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21.5.14

Abadía Retuerta Selección Especial 2009

Abadía Retuerta Selección Especial de 2001 fue distinguido en el International Wine Challenge celebrado en Londres en 2005 como el mejor tinto del mundo, y ese reconocimiento, que sus sucesores llevan a gala desde entonces como elemento estructural de su etiquetado, contribuyó sobremanera a situar en el mapamundi de la enología a la bodega sardonera, fundada en 1996 por la multinacional farmacéutica Novartis. Con un monasterio premostratense como epicentro, hoy reconvertido en el lujoso complejo enoturístico Le Domaine, la finca sobre la que se asienta la bodega perteneció a una sociedad de agricultores a los que Sandoz surtía de productos de sanidad animal. Eso fue hasta 1990, cuando la compañía química suiza se resarció de los impagos de sus propietarios agenciándose el latifundio, situado en plena 'milla de oro' de la Ribera del Duero. Unos años más tarde, tras la fusión de Sandoz y Ciba-Geigy para crear el gigante Novartis, Abadía Retuerta pasó a convertirse en la niña mimada del todopoderoso (y polémico) conglomerado biotecnológico.


Cuentan que durante la Reconquista, con el fin de asentar el cristianismo en tierras castellanas, el Conde de Castilla mandó edificar una red de conventos-fortaleza y que, como consecuencia de esto, en el año 1146 se construyó el monasterio de Nuestra Señora Santa María de Retuerta, fundado por Sancho Ansúrez. Y cuentan también que a los monjes de la orden de San Norberto les fue concedido terras et vineas, y que el segundo abad trajo desde Borgoña las primeras cepas de variedades francesas que fueron plantadas en dicho lugar y que hoy, convenientemente replantadas, ocupan poco más de doscientas hectáreas de las setecientas por las que se extiende una finca completada por monte y bosque repoblados con variedades autóctonas.

Situada en la margen izquierda del Duero, donde abunda el sol y escasea la lluvia, Abadía Retuerta sufre inviernos fríos y veranos ardientes, con grandes variaciones de temperatura entre el día y la noche. La cuenca del río, donde crecen sus vides, es producto de miles de años de erosión, aluviones, sedimentaciones y cambios en la composición del suelo, lo que ha dado origen a un terroir de gran diversidad donde varía la textura, la proporción de minerales y el agua que absorbe o retiene cada parcela de la finca. La filosofía de trabajo del equipo asesorado por Pascal Delbeck, bajo la dirección enológica de Ángel Anocíbar, radica en la vinificación por pagos. El suelo de cada una de sus cincuenta y cuatro parcelas tiene una composición diferente: arcillas a la orilla del río, guijarros y arenas a lo largo de la ladera, grava en las capas inferiores, caliza en las alturas... Por tanto, cada pago acoge una única variedad de uvas. Los viñedos se esparcen por las laderas de orientación norte, trepando desde la orilla hasta alturas que alcanzan los 850 metros, y esa diferencia de nivel, combinada con los distintos tipos de suelo, produce notables variaciones en el rendimiento de cada pago. En bodega, Abadía Retuerta destaca por el uso de la gravedad en todos los procesos de elaboración y por una sala de barricas enterrada bajo la ladera del monte que facilita de forma natural el control de la temperatura.

Tras un invierno bastante gélido y uno de los veranos más secos y calurosos de los últimos años, que pusieron a prueba la capacidad de reacción de sus responsables, Abadía Retuerta considera 2009 como la mejor añada de su historia particular. Su Selección Especial "de las mejores uvas de todas las parcelas" reparte su peso varietal al 75% en tempranillo, al 15% en cabernet sauvignon y al 10% en syrah, un coupage que fue envejecido durante casi año y medio en un total de 1.860 barricas de roble francés y americano que dieron de sí para llenar 550.000 botellas y 5.000 mágnum.


Víctor de la Serna, Jens Riis y Luis Gutiérrez, que fueron de los primeros en catarlo para elmundovino.com, ya advirtieron de su "perfil comercial", aunque no supieron a qué carta quedarse: "En la boca nos gusta más, está bien elaborado, con buena materia, pero con el exceso de roble. No necesitaba tanto baño". En cambio, la Guía Peñin 2013 se mostró mucho más generosa con los paganinis suizos: "Color cereza brillante. Aroma especias dulces, roble cremoso, expresivo, fruta roja, fruta madura, equilibrado, mineral. Boca sabroso, frutoso, tostado, taninos maduros, largo".

