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28.5.14

Vaso de Luz 2009

Como recordaba su paisano Juan Cruz con motivo de la presentación de su antología póstuma, el tinerfeño Manuel Padorno fue "uno de los poetas mayores de su generación, la del 50". Pero también fue un pintor que "dibujó esa luz que buscaba, y que encontró", a su regreso a las islas Canarias, "en libros de una pureza luminosa impresionante". 'El vaso de luz' es una de las pinturas que intenta atrapar esa obsesión sobre el lienzo; y es, además, un bellísimo poema antologado en La Guía (1996); y 'Comer y beber luz' es una de las más emocionantes y alucinadas canciones atlánticas publicadas tras su muerte. Y Vaso de Luz es, finalmente, un vino que homenajea todo eso ensamblándolo a su manera.

Pedro Mercado, propietario de Pago los Balancines y rendido admirador del artista, justifica así su gesto: "Vaso de Luz rinde tributo a Manuel Padorno en un intento de devolver mínimamente los innumerables momentos de disfrute artístico que su obra pictórica y poética me han reportado, intento sin duda baldío dado que la profunda huella que su forma de entender el mundo ha ido dejando en mi es difícilmente comparable". En cualquier caso, conviene saber que este sobresaliente caldo viene a sumarse a Salitre, el primero de los 'bootleg wines' (vinos de contrabando) de la bodega extremeña, dedicado al cantautor Quique González en alusión al título de una canción y de un disco que, a su vez, remitían a la madrileña calle en la que residió.


Pago los Balancines es, en realidad, un viñedo de Oliva de Mérida rodeado (naturalmente) de olivos y monte, y situado en alto, entre dos sierras, donde "es mimado por aires del Atlántico en pasillo de encuentro con el Mediterráneo". Sobre el terreno, la propiedad solo dispone de un centro logístico, pero sus vinos son elaborados en la bodega particular de quien es, a la vez, enólogo y socio de la empresa, Fernando Toribio.

The Bootleg Wines, la serie que incorpora el subtítulo 'Rare and Unreleased' (raro e inédito), es una colección que cataloga vinos de altísima calidad, hechuras singulares y edición muy limitada que rinden homenaje a personas del ámbito cultural y, de momento, su puesta en marcha está resultando más que satisfactoria: Salitre fue considerado (oficiosamente) como el mejor monovarietal español de garnacha tintorera de su año y Vaso de Luz ha repetido reconocimiento, esta vez referido a los vinos elaborados con cabernet sauvignon, como atestigua su primer puesto en diferentes guías comerciales (Peñín, La Semana Vitivinícola, Palacio...).

Cuentan sus productores que Vaso de Luz se embotellará únicamente en años excepcionales (de momento, solo la cosecha de 2009) y que su proceso de elaboración fue extremadamente delicado: cuidada selección, transporte nocturno en pequeñas cantidades, depósitos especiales y remontados manuales, para extraer todo lo que la uva fue acumulando durante el año: "su expresión frutal, su color, su estructura". Una vez finalizada la fermentación alcohólica, el líquido elemento fue trasladado a las barricas de roble francés en las que realizó la fermentación maloláctica, donde permaneció durante veinticuatro meses.

La botella que hoy hemos compartido el tabernero y yo no ha dejado mentir a la nota de cata oficial: "Color cereza picota muy intenso. En nariz destaca por su intensidad. Concentrado, sutil, elegante. Roble cremoso, notas varietales, fruta madura y mineral. En boca es complejo, de taninos maduros y persistente". El enólogo Anders Vinding-Diers, que conoce bien esta variedad bordelesa (se educó vitivinícolamente en su terruño originario) y los suelos extremeños (donde ha instalado su bodega, Mirabel) defiende que Vaso de Luz es "un vino que expresa 100% su terroir, elegante, cálido y al mismo tiempo fresco y limpio". Por su parte, José Joaquín Cortés, Nariz de Oro 2012, lo ha definido como "un cabernet muy elegante y armónico, cálido y muy pulido y refinado de taninos en su paso gustativo" y, aparte de redundar en lo más obvio, sostiene que se trata de "una versión muy diferente y original de una cabernet española, con sutileza aromática, justa en potencia, menos aguerrida y tendente al equilibrio gustativo". Para terminar, lo ha llamado "vino con memoria": con eso lo dice todo aunque parezca no decir nada.


