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22.4.14

Onubis

Teniendo en cuenta que Onuba fue el nombre que fenicios y tartessos dieron a lo que hoy conocemos como Huelva, y que los imperiales romanos siguieron la corriente a sus civilizados predecesores pero dejando su impronta al añadirle el definitorio Aestuaria (por su situación entrambasaguas, saladas y dulces), debemos suponer que Onubis fuera el ablativo de la primera declinación latina del milenario topónimo, que vendría a ejercer aquí funciones de complemento circunstancial de lugar para referirse a lo propio 'de Huelva'. En caso contrario, siempre nos quedará la posibilidad de (auto)defendernos como el hereje Giordano Bruno: "Se non è vero, è ben trovato".


Sea como fuere, desde que el tabernero me lo ha ofrecido hoy chupito a chupito, Onubis es para mí un vino generoso de licor elaborado y embotellado por las Bodegas Díaz, fundadas en 1955 en Bollullos Par del Condado; un dulce moscatel certificado por la Denominación de Origen Condado de Huelva perteneciente a la misma casta nobiliaria que sus paisanos pale dry, médium, cream, pale cream y Pedro Ximénez: todos ellos, oficialmente, secos o dulces de entre 15 y 22 grados de alcohol volumétrico con una crianza mínima de dos años.

Concretamente, Onubis se presenta en público arropado por una manejable (y suficiente) botella de medio litro cuyo contenido alcohólico asciende al 15%. Su contraetiqueta explica que se trata de un "vino elaborado a partir de uvas moscatel seleccionadas y envejecido durante tres años en botas de roble"; una información que la web de la bodega marismeña completa añadiendo que dicho envejecimiento se lleva a cabo mediante crianza oxidativa, producida según el tradicional sistema de criaderas y soleras. Además, en la retaguardia de la botellita puede leerse que, "en la boca", este generoso "es dulce, suave y persistente", antes de rematar aclarando que "a la vista es de color caoba teja oscura de alta intensidad".

De todo ello puedo dar fe tras empinar el codo varias veces por su culpita, pero lo que más me ha llamado la atención del etiquetado de Onubis es el derroche tipográfico dedicado a subrayar eso que los modernos pasados de moda denominan maridaje. Los productores del alejandrino néctar tiran de mayúsculas y negritas para despejar las dudas acerca de su combinación ideal: "Postres y pastas". Y, no contentos con ello, antes de detallar los datos corporativos de la bodega, vuelven a incidir en el asunto: "Vino ideal para finalizar una comida". Una machaconería rayana en lo ofensivo para con la libertad de elección de los bebedores, máxime cuando se le reservan un espacio y un tamaño más propios de la propaganda que de la sugerencia.

Al margen de la oficialidad, el responsable enológico del Grupo Decantia, Carlos Martín Lobera, aporta sus particulares matices a la nota de cata de Onubis: "De color pardo caoba con ribete yodado, en nariz es goloso de típico aroma amoscatelado, fruto seco, higo y orejón, con notas dulces de caramelo. La boca es dulce, golosa y recuerda los tostados de café en retronasal". Palabras más, palabras menos, que cantarían Los Rodríguez.


Onubis

Moscatel

3 años en botas de roble

15% alcohol

DO Condado de Huelva

Bodegas Díaz, Bollullos Par del Condado, Huelva, Andalucía, España

28.3.14

Dulce Crápula

Gabriel Martínez Valero vino al mundo en Jumilla y comenzó su andadura por los inextricables caminos del vino como cofundador de Casa de la Ermita, empresa en la que permaneció ocho años dedicado con ahínco a ennoblecer la variedad autóctona de su tierra, la monastrell. Tras un breve paso por la Rioja alavesa, donde contribuyó a situar en el mapa de las bodegas más recomendables a Baigorri, decidió emprender un proyecto personal (G.L.M. Estrategias de Vinos) que engloba marcas comerciales como NDQ, Cármine o Crápula. Para la elaboración de esos vinos cuenta desde hace un lustro con la colaboración de un par de amigos enólogos cuya tarea se está haciendo notar tanto en las sugerencias de los prescriptores de postín como entre los bebedores de acá y de acullá, que no pueden disimular su simpatía hacia algunos de sus caldos.

Sobre las tácticas empleadas a la hora de gestionar su joven negocio, su idea madre parece irreprochable: "Prefiero, antes que tener viñedos propios, comprar uvas seleccionadas por mi equipo de asesores y yo mismo, y que mejor se adapten a mis necesidades. Seleccionamos viñedos viejos de monastrell, de 60 años de media y de un gran porte, autorregulados de forma natural". De ahí salen tanto su vino estrella, Crápula, como su hermano pequeño, Dulce Crápula, con el que hoy me he relamido hasta el hartazgo en la taberna.


Se trata de un jarabe tintorro, afrutado y dulzón procedente de una cuidadosa selección de racimos sobremadurados de monastrell del que se cuenta que, tras un proceso de elaboración tradicional, es envejecido durante tres meses en barricas de roble, aunque en su ramplón etiquetado se omite cualquier dato que certifique dicha crianza. Así se obtiene un bebercio que en la última Guía Peñín es despachado con su laconismo habitual: "Color cereza, borde granate. Aroma fruta escarchada, fruta confitada, hierbas de tocador, especias dulces, tostado. Boca potente, sabroso, largo".

En cambio, el presidente fundador y de honor de la Unión de Asociaciones Españolas de Sumilleres, Juan Muñoz, se recrea un poco más a la hora de ponderar esta golosina apta para todos los públicos "que expresa una sinfonía de aromas y sabores que inundan los sentidos, donde aparecen notas de confitura de tomates, chocolate, higos, etc.", y recomienda servirlo bien frío y en pequeñas dosis (no seré yo quien le lleve la contraria) como acompañamiento de quesos azules, chocolates e "incluso para un buen robusto habano". Por su parte, la responsable de Evol, Elisa Martínez Navarro, barre para casa y sugiere maridar Dulce Crápula con chucherías típicas de Jumilla, como sequillos o pirusas, aunque se cuela a la hora de proponer una temperatura de consumo (demasiado alta, para mi gusto) en torno a los 10-12º.

Para quienes a estas alturas aún alberguen dudas acerca de la tipología del caldo que nos ocupa, bastará advertir que se trata de un vino que no siente compasión por los golosos y que, por eso mismo, debería incluir en alguna parte la misma advertencia que los medicamentos más traicioneros: manténgase fuera del alcance de los niños... y de los lamerones, claro.


Dulce Crápula

Monastrell

16% alcohol

DO Jumilla

G.L.M. Estrategias de Vinos, Jumilla, Murcia, España