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21.5.14

Abadía Retuerta Selección Especial 2009

Abadía Retuerta Selección Especial de 2001 fue distinguido en el International Wine Challenge celebrado en Londres en 2005 como el mejor tinto del mundo, y ese reconocimiento, que sus sucesores llevan a gala desde entonces como elemento estructural de su etiquetado, contribuyó sobremanera a situar en el mapamundi de la enología a la bodega sardonera, fundada en 1996 por la multinacional farmacéutica Novartis. Con un monasterio premostratense como epicentro, hoy reconvertido en el lujoso complejo enoturístico Le Domaine, la finca sobre la que se asienta la bodega perteneció a una sociedad de agricultores a los que Sandoz surtía de productos de sanidad animal. Eso fue hasta 1990, cuando la compañía química suiza se resarció de los impagos de sus propietarios agenciándose el latifundio, situado en plena 'milla de oro' de la Ribera del Duero. Unos años más tarde, tras la fusión de Sandoz y Ciba-Geigy para crear el gigante Novartis, Abadía Retuerta pasó a convertirse en la niña mimada del todopoderoso (y polémico) conglomerado biotecnológico.


Cuentan que durante la Reconquista, con el fin de asentar el cristianismo en tierras castellanas, el Conde de Castilla mandó edificar una red de conventos-fortaleza y que, como consecuencia de esto, en el año 1146 se construyó el monasterio de Nuestra Señora Santa María de Retuerta, fundado por Sancho Ansúrez. Y cuentan también que a los monjes de la orden de San Norberto les fue concedido terras et vineas, y que el segundo abad trajo desde Borgoña las primeras cepas de variedades francesas que fueron plantadas en dicho lugar y que hoy, convenientemente replantadas, ocupan poco más de doscientas hectáreas de las setecientas por las que se extiende una finca completada por monte y bosque repoblados con variedades autóctonas.

Situada en la margen izquierda del Duero, donde abunda el sol y escasea la lluvia, Abadía Retuerta sufre inviernos fríos y veranos ardientes, con grandes variaciones de temperatura entre el día y la noche. La cuenca del río, donde crecen sus vides, es producto de miles de años de erosión, aluviones, sedimentaciones y cambios en la composición del suelo, lo que ha dado origen a un terroir de gran diversidad donde varía la textura, la proporción de minerales y el agua que absorbe o retiene cada parcela de la finca. La filosofía de trabajo del equipo asesorado por Pascal Delbeck, bajo la dirección enológica de Ángel Anocíbar, radica en la vinificación por pagos. El suelo de cada una de sus cincuenta y cuatro parcelas tiene una composición diferente: arcillas a la orilla del río, guijarros y arenas a lo largo de la ladera, grava en las capas inferiores, caliza en las alturas... Por tanto, cada pago acoge una única variedad de uvas. Los viñedos se esparcen por las laderas de orientación norte, trepando desde la orilla hasta alturas que alcanzan los 850 metros, y esa diferencia de nivel, combinada con los distintos tipos de suelo, produce notables variaciones en el rendimiento de cada pago. En bodega, Abadía Retuerta destaca por el uso de la gravedad en todos los procesos de elaboración y por una sala de barricas enterrada bajo la ladera del monte que facilita de forma natural el control de la temperatura.

Tras un invierno bastante gélido y uno de los veranos más secos y calurosos de los últimos años, que pusieron a prueba la capacidad de reacción de sus responsables, Abadía Retuerta considera 2009 como la mejor añada de su historia particular. Su Selección Especial "de las mejores uvas de todas las parcelas" reparte su peso varietal al 75% en tempranillo, al 15% en cabernet sauvignon y al 10% en syrah, un coupage que fue envejecido durante casi año y medio en un total de 1.860 barricas de roble francés y americano que dieron de sí para llenar 550.000 botellas y 5.000 mágnum.


