26.4.14

Las enemistades peligrosas

Choderlos de Laclos incluyó en su turbadora novela Las amistades peligrosas un proverbio que dos siglos más tarde sigue haciendo fortuna: "La venganza es un plato que se sirve frío". Mas, después de contemplar anonadado en el televisor de la taberna la segunda parte de una trepidante campaña publicitaria de Pepsi Max, se me ocurre que habría que modificar ligeramente el adagio: 'La venganza es un plato que se sirve a mil por hora'.


Sucede que, en marzo de 2013, la compañía norteamericana de refrescos lanzó a través de su canal de YouTube una campaña de márquetin viral en forma de cortometraje. En dicha (mini) road movie, el piloto profesional Jeff Gordon, actual líder de las Sprint Cup Series de la NASCAR, se hace pasar (convenientemente caracterizado) por un inexperto conductor que ambiciona adquirir un Chevrolet Camaro, pese a barruntar que se trata de mucho coche para él. Para demostrarle lo injustificado de sus prejuicios, el vendedor de un concesionario de Carolina del Norte le ofrece probarlo, sin sospechar ni remotamente la que se le viene encima. El 'Test drive' derivado de la inconsciente oferta se convierte en una implacable lección de conducción temeraria durante la cual las gónadas del vendedor van aupándose al ritmo del acelerador hasta situarse a la altura donde se anuda la corbata, mientras el sufridor pasivo se agarra como puede a la esperanza de que la broma termine bien.


Sucede además que, tras el visionado de la peliculita en cuestión, el bloguero Travis Okulski denunció desde su tribuna en Jalopnik (un popular sitio digital dedicado a las cosas de la velocidad) la falsedad del espurio experimento, poniendo en duda incluso la participación del propio Gordon como peligro andante. Pero la cosa no quedó ahí. Un año más tarde, los presuntos implicados se propusieron desfacer el entuerto y, tras ocho meses de preparación, rodaron una secuela del 'Test drive' original. Esta vez, Jeff Gordon se disfrazó de taxista exconvicto y su víctima fue el propio Okulski, quien se convirtió por unos minutos en el (in)voluntario pasajero de un descenso a los infiernos de la velocidad tras el que no tuvo más remedio que reconocer la veracidad de las bromas ejecutadas al alimón por Pepsi y el genial piloto. La infamia, por tanto, quedó debidamente vengada y la refrescante multinacional volvió a demostrar su acierto con las campañas virales, algo que había logrado anteriormente con la trilogía protagonizada por el Tío Drew.

25.4.14

Infiltrado 2013

La Hacienda del Carche ocupa un centenar de hectáreas de viñedos y olivares en Jumilla (Murcia) y combina umbría y regadío con secano. Fundada en 2006 por varias familias de larga tradición vinícola y emparentada actualmente con Casa de la Ermita bajo el amparo del "otro García Carrión" (Juan Vicente), sobre sus suelos pardos y calizos comparten protagonismo variedades autóctonas y foráneas así como cepas viejas y otras (mucho) más jóvenes, plantadas en el momento de su creación, lo que posibilita un considerable equilibrio a sus caldos. Situada a una altitud media de 550 metros sobre el nivel del mar, su clima es seco y soleado, continental aunque con una notable influencia mediterránea.

El último niño mimado de la Hacienda es Infiltrado, un vino recién parido en cuyo pintoresco continente confluyen (casi) todas las tonterías ofertadas hoy en día por el posmoderno mercado vinícola: botella estrafalaria, etiquetado heterodoxo, infografía para dummies, superfluas advertencias textuales... El colmo de la gilipolluá, o sea. Pero vayamos por partes.


Infiltrado se pasea por el mundo (y para más inri por mi taberna favorita) luciendo llamativas trazas, enfundado en un traje de hombros desparejos que se hace llamar botella Abellán en honor a su inventor, al que me gusta imaginar un tanto avergonzado a la hora de redactar las (presuntas) virtudes de su artefacto: "Es una botella decantadora. Su peculiar hombro invertido evita que los sedimentos o partículas sólidas que se puedan encontrar en su contenido, salgan al exterior"; "Debido a sus características y su altísima calidad, está catalogada como botella Premium"; "Su novedoso diseño también se refleja en sus paredes, que no son paralelas, lo que impide el deterioro del etiquetado al no rozarse unas con otras en el momento del almacenado o exposición"; "Comercialmente, ante dos botellas de vino similares, el consumidor percibirá como el de mayor calidad el más alto y pesado. [...] Su gramaje, similar al peso de una botella de cava o champagne; su altura, de las más altas; y su diseño, la convierten en una botella única y diferente de las de la competencia". Pero, como diría Super Ratón, "no se vayan todavía, aún hay más": "Lo más importante es que la botella Abellán brinda la posibilidad de no tener que filtrar el producto. De esta manera conseguimos un género que conserva todas sus propiedades organolépticas intactas. Completamente natural. Sin adulterar. Un producto orgánico, de mayor calidad. Y con el vino en particular, por un lado, dota al enólogo de una herramienta más para obtener caldos más personales, aprovechando todos los matices, sin perder los aromas y sin perder color, y por otro, permite a la bodega reducir costes de fabricación al poder suprimir la 'estabilización por frío'. Los altos costes, tanto energéticos como medioambientales que conlleva enfriar el vino con el fin de filtrarlo desaparecerían". Así que, para pasmo de propios y extraños, de las palabras del crecidito Pablo Abellán Guillén se deduce que la práctica totalidad de las bodegas y los vinos del mundo mundial son antinaturales, adúlteros, inorgánicos, de escasa calidad, impersonales, sin matices, sin aromas, sin color... y derrochones. O lo eran hasta que llegó él, por supuesto, con su revolucionario invento bajo el brazo. A partir de ahora sí que vamos a saber lo que es beber vino de calidad. El secreto estaba en la botella... ¡y nosotros sin enterarnos!