En Vila Viniteca, como es costumbre de la casa, lo que importa es el vino: "De color rojo granate intenso. En nariz es perfumado, con recuerdos de pimentón rojo, fruta roja y negra (cerezas, moras y fresas) y las especias marcadas que aporta la barrica (nuez moscada) así como chocolate y regaliz. Final ahumado y balsámico. En la boca tiene un tacto sedoso, y una textura rellena. Buena armonía y volumen, con taninos sedosos y redondos. Largo, placentero y persistente. Recuerdos finales de canela en polvo". Por su parte, Antonio Jesús Pérez Reina se las ingenia para batir un récord al alcance de muy pocos: consigue no decir nada en dos párrafos que son puro desperdicio y que cito aquí de corrido para que consten en acta: "Un vino lleno de color, por sus matices en nariz y en boca, su juventud es su mayor virtud, la integración con la crianza y la evolución en botella sus mejores exponentes. Aromas especiados arropa a la fruta roja que se muestra en una muy buena añada por su frescura e intensidad. Un vino muy fiable año tras año, que recrea ricas sensaciones en boca que expresan terruño, bonita complejidad porque se muestra poco a poco en la copa, nos va enseñando los matices que encierra. Sus taninos son finos y maduros y evolucionando. Un vino que se ha convertido en un valor seguro".

Pero la nota de cata que más me sorprende es la que viene firmada por Demos Bertran. Sus dos aproximaciones al Selección Especial 2009, separadas por un año de diferencia, se cierran destacando su "final largo", en lo que parece ser una opinión más o menos generalizada que no se corresponde en absoluto con lo que yo he experimentado esta tarde en la taberna, donde me he pimplado una botella a medias con la propiedad. El tabernero y un servidor hemos convenido en que se trata de un vino, como anuncian sus elaboradores, de "firme paso de boca, fresco, sabroso y equilibrado" pero en ningún caso "persistente y largo". Para nuestra sorpresa, este Abadía Retuerta incumple eso que distingue a un caldo correcto de uno excepcional. Es tan deliciosamente ingrato, que se va del paladar sin despedirse.


Abadía Retuerta Selección Especial

2009

Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Syrah

16 meses en barricas de roble francés y americano

14% alcohol

Vino de la Tierra de Castilla y León

Abadía Retuerta, Sardón de Duero, Valladolid, Castilla y León, España

7.5.14

Heretat Mas Tinell Brut Rosé Reserva 2008

Un reciente informe publicado por Global Wine & Spirits barrunta un importante crecimiento de las ventas de espumosos y rosados en los Estados Unidos de América para los próximos años (el doble de lo previsto para el vino en su conjunto) y, aunque en España viajamos aún a remolque de las modas cosmopolitas, lo cierto es que esa tendencia también empieza a dejarse ver entre nosotros. El consumo de vinos espumosos ya no se circunscribe exclusivamente al periodo navideño y el rosado va arañando cuota de mercado poquito a poco, no solo entre el público joven y/o femenino, como sostiene el tópico. Mas, ¿qué pasa con los rosé, esos espumosos rosados que irrumpieron en el circuito doméstico como glamurosos (sub)productos de andar por casa pero que se han hecho un hueco en los corazoncitos de los bebedores más exigentes?

Pues resulta que de todo hay, tanto en la viña del señor como en las viñas del cava y sus sucedáneos, donde se cultivan, entre otras, las cepas de trepat que sirven de materia prima al Brut Rosé Reserva con el que el tabernero ha aplacado hoy mis calores vespertinos, provocados por esta primavera cuasi veraniega que estamos atravesando. El más moderno de los espumosos elaborados en la Heretat Mas Tinell se ha mostrado, desde su nacimiento, como un más que digno representante de esa variante, todavía no demasiado extendida aunque sí crecientemente demandada, que representan los cavas rosados.


Los catadores de postín no manifiestan demasiado entusiasmo por este rosé, pero sí han coincidido (yo diría que sospechosamente) al destacar sus principales vicios y virtudes: "Sabroso, pero sin gran complejidad. Interesante por su originalidad" (Víctor de la Serna, Juancho Asenjo y Ernestina Velasco, elmundovino.com); "Sin mucha complejidad pero original en su resultado" (Demos Bertran, elvi.net). Así que hay algo que parece obvio: a falta de complejidad, en este caso se valora la originalidad. ¿Por qué?