Víctor de la Serna, Jens Riis y Luis Gutiérrez, que fueron de los primeros en catarlo para elmundovino.com, ya advirtieron de su "perfil comercial", aunque no supieron a qué carta quedarse: "En la boca nos gusta más, está bien elaborado, con buena materia, pero con el exceso de roble. No necesitaba tanto baño". En cambio, la Guía Peñin 2013 se mostró mucho más generosa con los paganinis suizos: "Color cereza brillante. Aroma especias dulces, roble cremoso, expresivo, fruta roja, fruta madura, equilibrado, mineral. Boca sabroso, frutoso, tostado, taninos maduros, largo".

En Vila Viniteca, como es costumbre de la casa, lo que importa es el vino: "De color rojo granate intenso. En nariz es perfumado, con recuerdos de pimentón rojo, fruta roja y negra (cerezas, moras y fresas) y las especias marcadas que aporta la barrica (nuez moscada) así como chocolate y regaliz. Final ahumado y balsámico. En la boca tiene un tacto sedoso, y una textura rellena. Buena armonía y volumen, con taninos sedosos y redondos. Largo, placentero y persistente. Recuerdos finales de canela en polvo". Por su parte, Antonio Jesús Pérez Reina se las ingenia para batir un récord al alcance de muy pocos: consigue no decir nada en dos párrafos que son puro desperdicio y que cito aquí de corrido para que consten en acta: "Un vino lleno de color, por sus matices en nariz y en boca, su juventud es su mayor virtud, la integración con la crianza y la evolución en botella sus mejores exponentes. Aromas especiados arropa a la fruta roja que se muestra en una muy buena añada por su frescura e intensidad. Un vino muy fiable año tras año, que recrea ricas sensaciones en boca que expresan terruño, bonita complejidad porque se muestra poco a poco en la copa, nos va enseñando los matices que encierra. Sus taninos son finos y maduros y evolucionando. Un vino que se ha convertido en un valor seguro".

Pero la nota de cata que más me sorprende es la que viene firmada por Demos Bertran. Sus dos aproximaciones al Selección Especial 2009, separadas por un año de diferencia, se cierran destacando su "final largo", en lo que parece ser una opinión más o menos generalizada que no se corresponde en absoluto con lo que yo he experimentado esta tarde en la taberna, donde me he pimplado una botella a medias con la propiedad. El tabernero y un servidor hemos convenido en que se trata de un vino, como anuncian sus elaboradores, de "firme paso de boca, fresco, sabroso y equilibrado" pero en ningún caso "persistente y largo". Para nuestra sorpresa, este Abadía Retuerta incumple eso que distingue a un caldo correcto de uno excepcional. Es tan deliciosamente ingrato, que se va del paladar sin despedirse.


Abadía Retuerta Selección Especial

2009

Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Syrah

16 meses en barricas de roble francés y americano

14% alcohol

Vino de la Tierra de Castilla y León

Abadía Retuerta, Sardón de Duero, Valladolid, Castilla y León, España

17.5.14

Antídoto 2011

El tabernero me sirve una copa de Antídoto y, de primeras, no me atrevo a echarme para el cuerpo más que una pequeña dosis. Antes de continuar con la ingesta, trato de descifrar el enigma que esconde su nombre acudiendo a la contraetiqueta de su minimalista y enjoyada botella: "Del lat. antidotus: Medicina o sustancia que contrarresta los efectos nocivos de otra. Medicamento contra un veneno". Mientras intento adivinar cuál será el tósigo que trata de neutralizar este noble bebedizo, le atizo algunos apresurados tragos, con la esperanza puesta en que las nefandas consecuencias de aquel no lleguen a hacer acto de presencia.