Además, para envolver su flamante regalito, la bodega murciana utiliza un etiquetado voyeurista, con artísticas pegatinas oblicuas al frente y tipografía más propia del embalaje industrial de la ley seca que del consumista lassez faire contemporáneo; y sobre él estampa un dibujito indicando la posición correcta de servicio, como si para tomarse una copa de su presuntuoso bebercio fuera necesario hacer un máster en inclinación botellil; y sobre la ridícula ilustración, añade la catalogación más absurda de cuantas se vienen imponiendo en la enología universal en los últimos años, traducida, en su desmedido afán de sinvergonzonería, a varios idiomas: "Vino de autor". Y, como ya no soporto más sandeces, acudo al diccionario; y compruebo que 'autor' significa lo que yo creo que significa ("Persona que es causa de algo"); y me pregunto si los vinos en los que se omite tan desatinada advertencia se hacen solos, debido a alguna extraña conjunción de los astros; y harto ya de estar harto, como Serrat, me cago (con perdón) en las castas de los vendemotos. Para colmo, aún sigo intentando digerir el avispado juego de palabras que los macarras de la mercadotecnia emplean para presentar su producto: Infiltrado - Vino sin filtrar. Casi ná, los cerebritos.

¿Y del contenido, qué? Pues más o menos lo mismo que del continente. Se trata de un coupage de syrah (50%), monastrell (40%) y garnacha (10%), en el que lo más destacable es su paso (parcial) por barricas nuevas de roble francés para realizar la fermentación maloláctica. La nota de cata oficial lo presenta de "un atractivo color violáceo con intensos aromas a frutos rojos y golosinas, con finos atisbos de madera nueva y especias blancas" y añade que "en la boca se desvela muy fresco con gran exaltación de su juventud, al mismo tiempo que se percibe su naturalidad". Pero, en este caso, resultan mucho más descacharrantes las apreciaciones de uno de sus primeros catadores públicos, Oscar Sonsiera, dueño y señor de Hemoglovinum: "En copa muestra un rojo cereza intenso y radiante, con una capa superior azulada que deriva en un ribete violáceo precioso. Como veréis, al movimiento tiñe el balón creando la sensación de ver un Chupa Chups de fresa". Esto promete. Sigamos: "La nariz es intensa, potente, mucha fruta roja, notas lácteas acompañadas de golosina de fresa, las típicas regalices rojas y después untadas en Petit Suisse, muy divertido. Las notas especiadas también aparecen junto a unas leves notas cremosas". Lo dicho. Y todavía queda la boca: "Es una pasada, fruta roja madura pero en un punto juerguista, pura explosión. Toques ahumados, con grandes dosis de chucherías, una fiesta dulce en la boca, curiosamente el vino está equilibrado, nadie despunta ni amarga la fiesta, dotándolo de una extraña sensación de frescura y bien hacer. Encantador, joven y divertido".

¿Divertido? Ni mucho menos. Infiltrado es un vino que dice mucho más por fuera (y no precisamente para bien) que por dentro. "Divertido no es lo contrario de serio", dejó avisado el gran Chesterton; "divertido es lo contrario de aburrido, y de nada más". Y, por desgracia, este caldo no es nada serio aunque sí (muy) aburrido. Por cierto, por culpa de tanta parafernalia, cuesta mucho más de lo que vale.