Porque hablamos de una rara avis: 1) un cava monovarietal elaborado con trepat, la uva autóctona de la Conca de Barberá, principalmente destinada a producir vinos rosados (aporta poco color) y, en menor medida, tintos, que en el Penedés se emplea para colorear los rosé; 2) un brut reserva, lo que significa (oficialmente) que su contenido en azúcares no supera los doce gramos por litro y que su crianza en botella puede variar entre los quince y los treinta meses aunque, en este caso, sus poco menos de seis gramos de azúcar por litro y sus treinta y seis meses de estancia en rima lo aproximan (extraoficialmente) a un extra brut gran reserva; y 3) un gran cuvée, francesada adoptada de las clasificaciones achampanadas que aquí alude, más que a la procedencia de distintos vinos o distintas añadas, a la cuidadosa selección de sus mostos.

Por tanto, el mayor mérito que cabe atribuirle a la Heretat Mas Tinell sobre el particular es la decidida apuesta por una variedad autóctona, algo que (mucho me temo) tiene más que ver con una impulsiva estrategia empresarial (la bodega ha dejado de estar controlada por un grupo francés para volver a manos españolas) que con una madurada decisión vitivinícola. En cualquier caso, importa subrayar que, según los que saben de esto, de la trepat "se obtienen vinos rosados destacables, de moderada graduación alcohólica, frescos, ligeros y afrutados, de un color rosáceo-frambuesa, limpio y luminoso"; y eso, junto al carbónico y sus azúcares correspondientes, es lo que guarda la botella de este Brut Rosé Reserva, aunque algunos se empeñen en descubrir (de nuevo, sospechosamente) sorprendentes coincidencias.

El citado trío de elmundovino.com aprecia "anís e hinojo en nariz, marcadamente balsámica, con algo de masa de pan". A Bertran también le dan en la napia "sensaciones balsámicas con predominio de notas anisadas y algo de hinojo, suaves levaduras húmedas, recuerdos de panadería". Y a Juan Cuatrecasas, más de lo mismo: "matices balsámicos, levaduras y suaves toques de flores blancas y rojas. Peculiar perfume, que llega muy marcado por conceptos anisados". Por último, la gente de enterwine.com certifica esta asombrosa unanimidad: "alguna sensación floral y toques herbáceos con los matices propios de una crianza de tres años en rima, de donde se adivinan notas de lías finas entre recuerdos de pastelería, algunas fragancias especiadas y delicadas balsámicas anisadas". Visto lo visto, me gustaría saber quién es el gracioso que se atreve a negar el anís, el hinojo, los balsámicos y el pan en la rosada copa de flauta. Desde luego, no seré yo.


Heretat Mas Tinell Brut Rosé Reserva

2008

Trepat

36 meses en botella

12% alcohol

DO Cava

Heretat Mas Tinell, Vilafranca del Penedés, Barcelona, Cataluña, España

1.3.14

Pagos de Mirabel 2012

Impedido por mi escaso bagaje místico, no estoy en condiciones de afirmar con rotundidad que descorchar una de las doscientas botellas de la limitadísima producción de Pagos de Mirabel alcance la categoría de experiencia religiosa (de eso saben mucho más Enrique Iglesias y los ministros del PP), pero casi. Mi tabernero asegura que, durante el buen rato que ha durado nuestro mano a mano con el ejemplar de muestra de este “tintazo” (Segundo López dixit) cedido generosamente por la bodega, mi aspecto le recordaba al de Rick, el fascinante protagonista de El chico de la trompeta, novela jazzística de Dorothy Baker: “Tenía el tipo de cara nerviosa y tirante del hombre que sabe algo, el tipo de cara que suele acompañar a cualquier tipo de pasión”; el tipo de cara que “suele verse en revolucionarios, maníacos, artistas… En cualquiera que sepa que amará algo, para bien o para mal, hasta el día en que muera”. Y no me atrevería yo a decir tanto, pero algo de eso hay.