Vaso de Luz

2009

Cabernet Sauvignon

24 meses en barrica de roble francés

15% alcohol

DO Ribera del Guadiana

Pago los Balancines, Oliva de Mérida, Badajoz, Extremadura, España

10.5.14

Gladiator 2008

Pretende Viña Santa Marina que su Gladiator "sirva como homenaje al general emeritense Maximus Decimus Meridius, el más reconocido gladiador de la historia cuya leyenda dio origen a la famosa película". Pero la verdad es que esa pretensión da un poquito de vergüenza ajena, teniendo en cuenta que el tal Máximo Décimo Meridio, encarnado por Russell Crowe en el filme de Ridley Scott, jamás existió. Podríamos aceptar, siendo generosos con el beneficio de la duda, que el personaje esté basado en Marcus Nonius Macrinus, hombre de confiaza del emperador Marco Aurelio que ni fue gladiador ni vino al mundo en Augusta Emerita, y, apurando mucho, en Narciso, Espartaco, Cincinato y Máximo de Hispania. Pero poco más. O sea, este supuesto tributo de la bodega extremeña al término municipal en el que crecen sus viñedos (Mérida) evidencia una decisión rayana en el ridículo (tomando al pie de la letra su enunciado), pues incluso el origen emeritense del 'Gladiator' ficticio es producto exclusivo del doblaje a nuestra lengua, ya que el general que defendía que "lo que hacemos en la vida tiene su eco en la eternidad" se declaraba oriundo de Trujillo (Cáceres) en la versión original del larguísimo metraje.


Viña Santa Marina es, por decirlo en términos vitícolas, un pequeño zarcillo nacido del tallo principal de los Alvear de toda la vida, una noble estirpe de bodegueros que brotó en Nájera (La Rioja), antigua capital del Reino de Navarra, pero que echó raíces en Montilla (Córdoba) en el siglo XVIII. El que fuera durante décadas director de la bodega familiar, Álvaro de Alvear, decidió en 1999 emprender una nueva aventura junto a la enóloga Yolanda Piñero, asentándose por la vía del chanchullo (condiciones a medida, precio de ganga) a los pies de la sierra de Lamoneda, donde parece ser que en la época romana ya se elaboraban vinos muy apreciados en el imperio.

En el arranque de lo que antiguamente fue la Vía de la Plata (por seguir con la presunta filiación latina de la casa), se extiende una finca de unas doscientas hectáreas, de las cuales sesenta y una son de viñedo conducido en espaldera y el resto de bosque mediterráneo perfectamente conservado. El suelo que nutre sus viñas es de origen granítico, de estructura arenoarcillosa y de profundidad moderada con zonas de abundante canto que favorecen el drenaje, mientras que el clima que las arropa es típicamente mediterráneo, con inviernos fríos, veranos secos, largos y cálidos, y transiciones abundantes en lluvias.


De entre las variedades plantadas en Viña Santa Marina, sobresalen las tres de origen francés que forman el coupage de Gladiator: syrah (60%), cabernet sauvignon (30%) y petit verdot (10%). Según sus productores, la primera "es una suntuosa uva, para hacer vinos de textura sedosa, especiados, persistentes en la boca. Tiene un buen envejecer, los vinos pasan de plenos, atractivos cuando son jóvenes, a ganar personalidad y sólido carácter con el tiempo"; la segunda es considerada "la reina para la crianza de vinos. Procede de Burdeos, donde es la base de los vinos importantes, y desde allí ha viajado por todo el mundo, gracias a su gran capacidad para adaptarse a diferentes zonas sin perder calidad y carácter"; por último, la tercera es "original del suroeste francés. Con buenas características para vinos vigorosos, de larga vida, de lento envejecimiento, profundo color, aporta tanicidad, acidez, acompleja los aromas".

