las uvas seleccionadas y un sabor delicado e intenso, que recuerda a glicina y tilo, melocotón y albaricoque, con notas de salvia, limón y azahar". Y casi todo lo dicho podríamos darlo por bueno tras su degustación a los postres por gentileza del tabernero, salvo la advertencia inicial. "Dulce, pero no empalagoso" es la venda que el consejo regulador del Moscato d'Asti se pone antes de resultar herido por la maledicencia del consumidor, empalagado sin remedio por culpa de la desproporcionada dosis de azúcar contenida en un jarabe que los ultras de la enología mundial pretenden excluir del oficioso catálogo vinícola por considerar que su imperceptible contenido alcohólico (5,5% del volumen en el caso que nos ocupa) no da la talla.

Nos hallamos, por tanto, ante un sospechoso habitual del tinglado enológico en el que su mayor virtud se convierte, por arte de birlibirloque, en su principal defecto. Para conseguir la baja graduación característica del Moscato d'Asti, sus productores recurren a un sencillo procedimiento: detener la fermentación alcohólica a mitad del proceso con ayuda de frío, lo que favorece que una parte importante de los azúcares que deberían ser transformados de ahí en adelante permanezcan en el vino, reduciendo considerablemente su nivel de alcohol y manteniendo, de paso, los aromas y sabores inherentes a la uva. A diferencia de espumosos como el cava o el champagne, elaborados según el tradicional método champanoise, los Astis se obtienen mediante el método Charmat o gran vas, cuya segunda fermentación tiene lugar en el propio depósito, hecho que le aporta una ligera carga de carbónico que contribuye a definir su ligero carácter. Un carácter del que un puñado de inaprensivos, empezando por un servidor, se chotea cada vez que se presenta la ocasión.


Alice Bel Colle Moscato d'Asti

2011

Moscato bianco

5,5% alcohol

DOCG Moscato d'Asti

Cantina Alice Bel Colle, Alice Bel Colle, Alessandria, Piamonte, Italia

23.1.14

La barra de Erlich

Me gusta desayunarme cada mañana contemplando la viñeta de Bernardo Erlich en El País porque soy adicto a su alegre pesimismo, a su congénita alergia a los lunes y a sus cínicas reflexiones tabernarias, que tanto se asemejan a mi día a día. Es rara la semana en la que este ilustrador y humorista gráfico, argentino de Tucumán, no sienta a alguno de sus personajes ante la barra de un bar para que descargue, ante el bebercio cotidiano, sus cuitas. Solo en lo que va de año, ya son cuatro las estampas que se suceden con vasos y copas de por medio; y su interés va in crescendo, según el parecer de mi tabernero de cabecera, que hoy ha estado regocijándose ante ellas.