Infiltrado

2013

Syrah, Monastrell y Garnacha

13% alcohol

DO Jumilla

Hacienda del Carche, Jumilla, Murcia, España

24.4.14

El viaje (de ida y vuelta) de Tío Pepe

En 2009, el Ayuntamiento de Madrid indultó cuatro emblemáticos luminosos como excepción que confirmaba la regla fijada por una nueva ordenanza de publicidad exterior que pretendía reducir la contaminación lumínica capitalina. Se salvaron de la quema el anuncio de Schweppes en Callao, el de Firestone en las Escuelas Aguirre, el del BBVA en la Castellana y el más popular de todos, que fue hiperbólicamente defendido por el (entonces) alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón: "El Tío Pepe es a Madrid lo que la Torre Eiffel a París, dado que ambos iconos surgieron sin vocación de permanencia pero se han acabado incorporando al paisaje urbano de ambas capitales".


Dejando a un lado la odiosa comparación (y la relamida grandilocuencia) del retrógrado ministro pepero, lo que parece (in)discutible es que el neón que anunciaba el famoso fino jerezano en la Puerta del Sol se había convertido, cuando menos, en un símbolo de resistencia. Más antigua que el kilómetro cero (1950), el oso y el madroño (1967) o la estatua ecuestre de Carlos III (1994), esta insuperable atalaya había sobrevivido a una guerra (in)civil, a una rancia dictadura y a los antojos de los politicastros de turno. Lo que en un principio fue solo una copa apoyada en la 'G' de González Byass, y más tarde se transformó en una botella vestida con chaquetilla roja y sombrero por obra y gracia de Luis Pérez Solero, parecía ya un elemento inamovible del centro oficioso de nuestra península histérica. Hasta el 18 abril de 2011, cuando fue trasladado a una nave industrial de Alcalá de Henares de la que hace unos días ha vuelto debidamente restaurado, tan solo tres años más tarde de su incomprensible destierro. Mas no ha regresado para ocupar su antiguo emplazamiento sino para encaramarse a las alturas de un edificio vecino, operación para la que han sido necesarias arduas negociaciones y varias campañas sociales y mediáticas.

Pese a todo, los motivos de su retirada (inicial) y de su traslado (definitivo) poco tienen que ver con la lógica de la normativa municipal. La peripecia sufrida por el publicitario elemento se debe, a falta de confirmación oficial, a las leyes no escritas de la competencia globalizadora: de un tiempo a esta parte, corre por los mentideros castizos que la remodelación del hotel París, sobre cuya azotea descansaba hasta hace tres años el luminoso de marras, incluirá definitivamente la apertura en sus bajos de una Apple Store; y cuentan las lenguas de vecindonas que son los celos de la compañía manzanera los responsables del simbólico destierro.

Don dinero, el poderoso caballero glosado por Quevedo, se impuso por un tiempo a la tradición y el (supuesto) deseo popular, pero ahora que la afrenta yanqui está vengada, merced a la aviesa hospitalidad del parné nacional, se vienen escuchando algunas tímidas voces (más ordenancistas que las propias ordenanzas) denunciando la aberración que supone (re)instalar el nuevo rótulo en el centro neurálgico del país. Y, aunque nuestro refranero advierte claramente que a palabras necias deberían corresponderle oídos sordos, no ha faltado quien se ha ofrecido voluntario para dar algunas pistas de por dónde van las cosas en el mundo civilizado: por ejemplo, Víctor de la Serna (juez y parte del tinglado vinícola), argumentando con ejemplos gráficos de "una discreta y austera ciudad protestante, Ginebra" o "una vibrante metrópoli americana, Nueva York", su defensa razonada de que, en pleno siglo XXI, los rótulos luminosos forman parte indisoluble de los paisajes urbanos más cosmopolitas.


Pero quien ha rizando el rizo del cachondeo alrededor del asunto ha sido un competidor directo de Apple, que ha aprovechado el acontecimiento para poner en práctica una nueva especie de parasitismo publicitario: Nokia Spain ha anunciando en las redes sociales su modelo Lumia 1020 tirando de retranca nacionalista: "El Tío Pepe no está en la Gran Manzana", es la frase sobreimpresionada que puede leerse sobre el mítico cartel, haciendo alarde, de paso, de las virtudes ópticas (cámara de 41 megapíxeles) del flamante modelo de teléfono móvil. Visto lo visto, el espectáculo no ha hecho más que comenzar.

23.4.14

Vino de hierro y cordobán

Desde 1996, cada 23 de abril se celebra, con el aval de la Unesco, el Día Internacional del Libro y del Derecho de Autor. Se eligió esta fecha porque las convenciones la señalaban como el día más funesto de la historia de la literatura universal, dando por bueno que Miguel de Cervantes, William Shakespeare y el Inca Garcilaso de la Vega la diñaron en la misma jornada del año 1616, aunque, en realidad, el 'Príncipe de los Ingenios' murió un día antes y el 'Bardo de Avon' el 23 de abril del calendario juliano, que viene a ser el 3 de mayo de nuestro calendario gregoriano. Pero, entre la leyenda y la verdad, los gerifaltes de la mercadotecnia globalizadora optaron por la leyenda, como la prensa en 'El hombre que mató a Liberty Valance'.