Antídoto es el nombre con el que fueron bautizados un vino (primero) y una bodega (más tarde) puestos en marcha por Hernando y Sourdais, una pareja de winemakers francoespañola que ha hecho méritos suficientes como para que las autoridades de Atauta levanten un monumento en su honor en medio de la estepa soriana. David Hernando fue director técnico de Atalayas de Golbán de 2004 a 2010 y Bertrand Sourdais fue cofundador y director técnico de Dominio de Atauta desde su creación en el año 2000 hasta 2010, dos bodegas hermanadas que propiciaron un encuentro cuyos mejores y más variados frutos han comenzado a brotar cuando ambos responsables han quedado liberados de sus antiguos compromisos tras un cambio en la propiedad de sendas casas.

Sourdais pertenece a la quinta generación de hacendados del Domaine de Pallus, una bodega situada en Chinon, en pleno valle del Loira, dedicada a extraer lo mejor de la cabernet franc. En su currículo figuran, además, trabajos para Château Nénin en Pomerol, Álvaro Palacios y Santa Rita (Chile), Château Léoville Las Cases y Château Mouton Rothschild. Por si todo esto fuera poco, en la actualidad trabaja codo con codo junto a su esposa, Olga Escudero, en un nuevo proyecto de vinos de finca: Dominio de Es.


El objetivo de Hernando y Sourdais es prorrogar una labor dedicada durante años a producir los vinos más heterodoxos de la Ribera del Duero. El valle de Atauta forma parte del tercio más oriental de la citada denominación de origen y está fuertemente condicionado por un clima continental con influencia montañosa, caracterizado por inviernos fríos y secos, acompañados de nieve; primaveras tardías con temperaturas bajas y con una pluviometría abundante; veranos secos y cálidos, con noches relativamente frescas; y otoños de temperaturas bastante bajas.

El caldo de cultivo de la bien avenida sociedad creada en 2010 está formado por muchas y pequeñas parcelas de centenarias viñas prefiloxéricas situadas a unos mil metros de altitud, sometidas a un exhaustivo control de los rendimientos siguiendo los parámetros de la viticultura ecológica. En las flamantes bodegas Antídoto se da prioridad a las maceraciones sobre las extracciones, envejeciendo los caldos en barricas bordelesas de segundo o tercer uso con la sana intención de que la madera no se sobreponga a la expresión de la fruta.

En cuanto a los resultados, en su primera toma de contacto una de las tríadas de elmundovino.com, compuesta por Jens Riis, Víctor de la Serna y Ernestina Velasco, echó por tierra las pretensiones de los productores: "Aquí hay mucha fruta roja y negra vigorosa, un tanto escondida por una madera con recuerdos de serrín. Esperemos que se libere pronto de ella y se imponga su buena materia. Conviene esperarlo". Unos meses más tarde, De la Serna añadía su punto de vista de manera individual, corrigiendo ligeramente la percepción inicial: "Aromático, con tanta fruta negra (arándanos) como roja (grosellas, guindas). Algo marcado aún por el roble. Tánico, sabroso, muy buena acidez. Moderadamente largo final".

En su habitual tono de charanga y pandereta, David de Jorge redunda en lo ya apuntado: "Otro vino para sacarle chispas en época estival. Antídoto contra el calor, el aburrimiento y la tristeza. Un ribera soriano, muy ribera en nariz, con buena intensidad, con mucha fruta roja y negra, tostados y especias en su justa medida. Cuando lo bebes es voluptuoso pero fresco, pasa tope fluido y da un regustín del copón, con mucho peso de la fruta, y un recorrido largo y atractivo. Para pimplárselo en menos de lo que canta un gallo".

Tonterías aparte, conviene rescatar que se trata de un ribera muy ribera, complaciente con el catador pero con mucho margen de mejora para sus prestaciones.


