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15.4.14

Señorío de Badajoz Tinto 2013

Cosecha Extremeña podría definirse, siendo muy benévolos, como una inexperta bodega nacida en 2010 y situada en Fuente del Maestre (Badajoz), en plena Tierra de Barros, en las Vegas Bajas de la Ribera del Guadiana. Sobre los cimientos de un edificio de mediados del siglo pasado se han levantado para acogerla unas instalaciones que (supuestamente) aúnan tradición y modernidad, pero que, en realidad, aún quedan demasiado lejos tanto de la una como de la otra. De momento, lo que los hermanos Moreno Suárez (José Carlos y Fátima) están poniendo en práctica son las lecciones aprendidas desde hace décadas de boca de sus padres, Antonio y Aurelia, que fueron quienes les enseñaron a amar la tierra y sus frutos. Pero, aunque en estos primeros cursos su actividad progresa adecuadamente, sus exámenes no pasan del aprobado raspado.


Los viñedos de Cosecha Extremeña están situados a una altitud media cercana a los trescientos metros, sobre suelos arcillosos-limosos, y gozan de un clima continental ligeramente atlantizado, con veranos largos y castigadores, inviernos benignos y transiciones cortas y suaves entre ellos: unas condiciones inmejorables para las cepas de merlot cultivadas en la finca El Cahoso, con cuyas uvas se elabora el tinto joven que hoy me ha dado a probar el tabernero: un caldo glicérico y lamentablemente desequilibrado al que aún le faltan algunos meses en botella para que sus (limitadas) virtudes luzcan en todo su esplendor.

Se trata de un monovarietal de ascendencia bordelesa y personalidad bellotera en el que la finura intrínseca de la materia prima se ve ampliamente superada por el poderoso carácter del terruño que la alimenta, resultando de esa mezcolanza un vino "carnoso" que, según sus productores, confirma en boca las notas de violeta adelantadas en nariz junto a otros intensos recuerdos a "pimienta negra y naranja amarga"; irrefutable apreciación que se deja notar en la copa pero a la que un contenido alcohólico demasiado juguetón hace la puñeta, impidiendo al bebedor concentrarse en las citadas cualidades.

En consonancia con un vino solo disfrutable por los paladares menos exigentes, el etiquetado de su señorial botella resulta manifiestamente mejorable, aunque incluye una particularidad muy de agradecer para los más cortos (de vista y de lo otro): su información no les supondrá ningún problema, pues puede leerse en español, en inglés y en braille. Algo es algo.


Señorío de Badajoz Tinto

2013

Merlot

14% alcohol

DO Ribera del Guadiana

Cosecha Extremeña, Fuente del Maestre, Badajoz, Extremadura, España

11.4.14

Nestares Rincón In 3.0 2009

Si Federico la llamó "país de ninguna parte", por algo sería. García Lorca confesó su admiración por La Alpujarra en una fraternal misiva fechada en 1926, tras una breve estancia en esa fascinante sucesión de valles y barrancos que une y separa Sierra Nevada y el mar Mediterráneo: "Yo no he visto una cosa más misteriosa y exótica. Parece mentira que esté en Europa". Por aquel entonces, las viñas ya dominaban los incomparables miradores de una región en la que la familia Nestares Rincón se ha propuesto ahora perpetuar el prestigio de sus personalísimos caldos, determinados por una altitud cercana a los 1.400 metros sobre el nivel del mar y por la templada brisa marina que los envuelve.


La finca Juan de Reyes, que los flamantes bodegueros gestionan en la sierra de la Contraviesa, se ha convertido en los últimos años en el principal baluarte de la viticultura de la zona, gracias, entre otras cosas, a la creación del Centro Temático del Vino Alpujárride, un complejo que supera con mucho el mero concepto de bodega. Respecto a lo que aquí nos importa, de las cuarenta y dos hectáreas que abarca la finca, veinticuatro están pobladas por almendros, nueve por bosque mediterráneo y el resto por viñedos; concretamente, por viñedos que se cuentan entre los más altos de Europa, una particularidad inesquivable a la hora de valorar la singularidad de los vinos allí producidos, certificados por la Denominación de Origen Protegida Vinos de Calidad de Granada aunque la botella que me traigo entre manos no dé noticia de ello.

El ejemplar con el que el tabernero ha reincidido hoy ha sido In 3.0, perteneciente a la añada 2009, para más señas: un vino de cibernético nombre y etiquetado modernérrimo que, según el responsable de la empresa anunciadora, está hecho al gusto de los consumidores actuales; lo que, traducido al lenguaje bebercial, significa equilibrio fruta-madera, ataque agradable y daño justo. Para llevar a cabo tan encomiable propósito se realiza un coupage con las variedades tempranillo, syrah y merlot que, posteriormente, es sometido a una crianza de doce meses en barricas de roble francés (80%) y americano (20%).

La escueta nota de cata oficial retrata un caldo "rojo cereza picota con capa alta, borde granate, fruta roja, madura con notas a cacao, sabroso, potente y glicérico". Y poco se puede reprochar a una aproximación tan comedida. Pero en esta ocasión, más interesante que la propia descripción del producto resulta la recomendación de consumo que puede leerse en un colgajo amarrado al cuello de la botella con un lazito rosa: "Para conseguir expresar sus propiedades aromáticas, estructura, cuerpo, equilibrio y persistencia en boca se recomienda, debido a su poca filtración, verter lentamente en un decantador sin apurar la botella, antes de servir"; un mensaje que se complementa desde la web de la bodega con otra redundante e infantiloide apreciación: "Es muy interesante comprobar que cuando está en la copa, evoluciona y cambia sus aromas y sabores haciéndolo muy interesante y divertido a la vez".