El caso es que, en España, el sector libresco aprovecha la efeméride para vender algunos miles de ejemplares que el resto del año cuesta sangre, sudor y lágrimas encasquetar, al tiempo que las autoridades estatales hacen entrega del premio Cervantes, que esta vez ha recaído en la escritora mexicana Elena Poniatowska. Los más clásicos, en cambio, preferimos rendir tributo al libro releyendo algún pasaje del más insigne de entre los escritos en nuestra lengua, Don Quijote de la Mancha. Este año, el tabernero y yo hemos seleccionado para la ocasión un trasunto de nuestras ordinarias tribulaciones: un divertido pasaje incluido en el capítulo XIII de su segunda parte. En él, mientras el Caballero de la triste Figura y un desconocido Caballero del Bosque debaten sus respectivas cuitas amorosas, sus escuderos se escabullen con la noble intención de permitir que sus amos "se den de las astas". Sancho Panza y el paje del Bosque se enzarzan en una suerte de entremés que tiene al vino como protagonista y que dice así:


"Escupía Sancho a menudo al parecer un cierto género de saliva pegajosa y algo seca; lo cual visto y notado por el caritativo bosqueril escudero, dijo:
—Paréceme que de lo que hemos hablado se nos pegan al paladar las lenguas, pero yo traigo un despegador pendiente del arzón de mi caballo que es tal como bueno.
Y, levantándose, volvió desde allí a un poco con una gran bota de vino y una empanada de media vara, y no es encarecimiento, porque era de un conejo albar tan grande, que Sancho, al tocarla, entendió ser de algún cabrón, no que de cabrito; lo cual visto por Sancho, dijo:
—¿Y esto trae vuestra merced consigo, señor?
—Pues ¿qué se pensaba? —respondió el otro—. ¿Soy yo por ventura algún escudero de agua y lana? Mejor repuesto traigo yo en las ancas de mi caballo que lleva consigo cuando va de camino un general.
Comió Sancho sin hacerse de rogar, y tragaba a escuras bocados de nudos de suelta, y dijo:
—Vuestra merced sí que es escudero fiel y legal, moliente y corriente, magnífico y grande, como lo muestra este banquete, que si no ha venido aquí por arte de encantamento, parécelo a lo menos, y no como yo, mezquino y malaventurado, que solo traigo en mis alforjas un poco de queso tan duro, que pueden descalabrar con ello a un gigante; a quien hacen compañía cuatro docenas de algarrobas y otras tantas de avellanas y nueces, mercedes a la estrecheza de mi dueño, y a la opinión que tiene y orden que guarda de que los caballeros andantes no se han de mantener y sustentar sino con frutas secas y con las yerbas del campo.
—Por mi fe, hermano —replicó el del Bosque—, que yo no tengo hecho el estómago a tagarninas, ni a piruétanos, ni a raíces de los montes. Allá se lo hayan con sus opiniones y leyes caballerescas nuestros amos, y coman lo que ellos mandaren; fiambreras traigo, y esta bota colgando del arzón de la silla, por sí o por no, y es tan devota mía y quiérola tanto, que pocos ratos se pasan sin que la dé mil besos y mil abrazos.
Y diciendo esto se la puso en las manos a Sancho, el cual, empinándola, puesta a la boca, estuvo mirando las estrellas un cuarto de hora, y en acabando de beber dejó caer la cabeza a un lado, y dando un gran suspiro dijo:
—¡Oh hideputa, bellaco, y cómo es católico!
—¿Veis ahí —dijo el del Bosque en oyendo el hideputa de Sancho— como habéis alabado este vino llamándole «hideputa»?
—Digo —respondió Sancho— que confieso que conozco que no es deshonra llamar «hijo de puta» a nadie cuando cae debajo del entendimiento de alabarle. Pero dígame, señor, por el siglo de lo que más quiere: ¿este vino es de Ciudad Real?
—¡Bravo mojón! —respondió el del Bosque—. En verdad que no es de otra parte y que tiene algunos años de ancianidad.
—¿A mí con eso? —dijo Sancho—. No toméis menos sino que se me fuera a mí por alto dar alcance a su conocimiento. ¿No será bueno, señor escudero, que tenga yo un instinto tan grande y tan natural en esto de conocer vinos, que, en dándome a oler cualquiera, acierto la patria, el linaje, el sabor y la dura y las vueltas que ha de dar, con todas las circunstancias al vino atañederas? Pero no hay de qué maravillarse, si tuve en mi linaje por parte de mi padre los dos más excelentes mojones que en luengos años conoció la Mancha, para prueba de lo cual les sucedió lo que ahora diré. Diéronles a los dos a probar del vino de una cuba, pidiéndoles su parecer del estado, cualidad, bondad o malicia del vino. El uno lo probó con la punta de la lengua; el otro no hizo más de llegarlo a las narices. El primero dijo que aquel vino sabía a hierro; el segundo dijo que más sabía a cordobán. El dueño dijo que la cuba estaba limpia y que el tal vino no tenía adobo alguno por donde hubiese tomado sabor de hierro ni de cordobán. Con todo eso, los dos famosos mojones se afirmaron en lo que habían dicho. Anduvo el tiempo, vendióse el vino, y al limpiar de la cuba hallaron en ella una llave pequeña, pendiente de una correa de cordobán. Porque vea vuestra merced si quien viene desta ralea podrá dar su parecer en semejantes causas.
—Por eso digo —dijo el del Bosque— que nos dejemos de andar buscando aventuras; y pues tenemos hogazas, no busquemos tortas, y volvámonos a nuestras chozas, que allí nos hallará Dios, si Él quiere.
—Hasta que mi amo llegue a Zaragoza, le serviré, que después todos nos entenderemos.
Finalmente, tanto hablaron y tanto bebieron los dos buenos escuderos, que tuvo necesidad el sueño de atarles las lenguas y templarles la sed, que quitársela fuera imposible; y así, asidos entrambos de la ya casi vacía bota, con los bocados a medio mascar en la boca, se quedaron dormidos, donde los dejaremos por ahora, por contar lo que el Caballero del Bosque pasó con el de la Triste Figura".