Mediante el ensamblaje de estas tres variedades, y tras un envejecimiento de doce meses en barricas de roble francés y americano, se obtiene, según la nota de cata personal del advocate Robert Parker, un vino de "color púrpura de capa cubierta" que "ofrece un atractivo bouquet de ahumados, caza, violetas, pimientos, arándanos y moras" y "frutas dulces" en un paladar "redondo, sedoso"; un vino, por consiguiente, "largo y placentero que se beberá bien durante una década". Pero a esa opinión no hay que echarle mucha cuenta: vale lo que costó convencer al gurú de Baltimore de que catara el caldo, con la (in)estimable colaboración de la enóloga emeritense María Isabel Mijares, aprovechando una visita a nuestro país para recibir la Gran Cruz del Mérito Civil.

Sin embargo, mucho más justa con lo que yo he bebido hoy en la taberna me parece la sucinta valoración del equipo de elmundovino.com compuesto por Víctor de la Serna, Juancho Asenjo y Ernestina Velasco: "Algo vegetal, agradable de entrada, cuerpo medio, con un final amargoso y no excesivamente logrado". Ni más ni menos.


Gladiator

2008

Syrah, Cabernet Sauvignon y Petit Verdot

12 meses en barricas de roble francés y americano

13,5% alcohol

Vino de la Tierra de Extremadura

Viña Santa Marina, Mérida, Badajoz, Extremadura, España

15.4.14

Señorío de Badajoz Tinto 2013

Cosecha Extremeña podría definirse, siendo muy benévolos, como una inexperta bodega nacida en 2010 y situada en Fuente del Maestre (Badajoz), en plena Tierra de Barros, en las Vegas Bajas de la Ribera del Guadiana. Sobre los cimientos de un edificio de mediados del siglo pasado se han levantado para acogerla unas instalaciones que (supuestamente) aúnan tradición y modernidad, pero que, en realidad, aún quedan demasiado lejos tanto de la una como de la otra. De momento, lo que los hermanos Moreno Suárez (José Carlos y Fátima) están poniendo en práctica son las lecciones aprendidas desde hace décadas de boca de sus padres, Antonio y Aurelia, que fueron quienes les enseñaron a amar la tierra y sus frutos. Pero, aunque en estos primeros cursos su actividad progresa adecuadamente, sus exámenes no pasan del aprobado raspado.


Los viñedos de Cosecha Extremeña están situados a una altitud media cercana a los trescientos metros, sobre suelos arcillosos-limosos, y gozan de un clima continental ligeramente atlantizado, con veranos largos y castigadores, inviernos benignos y transiciones cortas y suaves entre ellos: unas condiciones inmejorables para las cepas de merlot cultivadas en la finca El Cahoso, con cuyas uvas se elabora el tinto joven que hoy me ha dado a probar el tabernero: un caldo glicérico y lamentablemente desequilibrado al que aún le faltan algunos meses en botella para que sus (limitadas) virtudes luzcan en todo su esplendor.

Se trata de un monovarietal de ascendencia bordelesa y personalidad bellotera en el que la finura intrínseca de la materia prima se ve ampliamente superada por el poderoso carácter del terruño que la alimenta, resultando de esa mezcolanza un vino "carnoso" que, según sus productores, confirma en boca las notas de violeta adelantadas en nariz junto a otros intensos recuerdos a "pimienta negra y naranja amarga"; irrefutable apreciación que se deja notar en la copa pero a la que un contenido alcohólico demasiado juguetón hace la puñeta, impidiendo al bebedor concentrarse en las citadas cualidades.

En consonancia con un vino solo disfrutable por los paladares menos exigentes, el etiquetado de su señorial botella resulta manifiestamente mejorable, aunque incluye una particularidad muy de agradecer para los más cortos (de vista y de lo otro): su información no les supondrá ningún problema, pues puede leerse en español, en inglés y en braille. Algo es algo.