Antídoto

2011

Tinto fino

11 meses en barrica

14,5% alcohol

DO Ribera del Duero

Viticultura y Vinificación: Hernando y Sourdais, San Esteban de Gormaz, Soria, Castilla y León, España

Embotellado: Bodegas Valhondo, Vadocondes, Burgos, Castilla y León, España

10.5.14

Gladiator 2008

Pretende Viña Santa Marina que su Gladiator "sirva como homenaje al general emeritense Maximus Decimus Meridius, el más reconocido gladiador de la historia cuya leyenda dio origen a la famosa película". Pero la verdad es que esa pretensión da un poquito de vergüenza ajena, teniendo en cuenta que el tal Máximo Décimo Meridio, encarnado por Russell Crowe en el filme de Ridley Scott, jamás existió. Podríamos aceptar, siendo generosos con el beneficio de la duda, que el personaje esté basado en Marcus Nonius Macrinus, hombre de confiaza del emperador Marco Aurelio que ni fue gladiador ni vino al mundo en Augusta Emerita, y, apurando mucho, en Narciso, Espartaco, Cincinato y Máximo de Hispania. Pero poco más. O sea, este supuesto tributo de la bodega extremeña al término municipal en el que crecen sus viñedos (Mérida) evidencia una decisión rayana en el ridículo (tomando al pie de la letra su enunciado), pues incluso el origen emeritense del 'Gladiator' ficticio es producto exclusivo del doblaje a nuestra lengua, ya que el general que defendía que "lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad" se declaraba oriundo de Trujillo (Cáceres) en la versión original del larguísimo metraje.


Viña Santa Marina es, por decirlo en términos vitícolas, un pequeño zarcillo nacido del tallo principal de los Alvear de toda la vida, una noble estirpe de bodegueros que brotó en Nájera (La Rioja), antigua capital del Reino de Navarra, pero que echó raíces en Montilla (Córdoba) en el siglo XVIII. El que fuera durante décadas director de la bodega familiar, Álvaro de Alvear, decidió en 1999 emprender una nueva aventura junto a la enóloga Yolanda Piñero, asentándose por la vía del chanchullo (condiciones a medida, precio de ganga) a los pies de la sierra de Lamoneda, donde parece ser que en la época romana ya se elaboraban vinos muy apreciados en el imperio.

En el arranque de lo que antiguamente fue la Vía de la Plata (por seguir con la presunta filiación latina de la casa), se extiende una finca de unas doscientas hectáreas, de las cuales sesenta y una son de viñedo conducido en espaldera y el resto de bosque mediterráneo perfectamente conservado. El suelo que nutre sus viñas es de origen granítico, de estructura arenoarcillosa y de profundidad moderada con zonas de abundante canto que favorecen el drenaje, mientras que el clima que las arropa es típicamente mediterráneo, con inviernos fríos, veranos secos, largos y cálidos, y transiciones abundantes en lluvias.


De entre las variedades plantadas en Viña Santa Marina, sobresalen las tres de origen francés que forman el coupage de Gladiator: syrah (60%), cabernet sauvignon (30%) y petit verdot (10%). Según sus productores, la primera "es una suntuosa uva, para hacer vinos de textura sedosa, especiados, persistentes en la boca. Tiene un buen envejecer, los vinos pasan de plenos, atractivos cuando son jóvenes, a ganar personalidad y sólido carácter con el tiempo"; la segunda es considerada "la reina para la crianza de vinos. Procede de Burdeos, donde es la base de los vinos importantes, y desde allí ha viajado por todo el mundo, gracias a su gran capacidad para adaptarse a diferentes zonas sin perder calidad y carácter"; por último, la tercera es "original del suroeste francés. Con buenas características para vinos vigorosos, de larga vida, de lento envejecimiento, profundo color, aporta tanicidad, acidez, acompleja los aromas".

Mediante el ensamblaje de estas tres variedades, y tras un envejecimiento de doce meses en barricas de roble francés y americano, se obtiene, según la nota de cata personal del advocate Robert Parker, un vino de "color púrpura de capa cubierta" que "ofrece un atractivo bouquet de ahumados, caza, violetas, pimientos, arándanos y moras" y "frutas dulces" en un paladar "redondo, sedoso"; un vino, por consiguiente, "largo y placentero que se beberá bien durante una década". Pero a esa opinión no hay que echarle mucha cuenta: vale lo que costó convencer al gurú de Baltimore de que catara el caldo, con la (in)estimable colaboración de la enóloga emeritense María Isabel Mijares, aprovechando una visita a nuestro país para recibir la Gran Cruz del Mérito Civil.

