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17.5.14

Antídoto 2011

El tabernero me sirve una copa de Antídoto y, de primeras, no me atrevo a echarme para el cuerpo más que una pequeña dosis. Antes de continuar con la ingesta, trato de descifrar el enigma que esconde su nombre acudiendo a la contraetiqueta de su minimalista y enjoyada botella: "Del lat. antidotus: Medicina o sustancia que contrarresta los efectos nocivos de otra. Medicamento contra un veneno". Mientras intento adivinar cuál será el tósigo que trata de neutralizar este noble bebedizo, le atizo algunos apresurados tragos, con la esperanza puesta en que las nefandas consecuencias de aquel no lleguen a hacer acto de presencia.

Antídoto es el nombre con el que fueron bautizados un vino (primero) y una bodega (más tarde) puestos en marcha por Hernando y Sourdais, una pareja de winemakers francoespañola que ha hecho méritos suficientes como para que las autoridades de Atauta levanten un monumento en su honor en medio de la estepa soriana. David Hernando fue director técnico de Atalayas de Golbán de 2004 a 2010 y Bertrand Sourdais fue cofundador y director técnico de Dominio de Atauta desde su creación en el año 2000 hasta 2010, dos bodegas hermanadas que propiciaron un encuentro cuyos mejores y más variados frutos han comenzado a brotar cuando ambos responsables han quedado liberados de sus antiguos compromisos tras un cambio en la propiedad de sendas casas.

Sourdais pertenece a la quinta generación de hacendados del Domaine de Pallus, una bodega situada en Chinon, en pleno valle del Loira, dedicada a extraer lo mejor de la cabernet franc. En su currículo figuran, además, trabajos para Château Nénin en Pomerol, Álvaro Palacios y Santa Rita (Chile), Château Léoville Las Cases y Château Mouton Rothschild. Por si todo esto fuera poco, en la actualidad trabaja codo con codo junto a su esposa, Olga Escudero, en un nuevo proyecto de vinos de finca: Dominio de Es.


El objetivo de Hernando y Sourdais es prorrogar una labor dedicada durante años a producir los vinos más heterodoxos de la Ribera del Duero. El valle de Atauta forma parte del tercio más oriental de la citada denominación de origen y está fuertemente condicionado por un clima continental con influencia montañosa, caracterizado por inviernos fríos y secos, acompañados de nieve; primaveras tardías con temperaturas bajas y con una pluviometría abundante; veranos secos y cálidos, con noches relativamente frescas; y otoños de temperaturas bastante bajas.

El caldo de cultivo de la bien avenida sociedad creada en 2010 está formado por muchas y pequeñas parcelas de centenarias viñas prefiloxéricas situadas a unos mil metros de altitud, sometidas a un exhaustivo control de los rendimientos siguiendo los parámetros de la viticultura ecológica. En las flamantes bodegas Antídoto se da prioridad a las maceraciones sobre las extracciones, envejeciendo los caldos en barricas bordelesas de segundo o tercer uso con la sana intención de que la madera no se sobreponga a la expresión de la fruta.

En cuanto a los resultados, en su primera toma de contacto una de las tríadas de elmundovino.com, compuesta por Jens Riis, Víctor de la Serna y Ernestina Velasco, echó por tierra las pretensiones de los productores: "Aquí hay mucha fruta roja y negra vigorosa, un tanto escondida por una madera con recuerdos de serrín. Esperemos que se libere pronto de ella y se imponga su buena materia. Conviene esperarlo". Unos meses más tarde, De la Serna añadía su punto de vista de manera individual, corrigiendo ligeramente la percepción inicial: "Aromático, con tanta fruta negra (arándanos) como roja (grosellas, guindas). Algo marcado aún por el roble. Tánico, sabroso, muy buena acidez. Moderadamente largo final".

En su habitual tono de charanga y pandereta, David de Jorge redunda en lo ya apuntado: "Otro vino para sacarle chispas en época estival. Antídoto contra el calor, el aburrimiento y la tristeza. Un ribera soriano, muy ribera en nariz, con buena intensidad, con mucha fruta roja y negra, tostados y especias en su justa medida. Cuando lo bebes es voluptuoso pero fresco, pasa tope fluido y da un regustín del copón, con mucho peso de la fruta, y un recorrido largo y atractivo. Para pimplárselo en menos de lo que canta un gallo".

Tonterías aparte, conviene rescatar que se trata de un ribera muy ribera, complaciente con el catador pero con mucho margen de mejora para sus prestaciones.