22.4.14

Onubis

Teniendo en cuenta que Onuba fue el nombre que fenicios y tartessos dieron a lo que hoy conocemos como Huelva, y que los imperiales romanos siguieron la corriente a sus civilizados predecesores pero dejando su impronta al añadirle el definitorio Aestuaria (por su situación entrambasaguas, saladas y dulces), debemos suponer que Onubis fuera el ablativo de la primera declinación latina del milenario topónimo, que vendría a ejercer aquí funciones de complemento circunstancial de lugar para referirse a lo propio 'de Huelva'. En caso contrario, siempre nos quedará la posibilidad de (auto)defendernos como el hereje Giordano Bruno: "Se non è vero, è ben trovato".


Sea como fuere, desde que el tabernero me lo ha ofrecido hoy chupito a chupito, Onubis es para mí un vino generoso de licor elaborado y embotellado por las Bodegas Díaz, fundadas en 1955 en Bollullos Par del Condado; un dulce moscatel certificado por la Denominación de Origen Condado de Huelva perteneciente a la misma casta nobiliaria que sus paisanos pale dry, médium, cream, pale cream y Pedro Ximénez: todos ellos, oficialmente, secos o dulces de entre 15 y 22 grados de alcohol volumétrico con una crianza mínima de dos años.

Concretamente, Onubis se presenta en público arropado por una manejable (y suficiente) botella de medio litro cuyo contenido alcohólico asciende al 15%. Su contraetiqueta explica que se trata de un "vino elaborado a partir de uvas moscatel seleccionadas y envejecido durante tres años en botas de roble"; una información que la web de la bodega marismeña completa añadiendo que dicho envejecimiento se lleva a cabo mediante crianza oxidativa, producida según el tradicional sistema de criaderas y soleras. Además, en la retaguardia de la botellita puede leerse que, "en la boca", este generoso "es dulce, suave y persistente", antes de rematar aclarando que "a la vista es de color caoba teja oscura de alta intensidad".

De todo ello puedo dar fe tras empinar el codo varias veces por su culpita, pero lo que más me ha llamado la atención del etiquetado de Onubis es el derroche tipográfico dedicado a subrayar eso que los modernos pasados de moda denominan maridaje. Los productores del alejandrino néctar tiran de mayúsculas y negritas para despejar las dudas acerca de su combinación ideal: "Postres y pastas". Y, no contentos con ello, antes de detallar los datos corporativos de la bodega, vuelven a incidir en el asunto: "Vino ideal para finalizar una comida". Una machaconería rayana en lo ofensivo para con la libertad de elección de los bebedores, máxime cuando se le reservan un espacio y un tamaño más propios de la propaganda que de la sugerencia.

Al margen de la oficialidad, el responsable enológico del Grupo Decantia, Carlos Martín Lobera, aporta sus particulares matices a la nota de cata de Onubis: "De color pardo caoba con ribete yodado, en nariz es goloso de típico aroma amoscatelado, fruto seco, higo y orejón, con notas dulces de caramelo. La boca es dulce, golosa y recuerda los tostados de café en retronasal". Palabras más, palabras menos, que cantarían Los Rodríguez.