Sin embargo, mucho más justa con lo que yo he bebido hoy en la taberna me parece la sucinta valoración del equipo de elmundovino.com compuesto por Víctor de la Serna, Juancho Asenjo y Ernestina Velasco: "Algo vegetal, agradable de entrada, cuerpo medio, con un final amargoso y no excesivamente logrado". Ni más ni menos.


Gladiator

2008

Syrah, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot

12 meses en barricas de roble francés y americano

13,5% alcohol

Vino de la Tierra de Extremadura

Viña Santa Marina, Mérida, Badajoz, Extremadura, España

7.5.14

Heretat Mas Tinell Brut Rosé Reserva 2008

Un reciente informe publicado por Global Wine & Spirits barrunta un importante crecimiento de las ventas de espumosos y rosados en los Estados Unidos de América para los próximos años (el doble de lo previsto para el vino en su conjunto) y, aunque en España viajamos aún a remolque de las modas cosmopolitas, lo cierto es que esa tendencia también empieza a dejarse ver entre nosotros. El consumo de vinos espumosos ya no se circunscribe exclusivamente al periodo navideño y el rosado va arañando cuota de mercado poquito a poco, no solo entre el público joven y/o femenino, como sostiene el tópico. Mas, ¿qué pasa con los rosé, esos espumosos rosados que irrumpieron en el circuito doméstico como glamurosos (sub)productos de andar por casa pero que se han hecho un hueco en los corazoncitos de los bebedores más exigentes?

Pues resulta que de todo hay, tanto en la viña del señor como en las viñas del cava y sus sucedáneos, donde se cultivan, entre otras, las cepas de trepat que sirven de materia prima al Brut Rosé Reserva con el que el tabernero ha aplacado hoy mis calores vespertinos, provocados por esta primavera cuasi veraniega que estamos atravesando. El más moderno de los espumosos elaborados en la Heretat Mas Tinell se ha mostrado, desde su nacimiento, como un más que digno representante de esa variante, todavía no demasiado extendida aunque sí crecientemente demandada, que representan los cavas rosados.


Los catadores de postín no manifiestan demasiado entusiasmo por este rosé, pero sí han coincidido (yo diría que sospechosamente) al destacar sus principales vicios y virtudes: "Sabroso, pero sin gran complejidad. Interesante por su originalidad" (Víctor de la Serna, Juancho Asenjo y Ernestina Velasco, elmundovino.com); "Sin mucha complejidad pero original en su resultado" (Demos Bertran, elvi.net). Así que hay algo que parece obvio: a falta de complejidad, en este caso se valora la originalidad. ¿Por qué?

Porque hablamos de una rara avis: 1) un cava monovarietal elaborado con trepat, la uva autóctona de la Conca de Barberá, principalmente destinada a producir vinos rosados (aporta poco color) y, en menor medida, tintos, que en el Penedés se emplea para colorear los rosé; 2) un brut reserva, lo que significa (oficialmente) que su contenido en azúcares no supera los doce gramos por litro y que su crianza en botella puede variar entre los quince y los treinta meses aunque, en este caso, sus poco menos de seis gramos de azúcar por litro y sus treinta y seis meses de estancia en rima lo aproximan (extraoficialmente) a un extra brut gran reserva; y 3) un gran cuvée, francesada adoptada de las clasificaciones achampanadas que aquí alude, más que a la procedencia de distintos vinos o distintas añadas, a la cuidadosa selección de sus mostos.