Antídoto

2011

Tinto fino

11 meses en barrica

14,5% alcohol

DO Ribera del Duero

Viticultura y Vinificación: Hernando y Sourdais, San Esteban de Gormaz, Soria, Castilla y León, España

Embotellado: Bodegas Valhondo, Vadocondes, Burgos, Castilla y León, España

25.3.14

Talaia Crianza 2010

Bodega Crayón es un proyecto (muy, muy) joven que se inscribió en la competitiva liga de Ribera del Duero hace ahora un lustro pero al que en solo cinco campañas ya ha dado tiempo a conseguir algunas victorias sonadas, como la de aquella velada arandina en la que se impuso por nocaut (y a ciegas) a algunos pesos pesados de ayer (Pesquera, Matarromera), de antesdeayer (Balbás) y de hoy (Sentido, Valdubón).


Sus vinos se baten el cobre bajo la denominación comercial Talaia, (presunta) aféresis de "atalaya" convertida en el fitónimo que sirve en las tierras castellanoleonesas para referirse al roble joven, la noble madera desde la que mejor se vislumbra el devenir de la enología; y su púgil más en forma a día de hoy es Talaia Crianza, un espécimen hecho a imagen y semejanza de su enólogo, Ernesto Peña, preparador igualmente de algunos de sus competidores directos.

Procedente de viñedos mayores de edad crecidos en suelos arcillocalcáreos con fondo cascajoso permeable de parcelas situadas en Moradillo de Roa y La Horra (Burgos), los racimos de tinto fino que sirven como materia prima para la elaboración de este sorprendente vino, al que me enfrento en mi querido ring tabernario en un combate sin daños a terceros, fueron vendimiados entre el 8 y el 13 de octubre de 2010. Tras una maceración prefermentativa en frío, las autóctonas uvas ribereñas realizaron su fermentación alcohólica en depósitos de acero inoxidable y la fermentación maloláctica (a medias) en madera y acero, antes de madurar durante catorce meses en barricas de roble francés y americano, repartidas en porcentajes de 60-40. En ellas tomó cuerpo el caldo justo para embotellar 9.800 unidades, una (más que) prudente producción que sus artífices recomiendan consumir (tirando muy por lo largo, pues carecen de perspectiva) en sus primeros quince años de vida.

La nota de cata oficial define a este Talaia Crianza (y lo define bien) como un vino "granate intenso y limpio, con tonos violáceos" de capa "muy alta y brillante". De la fase olfativa, queda referido que es "delicada, compleja y persistente, mezclando la fruta madura, grosella negra, notas minerales, especias y elegantes tostados", añadiendo que al final aparecen "notas de pan tostado y tabaco envolviendo la fruta madura". Resumiendo: "Buen recorrido aromático, con una intensidad alta inicial, que aumenta incluso según se va oxigenando".

En boca, la bodega asegura que su máximo exponente es "potente y rotundo, con fruta negra compotada, donde domina la grosella, envuelta en trazas minerales", y arriesga su credibilidad al ensalzarlo como "un vino complejo con multitud de matices", en el que "de la fruta pasamos a los aromas minerales de terruño, para finalmente descubrir los frutos de la crianza en roble".

Aunque es en el punto final donde cabe ponerle el principal pero (subjetivo, eso sí) al catador de la casa, que concluye su nota con lo que según mi parecer es un inadmisible oxímoron: "Posee un intenso retrogusto aromático que permanece largo tiempo en la boca, recreando los aromas minerales y tostados del vino". Y digo inadmisible oxímoron porque soy de los que suscriben al pie de la letra la aguda distinción entre posgusto y retrogusto que Mauricio Wiesenthal y Francesc Navarro legaron a la posteridad en su delicioso Todo lo que debes saber sobre el vino para impresionar en la mesa a tus amigos: el primero es entendido como el "aroma y sabor que permanece en la boca en la vía retronasal después de tragar el vino", mientras que "cuando lo que permanece en boca es desagradable, no se llama posgusto sino retrogusto". O sea, lo que deja Talaia Crianza (con permiso de aquellos que saben más que yo, que son casi todos) es un provechoso posgusto, que va camino de convertirlo en eso que en la industria anglosajona del entretenimiento se conoce como 'sleeper hit': el éxito inesperado de un producto escasamente promocionado y de discreto estreno.


Talaia Crianza

2010

Tempranillo

14 meses en barrica de roble francés y americano

14,5% alcohol

DO Ribera del Duero

Bodega Crayón, Aranda de Duero, Burgos, Castilla y León, España

28.1.14

Ebeia Roble 2012

El que hoy puede presumir de ser el emporio con mayor cantidad de viñedo propio de Rioja comenzó su andadura en Oyón (Álava) el año 1861 como elaborador de vinos a granel que se nutrían de las cepas familiares. El Grupo Faustino, dueño en la actualidad de siete bodegas (Faustino, Campillo y Marqués de Vitoria en Rioja, Valcarlos en Navarra, Leganza en La Mancha y Portia en Ribera del Duero, además de las Victorianas, productoras de vino de mesa), tuvo en Eleuterio Martínez Arzok a su primer impulsor y en su vástago Faustino Martínez Pérez de Albéniz (que prestó su nombre al conglomerado) al primer embotellador de la familia. Pero el paso definitivo para la consolidación del grupo lo dio en 1957 el nieto del fundador, Julio Faustino Martínez, cuyo penúltimo capricho (el último ha sido un lío de faldas con su secretaria y el despido fulminante de sus hijos) se llama Portia, una bodega con nombre de luna (la que preside sus etiquetas) y de araña.