Pagos de Mirabel se presenta en sociedad (esta es su primera añada) envuelto en una botella de aspecto singular, robusta pero discreta, de hechuras minimalistas, modelada a partir de elegante vidrio ferrocromado. Al frente del majestuoso recipiente, una estilizada flor de jara despeja cualquier duda acerca de su procedencia: Las Villuercas, comarca situada al sudeste de la provincia de Cáceres; sin embargo, la leyenda (únicamente) en inglés de su retaguardia certifica el carácter universal del vino parido por el cosmopolita Anders Vinding-Diers, un trotamundos de la enología cuya singladura profesional ha hecho escala en los principales puertos del océano vitivinícola. Hijo de Peter, hermano de Hans y primo del ínclito Peter Sissek (todos ellos prestigiosos bodegueros), este sudafricano con pasaporte del mundo se ha asentado en la fértil serranía cacereña para alumbrar, entre otras, esta joya mirabeleña cuyo precio de mercado supera holgadamente el centenar de euros.


Traducido al cristiano, lo que puede leerse en la contraetiqueta de Pagos de Mirabel 2012 viene a ser más o menos lo siguiente: “Está elaborado 100% con las uvas de unas pequeñas viñas de garnacha de 150 años que se encuentran en la Sierra de Montánchez, a 724 metros de altitud y en la Sierra de las Villuercas a 650 metros de altitud. La viña es cuidada y trabajada manualmente y las uvas son recogidas a mano y seleccionadas en la bodega. Este vino ha sido fermentado y madurado durante seis meses en barrica de roble francés”. Y, aunque no se advierta en la información oficial, su proceso de vinificación se llevó a cabo en Tierra de Barros, donde Vinding-Diers se dedicó a “escuchar” su caldo hasta que sonaron las notas que anunciaban que su composición ya estaba lista para enfrentarse a los privilegiados bebedores con parné suficiente como para agenciarse una de sus doscientas dosis.

Pese a todo, hay quien opina (como Michel de Fuentes) que es “una osadía sacar al mercado un vino extremeño con ese precio”. Y no le falta razón al responsable de Medems Catering: al fin y al cabo, la pertinencia de los prejuicios se dirime en casos como el que nos ocupa. En cambio, Segundo López adopta un punto de vista radicalmente opuesto: “Recuerda, salvando las distancias geográficas y de terruño, la excelencia de los mejores y más elegantes tintos de las garnachas aragonesas o del Priorato”. Y nosotros, o sea, el tabernero y yo, con narices mucho más humildes que las citadas, aún andamos debatiendo si Pagos de Mirabel es un vino que vale lo que cuesta. En cualquier caso, hemos llegado a una conclusión: se trata de un vino que vale… y mucho.

Aunque hay afinadísimos expertos, como Raúl Serrano, que han encontrado “chocolate belga en el fondo” de este elixir, por ventura lo que yo he bebido se parece mucho más a la ilustrativa nota de cata pergeñada por Demos Bertran: a la vista, advierte “color rojo algo intenso, ribete rojizo-granatoso, capa media-alta y fina lágrima bien tintada”; en nariz, destaca “buena intensidad con unos aromas iniciales muy peculiares: pan de cereales recién tostado, surgen las notas de fruta roja en compota (grosellas y mucha frambuesa), tostados de la barrica bien domados e integrados en el conjunto, agradables especiados que aportan notable amplitud aromática, suaves mentolados frescos, hierbas del monte frescas (tomillo) y suave fondo de piedra húmeda”; y en boca, describe una “buena entrada con un suave y agradable recorrido, se muestra algo justo pero se disfruta mucho su fruta roja madura, los tostados de la barrica están más marcados que en nariz, especiado, buena acidez, notas balsámicas refrescantes (mentolado), suave sensación de café, buena longitud y persistencia. Final medio-largo, postgusto de fruta roja madura y retronasal ahumado”.

En definitiva, con Pagos de Mirabel nos hallamos ante un vino excepcional; uno de los mejores monovarietales de garnacha embotellados actualmente en nuestro país que, para sorpresa de propios y extraños y orgullo de su creador, presume de “pasaporte extremeño”.


Pagos de Mirabel

2012

Garnacha

6 meses en barrica de roble francés

15% alcohol

Vino de la Tierra de Extremadura

Bodega de Mirabel, Pago de San Clemente, Cáceres, Extremadura, España