Por tanto, el mayor mérito que cabe atribuirle a la Heretat Mas Tinell sobre el particular es la decidida apuesta por una variedad autóctona, algo que (mucho me temo) tiene más que ver con una impulsiva estrategia empresarial (la bodega ha dejado de estar controlada por un grupo francés para volver a manos españolas) que con una madurada decisión vitivinícola. En cualquier caso, importa subrayar que, según los que saben de esto, de la trepat "se obtienen vinos rosados destacables, de moderada graduación alcohólica, frescos, ligeros y afrutados, de un color rosáceo-frambuesa, limpio y luminoso"; y eso, junto al carbónico y sus azúcares correspondientes, es lo que guarda la botella de este Brut Rosé Reserva, aunque algunos se empeñen en descubrir (de nuevo, sospechosamente) sorprendentes coincidencias.

El citado trío de elmundovino.com aprecia "anís e hinojo en nariz, marcadamente balsámica, con algo de masa de pan". A Bertran también le dan en la napia "sensaciones balsámicas con predominio de notas anisadas y algo de hinojo, suaves levaduras húmedas, recuerdos de panadería". Y a Juan Cuatrecasas, más de lo mismo: "matices balsámicos, levaduras y suaves toques de flores blancas y rojas. Peculiar perfume, que llega muy marcado por conceptos anisados". Por último, la gente de enterwine.com certifica esta asombrosa unanimidad: "alguna sensación floral y toques herbáceos con los matices propios de una crianza de tres años en rima, de donde se adivinan notas de lías finas entre recuerdos de pastelería, algunas fragancias especiadas y delicadas balsámicas anisadas". Visto lo visto, me gustaría saber quién es el gracioso que se atreve a negar el anís, el hinojo, los balsámicos y el pan en la rosada copa de flauta. Desde luego, no seré yo.


Heretat Mas Tinell Brut Rosé Reserva

2008

Trepat

36 meses en botella

12% alcohol

DO Cava

Heretat Mas Tinell, Vilafranca del Penedés, Barcelona, Cataluña, España

24.4.14

El viaje (de ida y vuelta) de Tío Pepe

En 2009, el Ayuntamiento de Madrid indultó cuatro emblemáticos luminosos como excepción que confirmaba la regla fijada por una nueva ordenanza de publicidad exterior que pretendía reducir la contaminación lumínica capitalina. Se salvaron de la quema el anuncio de Schweppes en Callao, el de Firestone en las Escuelas Aguirre, el del BBVA en la Castellana y el más popular de todos, que fue hiperbólicamente defendido por el (entonces) alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón: "El Tío Pepe es a Madrid lo que la Torre Eiffel a París, dado que ambos iconos surgieron sin vocación de permanencia pero se han acabado incorporando al paisaje urbano de ambas capitales".


Dejando a un lado la odiosa comparación (y la relamida grandilocuencia) del retrógrado ministro pepero, lo que parece (in)discutible es que el neón que anunciaba el famoso fino jerezano en la Puerta del Sol se había convertido, cuando menos, en un símbolo de resistencia. Más antigua que el kilómetro cero (1950), el oso y el madroño (1967) o la estatua ecuestre de Carlos III (1994), esta insuperable atalaya había sobrevivido a una guerra (in)civil, a una rancia dictadura y a los antojos de los politicastros de turno. Lo que en un principio fue solo una copa apoyada en la 'G' de González Byass, y más tarde se transformó en una botella vestida con chaquetilla roja y sombrero por obra y gracia de Luis Pérez Solero, parecía ya un elemento inamovible del centro oficioso de nuestra península histérica. Hasta el 18 abril de 2011, cuando fue trasladado a una nave industrial de Alcalá de Henares de la que hace unos días ha vuelto debidamente restaurado, tan solo tres años más tarde de su incomprensible destierro. Mas no ha regresado para ocupar su antiguo emplazamiento sino para encaramarse a las alturas de un edificio vecino, operación para la que han sido necesarias arduas negociaciones y varias campañas sociales y mediáticas.

