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30.4.14

Despertar del 'Somni'

Hace unos pocos días, en una entrevista concedida a la revista 7 Caníbales, Joan Roca daba algunas pistas sobre su filiación: "Nuestro número 1 demuestra que lo de El Bulli no fue casualidad. Ni lo será ahora, porque no estamos solos: aquí hay compromiso, hay estructura, hay muchos restaurantes, mucha gente. Hemos dado visibilidad a un territorio y la gente se pregunta ¿qué pasa aquí?". Se refería, claro, a que las más vanguardistas casas de comida españolas están de moda, principalmente entre los gerifaltes del comercio (y del bebercio) mundial que, para nuestra desgracia, conspiran parapetados tras barricadas (in)franqueables para nuestra humilde campaña 'Por el fin de la bullipollez'.

El vértice humano sobre el que pivota el éxito del Celler de Can Roca todavía no sabía a esas alturas (¿o sí?) que su restaurante iba a ser relevado este año del primer puesto en la guía The World's 50 Best Restaurants por el danés Noma (regentado por René Redzepi), que recupera así el trono que ya ocupó en 2010, 2011 y 2012, pero parecía poner(se) la venda antes de la herida. En un primer nivel de lectura, no hay lugar para la decepción: España es, de largo, el país que sale mejor parado en la lista publicada por la revista británica Restaurant: entre los diez primeros comedores del mundo, se encuentran otros dos españoles: Mugaritz, de Andoni Luiz Aduritz (6) y Arzak (8); y entre los cincuenta mejores, el número asciende a siete, pues además de los mencionados se encuentran Azurmendi, de Eneko Atxa (26), el Asador Etxebarri, de Bittor Arguinzoniz (34), Lasarte, de Martín Berasategui (35) y Quique Dacosta (41). Además, hay una segunda lista (la que llega hasta el puesto cien), en la que aparecen Tickets (57) y 41º (74), ambos de Albert Adrià, y DiverXo, de David Muñoz (94).


Para los legos en la materia, Yanet Acosta recuerda el funcionamiento interno de eso que Joan Roca quiere creer "el termómetro de la gastronomía mundial": "La lista 50 Best se realiza a partir de las votaciones de 900 expertos divididos en 26 regiones distribuidas en todo el mundo; cada una de estas regiones tiene 36 miembros, incluyendo a un presidente, y cada miembro puede realizar siete votos. De esos siete, al menos tres deben reconocer restaurantes fuera de su propia región. Así, los votantes enumeran sus opciones en orden de preferencia basándose en los restaurantes que le ofrecieron su mejor experiencia en los últimos 18 meses. No hay una lista de verificación pre-determinada de criterios que deben cumplir". Pese a esta (aparente) transparencia, incluso un (supuesto) triunfador como Eneko Atxa, reconocía a la salida de la ceremonia de reconocimientos su extrañeza: “Es la primera vez que asisto, no sé cómo funciona esto pero los resultados me parecen muy raros”.

Ese mismo convencimiento es el que muestra José Carlos Capel, que desde su blog en El País se ha despachado a gusto con un listado "en muchos aspectos absurdo y más desgarrador que nunca". En su opinión, "pierden el tiempo los que intentan encontrar sentido a los resultados. Este año la lista, que cada edición se consolida como un ente amorfo, se ha mostrado más errática, desconcertante y absurda que nunca. Imposible saber qué tendencias han valorado los 900 miembros del jurado y los motivos que justifican cada una de las posiciones. Se trata de un tobogán que humilla y descoloca a los mismos que la elaboran. Que cada uno saque las conclusiones que quiera".

Sin embargo, desde 7 Caníbales, Xavier Agulló confirma que las esperanzas de quienes abogamos por la extinción de la vacua parafernalia culinaria no están del todo infundadas: "Un vistazo rápido a los 50 restaurantes que conforman la lista 2014 arroja un primer resultado: el caos. Es decir, melange de estilos, inspiraciones y filosofías. Hum… Acaso sea ésta precisamente la cartografía del panorama actual, vale decir, el caos teorizado. Podría ser. Sin embargo, un análisis más detallado, a mi juicio, desvela en ese magma aparentemente inescrutable algunos parámetros que nos pueden ayudar a especular las corrientes de fondo. La más notoria de las líneas que podríamos resaltar es una cierta involución general en las votaciones, que este año parecen primar [...] a restaurantes más consolidados o más conservadores, aunque, repito, dentro de una heterodoxia global clara fruto, por cierto, de un sistema de votación muy democrático. Restaurantes con propuestas osadas, muy vinculadas a los preceptos de la vanguardia bulliniana, han registrado descensos sorprendentes [...]. Por el contrario, han subido establecimientos con una visión culinaria más cauta, más establishment [...]. No sorprende entonces, siguiendo este hilo y yendo al nitty gritty, que un corpus conceptual tan potente y caleidoscópico como el generado por los tres hermanos Roca durante 2013 (y a plena marcha en 2014) haya cedido el protagonismo principal a un Noma que sigue atrincherado en el agotado dogmatismo culinario nórdico. Se prefiere, parece ser, el gamberrismo de enfant terrible aprés la lettre de René, sustanciado más en las formas que en el fondo, que la reflexión compleja, la abstracción y la exploración en vanguardia de los Roca".