Onubis

Moscatel

3 años en botas de roble

15% alcohol

DO Condado de Huelva

Bodegas Díaz, Bollullos Par del Condado, Huelva, Andalucía, España

21.4.14

Elogio y refutación de la nota de cata

Enredando en internet (bendito pleonasmo) desde mi rinconcito tabernario, mientras me entrego al bebercio cotidiano, aterrizo en uno de mis destinos vinícolas favoritos: Wine Folly. De cuando en vez suelo darme un garbeo por las virtuales páginas de este encantador blog norteamericano para solazarme entre sus adorables infografías, tan útiles para descansar la mente de los tópicos, prejuicios y redundancias consustanciales al universo enológico. Pero algunas veces me irrita sobremanera su simplismo. Como hoy, sin ir más lejos.


La generala del citado canal, Madeleine Puckette, se ha enfundado el disfraz de master of wine y ha dedicado su último escrito a enumerar los pasos a seguir para escribir lo que, bajo su particular punto de vista, debe ser una excelente nota de cata, cayendo en el mismo reduccionismo que ha provocado que la red de redes se encuentre aturdida en la actualidad por un constante cacareo de notas perfectamente intercambiables entre sí, con independencia de variedades, crianzas, procedencias o casas comerciales.

Los (escasos) lectores familiarizados a estas alturas con las tres o cuatro obsesiones omnipresentes en The Wine Accuser saben bien que, en lo tocante a la valoración sensorial del vino, aquí hemos optado por un género bastardo: la (anti)cata; esto es, una heterodoxa mezcla de información deslavazada, subjetivismo atroz y fisking a raudales que busca, primordialmente, elogiar o refutar lo que la crema de la intelectualidá enológica publica a diestro y siniestro, incluyendo la perniciosa propaganda escupida por los asalariados de bodegas, viñedos y consejos reguladores.

Sostiene la friki Puckette (el calificativo es suyo, no mío) que, en la última década, las notas de cata vinícolas se han tornado meras valoraciones de los consumidores con tendencia a ser imparciales; y, aunque solo en parte, lleva razón: ciertamente, hay una corriente mayoritaria que se dedica a copiar y pegar o, en el peor de los casos, a modificar subrepticiamente las notas oficiales, que funciona como una red de altavoces (des)interesados a medio camino entre la secta y el rebaño. No es que pretendan ser imparciales; es que no alcanzan a ser parciales. Copean; no beben. Pimplan; no catan. Conforman una caterva licenciada en gramática parda que, como mucho, atesora el conocimiento justo para saltar del Ctrl+C al Ctrl+V. Poco más.

Pues bien, a esta horda de la necedad, la extravagante Puckette la anima a seguir transitando por la senda de la estupidez: para comenzar, descríbanse los aromas primarios (procedentes de la variedad y el terroir), secundarios (del proceso de elaboración) y terciarios (del envejecimiento y la madera); continúese con el cuerpo, los taninos y la acidez; entre medias, un consejo: enumérense primero los sabores más obvios; por último, póngase especial cuidado en el momento de definición del caldo, que puede marcar, según la adoctrinadora, "la diferencia entre un vino de 89 puntos y un vino de 95 puntos".


Por lo visto, missy Puckette cata como quien contempla un telefilme: si hay happy end, lo que le precede se vuelve más digerible. La mandamás de Wine Folly apuesta, así, por un circo mediático clónico, impersonal, sin voz y sin talento; por el continuísmo de un endogámico microcosmos en el que ninguna voz suene más alta que otra; por la perpetuación de una especie depredadora de intelectos que, por desgracia, jamás sabrá lo que es estar en peligro de extinción.

16.4.14

La(s) última(s) cena(s)

Cenas postreras hay muchas pero última cena no hay más que una: la que dio inicio a lo que los cachondos de Mongolia han definido como la "yihad" de "una de las sectas más peligrosas del mundo". Con todo, ni siquiera entre ellos y ellos se ponen de acuerdo: ni en la fecha de la francachela ni en el menú servido para la ocasión. Desde antiguo, físicos, papas, arqueólogos, cocineros y demás adalides de la (seudo)investigación, han malgastado sus esfuerzos en intentar resolver una cuestión irresoluble, pues los mitos y leyendas que nos intentar vender como acontecimientos históricos están (y siempre estarán) sujetos a las más variadas interpretaciones.


El caso es que todos los años, al llegar estos días que las agencias de viaje y los pocos creyentes que van quedando han dado en llamar Semana Santa, de las fuentes (des)informativas manan infinidad de articulitos que le dan (nuevas) vueltas al asunto; y, gracias a ellos, algunos (el tabernero y yo, por ejemplo) nos alejamos cada vez más de la fe, mayormente por cuestiones de salud mental. Este año, además, nos lo hemos pasado en grande contemplando en el televisor de la taberna la ridícula aportación al tema que el paleogastrónomo (sic) Miguel Ángel Almodóvar se ha sacado de la manga al abrigo de tan magno acontecimiento. Producido al alimón por los canales temáticos Cocina e Historia, el documental referido se olvida pronto de sus sesudos propósitos iniciales para convertirse en un vanguardista retrato de los artefactos comestibles concebidos por los prestigiosos chefs Ramon Freixa y Paco Roncero a partir del (supuesto) menú de la última cena original: un nuevo trampantojo gastronómico de esos que (retro)alimentan la sociedad de bombos mutuos sostenida por los acólitos de la bullipollez.