Según Kefyn Catley, aracnólogo en el Museo Americano de Historia Natural, portia es la "araña de apariencia más extraña": algo así como "un cruce entre el Monstruo de la Laguna Negra y un extraterrestre". Y, pese a que desde dentro se recalca que la Portia que aquí nos ocupa debe su nombre a uno de los satélites de Urano (que a su vez lo tomó prestado de una de las protagonistas del shakespeariano El mercader de Venecia), más bien un bicho con patas es lo que parece la megabodega homónima diseñada por Norman Foster y enclavada en plena Ribera del Duero: una aparatosa obra de ingeniería donde van a parar los frutos de las 160 hectáreas de tinta del país plantadas en los años 90 por el equipo del enólogo Raúl Quemada del Río en las zonas de Roa, Gumiel de Izán, Villanueva y Gumiel de Mercado. Los 12.500 metros de hormigón, madera, acero y vidrio amalgamados por el endiosado arquitecto británico se reparten entre tres plantas araneomorfas cuyos brazos corresponden a las distintas zonas de elaboración, fermentación y crianza del vino, y un corazón central, sobre el que se encuentra la tolva receptora de las uvas recolectadas, que actúa como centro de operaciones de un complejo al que los lugareños se refieren, llanamente, como el ovni.


En su interior se alojan las barricas de roble americano en las que se hace adulto el atapuerquense benjamín de la casa, Ebeia, un tinto justo de crianza elaborado íntegramente con tempranillo al que oficialmente se describe con comodines ordinarios ("de color rojo cereza picota con tonos púrpura, limpio y brillante") y para cuyo paso por boca tampoco se pone demasiado en juego: "Es fresco y sabroso, de agradable tanino y buena acidez. Recuerdos balsámicos y frutales, postgusto largo y con notas torrefactas". Todo ello indiscutible tras el par de copas tomadas en la taberna, teniendo en cuenta que tales epítetos caracterizan a un ejemplar al que algún despistado le ha descubierto matices de "mostrador de carnicería" pero que, merced a su dignísimo precio, se ha convertido en uno de los verdaderos supervinos (esto es: buenos, bonitos y baratos) de España.


Ebeia Roble

2012

Tempranillo

4 meses en barrica de roble americano

13,5% alcohol

DO Ribera del Duero

Bodegas Portia, Gumiel de Izán, Burgos, Castilla y León, España

16.1.14

El vino, la pela y el chisme

Mi bodeguero de cabecera me hace saber que Castro Galiana, una consultora especializada en el asesoramiento comunicacional vitivinícola, acaba de hacer público un resumen de su Informe del sector del Vino en la prensa 2013 [para conocer el informe completo hay que rascarse el bolsillo] y, aunque sus conclusiones se comentan solas, no quiero dejar de subrayar tres puntos que explican por sí mismos el funcionamiento del mercado interno del vino:
· Según los expertos (un ente abstracto cuyo análisis en profundidad dejaremos para mejor ocasión), en España hay alrededor de cinco mil bodegas, de las cuales solo 1.546 han tenido presencia mediática. O sea, hay unos 3.500 productores de los que no se tiene noticia, literalmente. Y, curiosamente, los que más han dado que hablar en los mentideros vitivinícolas no lo han hecho por la excelencia de sus productos sino por rencillas familiares (Vega Sicilia) o cuestiones políticas (Freixenet). 
· Lo mismo sucede si fijamos nuestra atención en las marcas: únicamente 3.324 han sido citadas en la prensa y, de ellas, las más cacareadas lo son por motivos extravinícolas: una, por ser la sangre de Su sangre utilizada por los prebostes del Vaticano como alimento espiritual; otra, por ser vendida, conjunta e inseparablemente, por un diario venido a menos; otra más, porque su etiqueta ha sido Custo(mizada); y así sucesivamente. 
· En cuanto al origen, entre dos ases (Rioja y Ribera del Duero) se reparten casi un tercio de la baraja mediática, y otro repóquer (Cava, Rías Baixas, Jerez, Penedés y Rueda) acapara un cuarto de las cartas puestas sobre el tapete, circunstancia que deja solo los descartes para el resto de las comarcas productoras.
Teniendo en cuenta estos datos, se comprende mejor la rutinaria labor de los 622 escribanos, 52 revistas y 99 periódicos analizados en el informe de marras. Su criterio se rige, con mínimas aunque honrosas excepciones, por la pela y el chisme, el poder y la gloria. Así se decide desde las alturas lo que compramos y, peor aún, lo que bebemos.