Como quiera que sea, el mejor resumen de esta hoguera de las vanidades gastronómicas lo ha hecho Juan Echanove de una manera mucho más simple y enriquecedora: "Los papas de Roma levantan el pulgar a cincuenta escogidos templos de la restauración y se lo bajan, por decantación, a otros cincuenta que serán devorados por las deudas contraídas con esos banqueros devoradores de foies y de lubinas a quienes hemos tenido que hacer el boca a boca antes de que las espinas de los peces los asfixiaran para siempre". Esa es, para quien esté dispuesto a (re)conocerlo, la principal consecuencia de este desmedido afán por la meritocracia surrealista (subvencionada y económicamente inviable) que, para los hermanos Roca, se ha convertido durante un largo año en 'El Somni'; un sueño del que, por el momento, se han visto obligados a despertar bruscamente.

27.2.14

Meritxell Falgueras (y el machismo)

De: Bacorro




Sin duda, una promesa de nariz de oro como tú, extrafina y superabsorbente como una compresa, cuyo buen olfato ni se nota ni traspasa, debería ser capaz de desentrañar los intríngulis aromáticos de lo inalcanzable para el común de los mortales. Y yo, que siempre ando buscando excusas para escapar del mundanal ruido, ardo en deseos de seguirte de la mano más allá de los confines olorosos, consciente como soy de que a tu vera, siempre a la verita tuya, podría descubrir un nuevo universo de sensaciones que a día de hoy se me escapa, por hombre y por insensible, valga la redundancia.

Antes de entrar en materia, confío en que sabrás perdonar este atrevimiento epistolar pues, siendo (como eres) amante de los pensadores clásicos y las citas de baratillo, tendrás bien presente la sabia advertencia de Voltaire que aconseja cultivar jardines propios en lugar de meterse en los ajenos. Lo que pasa es que yo tengo leído poco (y mal) al ilustrado gabacho y, cegado por una imprudencia recalcitrante, aún me tomo licencias como esta que aquí y ahora me entretiene: desoír los consejos de mis mayores.

En fin, a lo que vamos. Primeramente has de saber que he juntado estas letras para ti movido por la matraca que nos vienes dando en las últimas semanas a cuenta del machismo en el mundo del comercio y del bebercio, previamente desde el blog que compartes con otros colegas en la web de la cadena SER y más tarde en tu personal e intransferible Wines and the City. O sea, que lo que no soporto, aparte de otras lindezas que no vienen al caso, es tu (incongruente) victimismo, amén de tu (cansina) machaconería. Veamos por qué.

En el artículo de marras, entitulado "Una colleja al machismo en el mundo del vino" aunque su percha es, en realidad, la gastrotele, llegado el momento de desahogo tras una somera exposición de motivos, confiesas: "Leo en el móvil: 'Qué cansino, el tema de ser mujer y lo difícil que es'. Lo ha escrito un hombre, claro, y yo, que cuando me preguntan por lo de ser mujer en un mundo de hombres, como lo es el de la sumillería, normalmente intento quitarle hierro al asunto, me reboto". Te rebotaste entonces pero no cuando un periodista tan incauto como Xavi Díaz te presentó en directo en la anómala TVE de Catalunya como un "bombó", imperdonable falta de gracia (y de tacto) que, sin embargo, tú le reíste chiripitifláutica en lugar de obligarle a rectificar o, en su defecto, abandonar el plató mientras la afrenta siguiera en pie. Tampoco te rebotaste cuando una institución del periodismo gastronómico como José Carlos Capel tituló una glosa sobre tu figura como "El sex-appeal del vino", frivolité merecedora de querella que, empero, no parece haber hecho mella en tu feminismo de boquilla. Eres rubia pero no tonta, y sabes bien que ambos caballeros (por llamarlos de alguna manera) te dieron mucho más de lo que te quitaron, especialmente porque te pillaron promocionando tus libros y tus múltiples actividades.