Señorío de Badajoz Tinto

2013

Merlot

14% alcohol

DO Ribera del Guadiana

Cosecha Extremeña, Fuente del Maestre, Badajoz, Extremadura, España

1.3.14

Pagos de Mirabel 2012

Impedido por mi escaso bagaje místico, no estoy en condiciones de afirmar con rotundidad que descorchar una de las doscientas botellas de la limitadísima producción de Pagos de Mirabel alcance la categoría de experiencia religiosa (de eso saben mucho más Enrique Iglesias y los ministros del PP), pero casi. Mi tabernero asegura que, durante el buen rato que ha durado nuestro mano a mano con el ejemplar de muestra de este “tintazo” (Segundo López dixit) cedido generosamente por la bodega, mi aspecto le recordaba al de Rick, el fascinante protagonista de El chico de la trompeta, novela jazzística de Dorothy Baker: “Tenía el tipo de cara nerviosa y tirante del hombre que sabe algo, el tipo de cara que suele acompañar a cualquier tipo de pasión”; el tipo de cara que “suele verse en revolucionarios, maníacos, artistas… En cualquiera que sepa que amará algo, para bien o para mal, hasta el día en que muera”. Y no me atrevería yo a decir tanto, pero algo de eso hay.

Pagos de Mirabel se presenta en sociedad (esta es su primera añada) envuelto en una botella de aspecto singular, robusta pero discreta, de hechuras minimalistas, modelada a partir de elegante vidrio ferrocromado. Al frente del majestuoso recipiente, una estilizada flor de jara despeja cualquier duda acerca de su procedencia: Las Villuercas, comarca situada al sudeste de la provincia de Cáceres; sin embargo, la leyenda (únicamente) en inglés de su retaguardia certifica el carácter universal del vino parido por el cosmopolita Anders Vinding-Diers, un trotamundos de la enología cuya singladura profesional ha hecho escala en los principales puertos del océano vitivinícola. Hijo de Peter, hermano de Hans y primo del ínclito Peter Sissek (todos ellos prestigiosos bodegueros), este sudafricano con pasaporte del mundo se ha asentado en la fértil serranía cacereña para alumbrar, entre otras, esta joya mirabeleña cuyo precio de mercado supera holgadamente el centenar de euros.


Traducido al cristiano, lo que puede leerse en la contraetiqueta de Pagos de Mirabel 2012 viene a ser más o menos lo siguiente: “Está elaborado 100% con las uvas de unas pequeñas viñas de garnacha de 150 años que se encuentran en la Sierra de Montánchez, a 724 metros de altitud y en la Sierra de las Villuercas a 650 metros de altitud. La viña es cuidada y trabajada manualmente y las uvas son recogidas a mano y seleccionadas en la bodega. Este vino ha sido fermentado y madurado durante seis meses en barrica de roble francés”. Y, aunque no se advierta en la información oficial, su proceso de vinificación se llevó a cabo en Tierra de Barros, donde Vinding-Diers se dedicó a “escuchar” su caldo hasta que sonaron las notas que anunciaban que su composición ya estaba lista para enfrentarse a los privilegiados bebedores con parné suficiente como para agenciarse una de sus doscientas dosis.

Pese a todo, hay quien opina (como Michel de Fuentes) que es “una osadía sacar al mercado un vino extremeño con ese precio”. Y no le falta razón al responsable de Medems Catering: al fin y al cabo, la pertinencia de los prejuicios se dirime en casos como el que nos ocupa. En cambio, Segundo López adopta un punto de vista radicalmente opuesto: “Recuerda, salvando las distancias geográficas y de terruño, la excelencia de los mejores y más elegantes tintos de las garnachas aragonesas o del Priorato”. Y nosotros, o sea, el tabernero y yo, con narices mucho más humildes que las citadas, aún andamos debatiendo si Pagos de Mirabel es un vino que vale lo que cuesta. En cualquier caso, hemos llegado a una conclusión: se trata de un vino que vale… y mucho.