Por eso y por mucho más, mi última cena favorita es la que orquestaron los miembros de Vampire Weekend para ilustrar a modo de videoclip 'Diane Young', el primer single de su último disco, 'Modern Vampires of the City' (2013). En ese irreverente desvarío aparecen los músicos de la banda neoyorquina, acompañados de colegas como Santigold, Chromeo, Sky Ferreira, Despot, Dave Longstreth (de Dirty Projectors) y Hamilton Leithauser (de The Walkmen), inmersos todos en un banquete gamberro y estupefaciente cuyo menú no me atrevo a enumerar aquí. Mejor, échale un vistazo.

15.4.14

Señorío de Badajoz Tinto 2013

Cosecha Extremeña podría definirse, siendo muy benévolos, como una inexperta bodega nacida en 2010 y situada en Fuente del Maestre (Badajoz), en plena Tierra de Barros, en las Vegas Bajas de la Ribera del Guadiana. Sobre los cimientos de un edificio de mediados del siglo pasado se han levantado para acogerla unas instalaciones que (supuestamente) aúnan tradición y modernidad, pero que, en realidad, aún quedan demasiado lejos tanto de la una como de la otra. De momento, lo que los hermanos Moreno Suárez (José Carlos y Fátima) están poniendo en práctica son las lecciones aprendidas desde hace décadas de boca de sus padres, Antonio y Aurelia, que fueron quienes les enseñaron a amar la tierra y sus frutos. Pero, aunque en estos primeros cursos su actividad progresa adecuadamente, sus exámenes no pasan del aprobado raspado.


Los viñedos de Cosecha Extremeña están situados a una altitud media cercana a los trescientos metros, sobre suelos arcillosos-limosos, y gozan de un clima continental ligeramente atlantizado, con veranos largos y castigadores, inviernos benignos y transiciones cortas y suaves entre ellos: unas condiciones inmejorables para las cepas de merlot cultivadas en la finca El Cahoso, con cuyas uvas se elabora el tinto joven que hoy me ha dado a probar el tabernero: un caldo glicérico y lamentablemente desequilibrado al que aún le faltan algunos meses en botella para que sus (limitadas) virtudes luzcan en todo su esplendor.

Se trata de un monovarietal de ascendencia bordelesa y personalidad bellotera en el que la finura intrínseca de la materia prima se ve ampliamente superada por el poderoso carácter del terruño que la alimenta, resultando de esa mezcolanza un vino "carnoso" que, según sus productores, confirma en boca las notas de violeta adelantadas en nariz junto a otros intensos recuerdos a "pimienta negra y naranja amarga"; irrefutable apreciación que se deja notar en la copa pero a la que un contenido alcohólico demasiado juguetón hace la puñeta, impidiendo al bebedor concentrarse en las citadas cualidades.

En consonancia con un vino solo disfrutable por los paladares menos exigentes, el etiquetado de su señorial botella resulta manifiestamente mejorable, aunque incluye una particularidad muy de agradecer para los más cortos (de vista y de lo otro): su información no les supondrá ningún problema, pues puede leerse en español, en inglés y en braille. Algo es algo.


Señorío de Badajoz Tinto

2013

Merlot

14% alcohol

DO Ribera del Guadiana

Cosecha Extremeña, Fuente del Maestre, Badajoz, Extremadura, España

14.4.14

El 2 x 1 de Bárcenas

Acabamos de saber que el hombre que transformó 13 Rue del Percebe en Génova 13, el fulano que convirtió la comiquera casa de los líos peperos en el protoibérico templo de la corrupción, el delincuente que cobraba en 'b' lo que edificaba en 'a', devolvía los favores en especie. En el último informe que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal del Cuerpo Nacional de Policía ha remitido al juez Pablo Ruz se recoge que Gonzalo Urquijo, el arquitecto que remodeló la sede del Partido Popular entre 2005 y 2011 con cargo a la mordida aflojada por los empresarios del trinque, pagó con vino la intermediación de Luis Bárcenas en sus trapicheos con eso que el añorado Umbral gustaba de llamar La Derechona.