Ser la niña mimada del Celler de Gelida (ese templo del vino barcelonés que ha ido pasando de padres a hijos desde 1895) y, al mismo tiempo, postularse como paradigma de la posmoderna enología femenina paseándose por el mundo vitivinícola de tiros largos tiene estos peajes. "¿Que es cansino el tema de que gane una mujer y se valore más su trabajo?", preguntas con indisimulada intención retórica en tu diatriba contra el enésimo reality show gastronómico, y, sin dejar lugar a las dudas, aclaras: "Lo cansino es que cuando vas a una cena se comente más tu vestido que tu profesión. Pero si vas fea, también te critican por tu peso, por tus pelos o porque vas dejada".

En este punto me vas a disculpar pero no hay quien se trague tus tribulaciones. Te reto a que muestres públicamente siquiera un puñado de libros sobre vino escritos por hombres en los que el autor aparezca en la portada posando, a poder ser, sensualmente [puedes ahorrarte la tarea de buscarlos: sencillamente, no existen]. En cambio, tu corta bibliografía no ha sabido (o no ha querido) resistirse a la tentadora moda de utilizar estrellonas rubias como reclamo (más o menos) calenturiento en portadas y fotos promocionales, un perverso juego al que últimamente se han prestado incluso las grandes divas del jazz (Diana Krall o Eliane Elias), en cuya compañía tus publicaciones no desentonan lo más mínimo, como puede comprobarse en las imágenes que acompañan esta misiva. Cierto es que aún no te has disfrazado de Gilda ni te has quedado en paños menores para animar las ventas de tus excéntricos maridajes, pero todo se andará, si me permites el vaticinio. Y no seré yo quien niegue una pizca de razón en tu denuncia, pues pertenezco al gremio de quienes luchan por erradicar de nuestra sociedad los residuales (micro)machismos cotidianos, pero tus acomplejados remilgos se verían considerablemente reducidos simplemente con que tu blonda exposición pública fuera ligeramente menor.


De un tiempo a esta parte, tu omnipresencia mediática provoca empachos que solo se tornan digeribles cuando tu verbo naïf sale a pasear: lo mismo da que sea en sesudas recomendaciones enológicas ("El cava rosado es muy glamouroso y da mucha alegría, y los cavas gran reserva son muy versátiles con la comida") como en el expurgo a tu autorretrato curricular ("Tengo un bouquet de flores románticas y de fruta silvestre. En boca, muy salada, con un punto dulce y un post-gusto picante"); el caso es que tu ligereza consuetudinaria es capaz de hacer soportable, sin proponérselo, incluso tu cargante pluriempleo. En los últimos meses resulta (casi) imposible ver, escuchar o leer algún medio dado a la bebida en el que no hayas dejado poso, y créeme si te advierto que eso juega en tu contra.

Continuando con tu pliego de descargo, tiras de memoria histérica para mayor abundamiento en el tema: "Recuerdo todos los comentarios machistas que he tenido que aguantar y también las copas que no he podido tomarme porque ciertas cenas que acababan en sitios impropios para una señorita. Si tonteas, eres simpática, pero si marcas distancias con los que han bebido demasiado, eres una creída". Y sigues, imperturbable: "Recuerdo las veces que he trabajado gratis porque 'a la niña le hace ilusión escribir o hablar en público' y también las veces que no me han dejado entrar en catas importantes. Tengo en mente a unos cuantos peces gordos del sector a los que se les va la mano pero no se les puede condenar porque, si hablan, no volverás a salir en esa guía o a servir una copa de vino. Y si has llegado a donde estás es por ser una hija de papá o porque te has tirado a alguien. ¿Por méritos propios? Improbable".

¡Acabáramos! Al final va a resultar que en el pecado llevas la penitencia. Tu denuncia es tan vomitivamente velada que ni siquiera te atreves a dar los nombres y apellidos de esos sujetos a quienes agrupas como peces gordos por miedo a represalias que podrían dar al traste con tu fulgurante carrera. O sea, lo de siempre, que sí pero no: confías en tus méritos personales pero no tanto como para apostarlos, todo o nada, contra los prejuicios, la rumorología y la omnipotencia masculina a la que de vez en cuando se la va la mano. Siendo así las cosas, has de saber que tus lamentos producen más daño que beneficio a un gremio en el que las cosas ya no son como eran pero al que, con amigos como tú, no le hacen falta enemigos.

Si no lo tomas como un resorte machista, recibe un beso (casto, por supuesto) de tu rendido admirador, Bacorro.


P.S.: Como dijo en cierta ocasión Pascal, “discúlpame por haberte escrito una carta tan larga, pues no tuve tiempo de escribirte una corta". Respecto a tus (presuntos) méritos, los curiosos podrán hacerse una idea aproximada visitando tu canal de videocatas, de las que aquí dejo a la vista una de las últimas muestras registradas hasta la fecha.