Aunque hay afinadísimos expertos, como Raúl Serrano, que han encontrado “chocolate belga en el fondo” de este elixir, por ventura lo que yo he bebido se parece mucho más a la ilustrativa nota de cata pergeñada por Demos Bertran: a la vista, advierte “color rojo algo intenso, ribete rojizo-granatoso, capa media-alta y fina lágrima bien tintada”; en nariz, destaca “buena intensidad con unos aromas iniciales muy peculiares: pan de cereales recién tostado, surgen las notas de fruta roja en compota (grosellas y mucha frambuesa), tostados de la barrica bien domados e integrados en el conjunto, agradables especiados que aportan notable amplitud aromática, suaves mentolados frescos, hierbas del monte frescas (tomillo) y suave fondo de piedra húmeda”; y en boca, describe una “buena entrada con un suave y agradable recorrido, se muestra algo justo pero se disfruta mucho su fruta roja madura, los tostados de la barrica están más marcados que en nariz, especiado, buena acidez, notas balsámicas refrescantes (mentolado), suave sensación de café, buena longitud y persistencia. Final medio-largo, postgusto de fruta roja madura y retronasal ahumado”.

En definitiva, con Pagos de Mirabel nos hallamos ante un vino excepcional; uno de los mejores monovarietales de garnacha embotellados actualmente en nuestro país que, para sorpresa de propios y extraños y orgullo de su creador, presume de “pasaporte extremeño”.


Pagos de Mirabel

2012

Garnacha

6 meses en barrica de roble francés

15% alcohol

Vino de la Tierra de Extremadura

Bodega de Mirabel, Pago de San Clemente, Cáceres, Extremadura, España

14.1.14

Mu 2013

La (pen)última ocurrencia de Fernando Toribio es la puesta en circulación de Mu, un caldo nacido para ocupar con dignidad el nicho de mercado que queda libre entre los vinos de mesa más peleones y los tintos jóvenes para cuya adquisición hace falta largar al menos un billete. El enólogo y propietario de Bodegas Toribio, cuyas creaciones para las etiquetas Viña Puebla y Pago Los Balancines lo han convertido en el bodeguero mejor valorado de Extremadura, busca mantener con su flamante criatura el (altísimo) nivel del resto de su catálogo, guiado por la mirífica intención de que el (bajo) precio de venta al público no suponga, en ningún caso, la más mínima merma en las cualidades del producto final.

De momento, su apuesta ya ha calado entre algunos de los altavoces con más ascendiente de la crítica especializada, lo que ha supuesto, por ejemplo, que Juan Fernández-Cuesta haya incluido a Mu entre los once vinos que dibujan, según él, lo que será el mapa vitivinícola español en 2014. Desde su página semanal en ABC, este hijo del tardofranquismo despachaba hace unos días con un puñado de generalidades el novedoso bebercio extremeño: "Vive envuelto por la honestidad y se comporta fácil en boca, bien hecho, con suficiente equilibrio, vivo". Sea, pero conste en acta que semejante nadería valdría lo mismo para un roto que para un descosido.

Mejor nos dedicamos a ir al grano, en este caso mezcla de tempranillo y de macabeo, y nos dejamos de ambiguos circunloquios. Lo dicho: este vino joven que acabo de estrenar en la taberna está elaborado, al cincuenta por ciento, con uva tinta y uva blanca, lo que le confiere una extraordinaria cualidad: huele a vino blanco pero sabe a vino tinto. La propia bodega define su aspecto como "violeta intenso" y asegura que a la nariz del catador acuden "aromas a frutos rojos y blancos" que aportan intensidad, expresividad y "sensación de frescor"; para el paladar, promete "fruta fresca" y un corolario de epítetos todoterreno perfectamente aplicables a un gran reserva: "Vivo, intenso, gustoso, largo y redondo". A mí, sin embargo, me parece ligero, y entiendo que esa es la mayor virtud de un vino nacido para justificar el devaluado binomio calidad-precio. Como sostiene el ínclito Fernández-Cuesta, "para irse de chateo siempre merecerá la pena".