Debo aclarar que habitualmente las sugerencias de consumo me parecen innecesarias, por tópicas, por ridículas o por ambas cosas a la vez. Sin embargo, en el caso de In 3.0 las advertencias no están de más, si obviamos algunos excesos verbales propios de colegiales. Mi experiencia personal (e intransferible) con este vino certifica que algo de cierto hay en la propuesta del productor. Lo probé hace meses, de una botella recién abierta y sin darle tiempo a expresarse. Resultado: indiferencia. Lo he vuelto a catar ahora, reposadamente, permitiendo que sus excelencias hicieran acto de presencia. Resultado: alta aprobación. Teniendo en cuenta, además, que se trata de un caldo que ya lleva un (considerable) tiempo en botella, la conclusión hay que buscarla entre dos opciones no necesariamente excluyentes: el vino ha mejorado con el tiempo y/o el que ha progresado he sido yo. Aunque esto último se me antoja harto improbable.


Nestares Rincón In 3.0

2009

Tempranillo, Syrah y Merlot

12 meses en barrica de roble francés y americano

14,5% alcohol

VC Granada

Nestares Rincón, Torvizcón, Granada, Andalucía, España

21.1.14

Penta 2009, 2010 y 2011

El tabernero me ha propuesto hoy llevar a cabo una (mini)cata vertical (ya sabes, buscar las siete diferencias entre distintas añadas de una misma referencia) como lúdico desengrase de la rutina diaria; y yo, que huyo del aburrimiento como de la peste, me he dejado hacer. La (a priori) excitante propuesta consistía en dar cuenta de sendas muestras de Penta, correspondientes a las añadas de 2009, 2010 y 2011, pero su desarrollo ha resultado (mucho) menos provechoso de lo esperado, principalmente por culpa de la nula personalidad de un vino excesivamente encorsetado por su diseño conceptual: el artificio se hace llamar así, Penta (elemento compositivo, del griego 'πεντα-'), porque está integrado por un coupage de cinco variedades de uva; porque su crianza en barrica de roble gabacho alcanza los cinco meses; y porque, rizando el rizo de la gilipolluá, pretende estimular los cinco sentidos. Total, mi gozo en un pozo: ni el vino ni el jueguecito de marras me han hecho tilín.


Por lo que respecta al caldo, lo justo sería adelantar que se trata de un mero soldado raso dentro del nutrido ejército de etiquetas con el que combate Pago del Vicario, una bodega con cuartel general en Ciudad Real (junto a la ribera del río Guadiana, en las primeras estribaciones de los Montes de Toledo) y comandancias en la Alpujarra almeriense y El Bierzo leonés. Las variedades empleadas para la consecución de Penta, procedentes de vendimias nocturnas y con vinificaciones individualizadas parcela a parcela, solo son agrupadas en la fase final de su proceso de elaboración; y esta circunstancia, sumada a la heterogeneidad de los suelos de las veintinueve parcelas en las que se divide el pago, se convierte en la principal causa de su indefinido carácter. Así las cosas, el hecho de que en la añada 2011 cabernet sauvignon y syrah fueran sustituidas por garnacha tinta y graciano no supuso la más mínima ventaja para un coupage que, siquiera por eso, debería haber superado sus primigenias hechuras bordelesas, ganando en españolidad y potencia.

Muy al contrario, este proyecto dirigido por la saturniense Susana López Mendiondo peca de impersonalidad precisamente en aquellos aspectos que deberían conformar sus señas de identidad, lo cual evidencia que, si alguna semilla dejó Peter Sissek en la responsable enológica de Pago del Vicario durante su matrimonio de conveniencia en Clos d'Agón, desde luego no es este Penta la criatura en la que se hace notar. Sirva como muestra un botón: desde la web oficial de la bodega se habla de un vino "muy frutal" en boca, "con notas de menta y cacao (aftereight)", "recordando mousse de fresa y nata". O sea, menta y cacao y fresa y nata; demasiado postre para tan poco alimento; el ser y la nada, que diría Sartre.

En cuanto a mi humilde experimento tabernario, la batalla la ha ganado de largo el 2009, cuyo periodo de guarda en botella ha multiplicado las (escasas) excelencias de su paso por barrica, una eventualidad que ha permitido que las especias de la madera compensen la vaguedad de semejante ensalada de frutas. Algo que aún no se ha producido en el caso del 2010, que de propina ofrece un ataque en nariz ligeramente desagradable, ni en el del 2011, al que unos meses más de reposo le sentarán de escándalo.


Penta

2009, 2010 y 2011

Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Syrah, Merlot y Petit Verdot (2009 y 2010)

Tempranillo, Garnacha tinta, Graciano, Merlot y Petit Verdot (2011)

5 meses en barricas de roble francés

14,5% alcohol

Vino de la Tierra de Castilla

Pago del Vicario, Ciudad Real, Castilla La Mancha, España