Pese a todo, los motivos de su retirada (inicial) y de su traslado (definitivo) poco tienen que ver con la lógica de la normativa municipal. La peripecia sufrida por el publicitario elemento se debe, a falta de confirmación oficial, a las leyes no escritas de la competencia globalizadora: de un tiempo a esta parte, corre por los mentideros castizos que la remodelación del hotel París, sobre cuya azotea descansaba hasta hace tres años el luminoso de marras, incluirá definitivamente la apertura en sus bajos de una Apple Store; y cuentan las lenguas de vecindonas que son los celos de la compañía manzanera los responsables del simbólico destierro.

Don dinero, el poderoso caballero glosado por Quevedo, se impuso por un tiempo a la tradición y el (supuesto) deseo popular, pero ahora que la afrenta yanqui está vengada, merced a la aviesa hospitalidad del parné nacional, se vienen escuchando algunas tímidas voces (más ordenancistas que las propias ordenanzas) denunciando la aberración que supone (re)instalar el nuevo rótulo en el centro neurálgico del país. Y, aunque nuestro refranero advierte claramente que a palabras necias deberían corresponderle oídos sordos, no ha faltado quien se ha ofrecido voluntario para dar algunas pistas de por dónde van las cosas en el mundo civilizado: por ejemplo, Víctor de la Serna (juez y parte del tinglado vinícola), argumentando con ejemplos gráficos de "una discreta y austera ciudad protestante, Ginebra" o "una vibrante metrópoli americana, Nueva York", su defensa razonada de que, en pleno siglo XXI, los rótulos luminosos forman parte indisoluble de los paisajes urbanos más cosmopolitas.


Pero quien ha rizando el rizo del cachondeo alrededor del asunto ha sido un competidor directo de Apple, que ha aprovechado el acontecimiento para poner en práctica una nueva especie de parasitismo publicitario: Nokia Spain ha anunciando en las redes sociales su modelo Lumia 1020 tirando de retranca nacionalista: "El Tío Pepe no está en la Gran Manzana", es la frase sobreimpresionada que puede leerse sobre el mítico cartel, haciendo alarde, de paso, de las virtudes ópticas (cámara de 41 megapíxeles) del flamante modelo de teléfono móvil. Visto lo visto, el espectáculo no ha hecho más que comenzar.

1.4.14

Solar de Bécquer Crianza 2010

Cada vez que alguien pide en la taberna un lingotazo de Solar de Bécquer Crianza (que no son pocas), mi mente me teletransporta invariablemente al retrato que esbozó el tapado Valeriano de su ínclito hermano Gustavo Adolfo en 1864, donde este quedó inmortalizado tumbado en medio de un bucólico bosquecillo, haciendo como que leía con la dignidad intacta (sin quitarse el sombrero), en una pose tan artificiosamente romántica como la mayoría de sus versos. Y, cada vez que caigo en la tentación de echarme al cuerpo algunos sorbos del susodicho caldo riojano (que no son muchas), me reafirmo en una añeja sensación: vino, retrato y retratado forman una santísima trinidad cuya ligereza, paradójicamente, siempre se me ha atragantado.


La marca comercial de Bodegas Escudero que toma prestado el apellido del autor de Los Borbones en pelota justifica tal atrevimiento con un rebuscado argumento: resulta que el escritor sevillano pasó una temporada en Fitero (Navarra), durante la cual tomó como inspiración para una de sus populares Leyendas (concretamente El Miserere) el monasterio cisterciense situado en lo alto del monte Yerga; y hete aquí que en uno de las carasoles del místico cerro se asienta Cuesta de la Reina, la finca de donde procede la uva con la que se elabora el vino que nos ocupa; la misma en la que la familia Escudero acumula más de 120 hectáreas de viñedos con una antigüedad cercana al medio siglo que emergen cuasi milagrosamente de sus suelos "arcillo-calcáreos, pobres y con abundantes cantos rodados".