Mu

2013

Tempranillo y Macabeo

13,5% alcohol

Vino de la Tierra de Extremadura

Bodegas Toribio, Puebla de Sancho Pérez, Badajoz, Extremadura, España

28.12.13

n1 Blanco Macabeo 2012

A los visitantes interesados en conocer el devenir de la flamante bodega extremeña n1 Gourmet, su página web les lanza una solemne advertencia que yo percibo como simple vanagloria genealógica mal acentuada ("Para saber quienes somos, tenemos que saber de donde venimos"), a la que sucede una novelesca retahía (corta)pegada de otro alojamiento digital doméstico:
"Desde su infancia, Thomas Reynolds se sintió atraído por el mar y soñaba con viajar en los grandes navíos de guerra que veía con frecuencia en el puerto de Farleigh. En dicho puerto, sus padres tenían un comercio para suministrar víveres y vino de Oporto a la Armada Británica. Thomas Reynolds continuó con el comercio familiar, llegando a desarrollar un importante negocio con la venta de efectos navales a los barcos de la Armada Británica, destacando la venta de vino de Oporto, que importaban directamente de una bodega portuguesa a partir de 1820. En 1825, la familia Reynolds-Hunter viajó a Portugal, para establecerse en Oporto, donde fundaron una Compañía de vinos llamada 'Thomas Reynolds & Company Ltd.' A partir de entonces utilizaron sus propios almacenes de Oporto para enviar el apreciado vino, y otros productos a su comercio de Londres. Thomas y sus hermanos Robert y William comenzaron a comerciar con el corcho, y a viajar hacia el sur de Portugal, buscando tapones para las botellas, y del Alentejo portugués pasaron a España. Esta filosofía de vida y trabajo en torno al vino se fue extendiendo a lo largo de los años, heredándose de generación en generación y convirtiéndose en una referencia en la zona del Alentejo portugués para ampliarse posteriormente a tierras españolas".

Aunque no encuentro la conexión por ningún rincón de la web, supongo que los jóvenes emprendedores que ahora han resucitado la pasión vitivinícola de la familia son descendientes de los Reynolds de toda la vida; al menos, de aquella rama que se asentó en Portugal antes de establecerse definitivamente en España, donde hoy han elegido la extremeña Tierra de Barros para seleccionar la uva con la que producir unos caldos modernos pero impersonales que lo fían (casi) todo al mercado exterior: su "punto de mira" está orientado a países como EEUU, Canadá, Brasil, Rusia, China, Japón o Corea del Sur, según confiesan ellos mismos. Y parece lógico que así sea, pues se me antoja que les va a costar mucho llegar a ser profetas en su tierra (de adopción, se entiende), ya que sus creaciones adolecen de todos y cada uno de los males que aquejan a los vinos parejos producidos en su área de influencia.


Hoy he catado en la taberna su Blanco Macabeo, un aguachirle cuasi incoloro y lamentablemente insípido que el departamento de mercadotecnia de la bodega malvende como un "vino muy pálido de color amarillo pajizo con tonalidades verdosas", aunque desafío a cualquiera que se someta al mal trago de echárselo para el cuerpo a descubrir en él esos matices. Igualmente exagerado parece el juicio olfativo de la ficha de cata corporativa: "Tiene una nariz potente, con aromas frutales donde podemos destacar manzanas maduras con toques de piña", nos dicen, y, aunque no merece la pena picotear en el mercado frutícola para dar con los aromas que desprende este blanco joven, créeme si te digo que la potencia nasal referida no se desprende del caldo por más vueltas que se le den a la copa. Mas lo hasta ahora relatado resulta insignificante comparado con lo que se nos cuenta acerca de su tránsito bucal: "Bien estructurado en boca presenta una acidez bien integrada que le da frescura. Es untuoso y largo, quedando al final un recuerdo frutal muy agradable"; todo lo cual es una auténtica tomadura de pelo, pues se trata de un vino sin estructura, ligero, corto e intrascendente, que será tan fresco como lo permita el refrigerador que sufra su presencia, pero no más.

Desde la casa madre se nos aconseja maridar el engendro con "pescados, mariscos, embutidos y verduras", aunque lo verdaderamente recomendable sería acompañar esas viandas con cualquier otro vino digno de ser así llamado. De hecho, si me invitaran de nuevo a beber este n1 Blanco Macabeo, lo rechazaría con la misma serenidad que Bartleby, el escribiente de Melville, daba largas a los requerimientos de su patrón: "Preferiría no hacerlo".


n1 Blanco Macabeo

2012

Macabeo

12% alcohol

DO Ribera del Guadiana

Bodegas N1 Gourmet, Badajoz, Extremadura, España