El redecorador de la españolísima cueva de Alí Babá era dueño y señor, por tanto, de uno de esos estómagos agradecidos que en pleno apogeo de la burbuja de la (de)construcción se dejaba parte de su inmerecida talegada en botellas de vino de las que aportan glamour a las oscuras transacciones. Calderilla, en cualquier caso, para quienes están acostumbrados a intercambiar los euros por millones, pero que esta vez le salió al lince Urquijo por el doble de lo presupuestado. Mira tú por dónde: uno de los (incontables) ladrones sin escrúpulos que nos han sisado el pan de nuestros hijos fue a dar con el más sinvergüenza de los de su misma condición.


Parece ser que el bribón Bárcenas, que durante años sostuvo en público que los gastos en vino y frutos secos efectuados en las sedes del PP "estaban de más", olvidó sus remilgos a la hora de recibir en abril de 2008 una partida de veinticuatro botellas de Contino Viña del Olivo, deferencia del arquitecto de sus sueños. Mas resulta que el caldo enviado al enemigo público número uno de nuestra actual (in)estabilidad democrática no era el indicado por el paganini de la factura, por lo que en unas horas se le hizo llegar otra partida, similar en cantidad pero del "vino bueno". La sorpresa (inicial) de la empresa suministradora y (ulterior) de los investigadores del caso llegó al comprobar que el individuo cuyos papeles podrían provocar el derrumbe definitivo de nuestro artificioso sistema político y empresarial se había quedado con ambos envíos (el erróneo y el correcto), ahorrándose la fatigosa tarea de devolver el que no le correspondía. El preso menos común de todos nuestros presos comunes aprovechó la oferta dos por uno que el azar le sirvió en bandeja. Por aquel entonces, el temible burlón todavía no sospechaba que finalmente sería el destino quien se burlaría de él.

12.4.14

Puntualidad dietoadicta

Para referirse a la secta de los dietoadictos, Carmen Peláez, científica del Instituto de Investigación en Ciencias de la Alimentación del CSIC, no se anda con chiquitas: "El problema es que la mayoría de los ciudadanos no están capacitados para distinguir cuándo un estudio tiene realmente una referencia científica o no. Y muchas veces la información que les llega más fácilmente no es la que se apoya en fuentes científicas, sino la que hace más ruido en los medios". Y no es que sea necesario hacer un máster para suscribir afirmación tan obvia, pero conviene refrescar nuestro sistema operativo de cuando en vez para no dejarnos envolver por la vorágine (des)informativa que inunda la red de redes.

La (pen)última ocasión en la que he tenido que echar mano de la sensatez para atenuar los devastadores efectos de los maximalismos con segundas intenciones ha sido a lo largo de estos últimos días, según iba conociendo por boca de mi tabernero de cabecera las conclusiones de un estudio realizado por investigadores de las universidades de Murcia, Harvard y Tufts que convergen en que lo más determinante para adelgazar es la hora a la que se realizan las tres comidas principales del día; una tesis que, así expresada, no parece demasiado peregrina, pero que roza lo absurdo cuando el director de Forza Supplements, Lee Smith, riza el rizo de la puntualidad británica: "Hemos aprendido que los tiempos óptimos para cada comida son las 7:11 de la mañana para el desayuno, las 12:38 de la tarde para la comida y las 18:14 para la cena, aunque, obviamente, nadie se ajusta a estos horarios rígidamente".


Consecuentemente, la pregunta que se impone es: ¿qué demonios es y a qué se dedica Forza Supplements? Y la subsecuente respuesta, también es la esperada: se trata de la división minorista de Forza Industries, una firma comercial entregada a hacer negocios a costa de la ansiedad reductora de los súbditos de la reina madre, a quienes venden a tutiplén su "pionera" fórmula T5, uno de los engañabobos (presuntamente) adelgazantes más populares del Reino Unido. Para más inri, es la empresa que ha realizado la encuesta que ha llegado a la conclusión de que debemos adelantar todas nuestras comidas, algo que parece una osadía teniendo en cuenta que en su muestreo solo han participado un millar de personas a dieta y que los horarios de sus resultados atufan a costumbrismo british.

Antonio Ortí, del imprescindible Observatorio Permanente para el Estudio de Mitos y Dietas Milagro Comer o No Comer, reconoce que la cronoterapia es "un campo interesante en el que se trabaja desde hace años", y añade que, concretamente, lo que se investiga es "si la grasa humana expresa genes reloj capaces de poner en hora a otros genes importantes del tejido adiposo". Pero su reflexión final no deja lugar a las dudas: "Debemos poner en cuarentena los resultados de la investigación con la que empezábamos pues se trata de un estudio observacional". O sea, no deberíamos obsesionarnos con ajustar nuestros relojes ni comenzar a pegarnos los madrugones alimenticios que proponen los tiburones del mar del Norte. Si pretendemos adelgazar pero nos comemos un burro acostado relleno de pajaritos, me da a mí que la hora del atracón va a ser lo de menos.