Cuentan los libros de historia vitivinícola que fue el bisabuelo de los actuales responsables, Juan Escudero, quien en vida del propio Bécquer (circa 1852) comenzó a elaborar vinos en rudimentarias cubas de roble en Grávalos (La Rioja), y que fue el nieto de este y, a la sazón, padre de aquellos, Benito, quien impulsó definitivamente la bodega hasta convertirla en lo que es hoy en día, incluyendo por el medio la elaboración de los primeros cavas riojanos, los niños mimados de la casa. Ahora, la cuarta generación de la familia Escudero (Jesús, María Ángeles, Amador y José María) controla, además de la bodega que engrandece el apellido familiar, Valsacro (o Vinscaro; cuando se aclaren ellos, me aclararé yo) en Pradejón (La Rioja) y Logos en Monteagudo (Navarra); o sea, un mediano emporio capaz de producir alrededor de un millón de botellas al año.


Para este Crianza 2010, Solar de Bécquer ha renovado su etiquetado, ganando en limpieza pero dejándose por el camino parte de la (ya de por sí) escasa información que aportaba la retaguardia de su antecesor (2008). Quien pague hoy gustosamente una botella de este bebedizo que (por lo menos) se vende a buen precio, podrá entretenerse canturreando unos versos (mal transcritos, para colmo) de la tercera de las Rimas del omnipresente Gustavo Adolfo, mas no podrá averiguar las variedades con las que se elabora lo que se dispone a catar, ni sus meses de crianza, ni el tipo de barrica donde maduró. Y como la página que su productor aloja en la webesfera está alarmantemente desactualizada, no queda más remedio que confiar en que el patrón de elaboración de su predecesor se repita en esta ocasión. En tal caso, debemos suponer que nos encontramos ante un coupage de tempranillo, mazuelo y garnacha, fermentado en depósitos de acero inoxidable con la levadura autóctona, macerado durante unos diez días y criado en barricas usadas de roble americano durante al menos un año, tiempo en el que se trasiega tres veces antes de ser embotellado y retenido por seis meses hasta su salida al mercado. Esto, o algo que se le debe parecer mucho, es lo que lleva de serie el mínimo desembolso que supone una botella de Solar de Bécquer Crianza.

En cuanto a su valoración por parte de los prescriptores visitantes y locales, la voz española que habla por boca de Robert Parker, es decir, Luis Gutiérrez, lo situó hace unos meses a la altura de los bestsellers que le comen el terreno desde las cabeceras de las grandes superficies comerciales, en esa tierra de nadie que queda tan lejos (y tan cerca) de los 90 puntos. Aunque para que los neófitos en la materia se hagan una idea más completa, yo prefiero echar mano de las opiniones históricas del panel de cata de elmundovino.com: para la añada de 2000, catada en 2005, el fiable triunvirato formado por Juancho Asenjo, Jens Riis y Juan Manuel Ibáñez escribió lo siguiente: "Rubí de intensidad media, menisco teja. Aroma de intensidad correcta, con fruta roja al ataque que da paso a un fondo menos franco con sensaciones de brea. En boca es de cuerpo medio, con acidez correcta, justo de fruta, un punto de humedad y con final corto"; en cambio en 2013, cuando cataron el ejemplar vendimiado en 2008 con Víctor de la Serna ocupando el puesto del gran Ibáñez, fueron mucho más escuetos: "Muy balsámico en nariz, duro y con algún verdor en boca". Y sí, ya sé que ninguna de estas dos notas se refiere al Crianza 2010, pero quedan aquí recogidas, la una detrás de la otra, porque las dos juntitas bien podrían valer para despachar al último de los descendientes bécquerianos con una precisión que difícilmente alcanzarán los diletantes posmodernos que saturan con naderías la reventona blogosfera... mejorando lo presente.


Solar de Bécquer Crianza

2010

Tempranillo, Mazuelo y Garnacha

12 meses en barricas de roble americano

13,5% alcohol

DOCa Rioja

Bodegas B. Escudero, Pradejón, La Rioja, España