31.5.14

K-naia 2011, 2012 y 2013

Hubo un tiempo en el que, como rememoraba no hace mucho José Peñín, el vino de Rueda "recordaba a los 'sobretabla' jerezanos antes de entrar en las andanas de botas, por su juventud, pero sin ningún rasgo frutal"; un tiempo en el que la variedad verdejo se utilizaba para llenar "garrafones de un blanco grueso, potente y un poco campesino"; un tiempo en el que la ecuación Rueda más verdejo equivalía a un caldo "sabroso, campechano, corpóreo, con la acidez justa y ese gusto amarguillo que lo diferenciaba" que "representaba la esencia castellana, su sobriedad, la imagen de vino honrado, vino de pueblo".

Pero llegó otro tiempo en el que, como también recordaba Peñín, Paco Hurtado de Amézaga introdujo en Rueda una casta providencial para equilibrar las cosas: la sauvignon blanc. Corría 1974 cuando el capitoste de Marqués de Riscal comenzó a poner en práctica sobre las tierras castellanoleonesas las pruebas realizadas en Burdeos por su maestro Emile Peynaud, quien defendía que "la rusticidad y la sobriedad de la verdejo habría que domarla con la elegancia y aroma de la sauvignon blanc".

Viene esto a cuento porque hoy he participado en la taberna en una (mini)cata vertical de uno de los actuales superventas de la Denominación de Origen Rueda, el desenfadado K-naia (más estimulante fonética que gráficamente), cuyas numerosas virtudes se asientan sobre una notable mezcla de verdejo (85%) y sauvignon blanc (15%). Lo cual que el tabernero y yo nos hemos enfrentado, mano a mano y sin cuadrilla, a sendas copas correspondientes a las añadas 2011, 2012 y 2013, con resultados que demuestran que los años no pasan en balde y que entre la juventud y la vejez está la verdadera flor de la vida, la madurez.


Antes de nada, conviene saber que K-naia es el vino más personal (no el mejor, ni mucho menos) de Bodegas Naia, una factoría instalada desde 2002 en La Seca (Valladolid), término considerado alegremente, en parte por lo relatado más arriba, como el grand cru de Rueda. Bajo la dirección técnica del prestigioso Eulogio Calleja y la supervisión enológica de Cristina Bosch, se trabajan algo más de una veintena de hectáreas enclavadas en la meseta castellana, situada entre setecientos y ochocientos metros sobre el nivel del mar con una influencia continental y mediterránea que la condena a sufrir los extremos propios de las estaciones, con una diferencia térmica de casi cincuenta grados entre el crudo invierno y el verano seco y cálido. Además, la escasa pluviometría anual convierte las cepas en resistentes naturales y favorece el equilibro entre grado y acidez de los racimos de verdejo, que son los que dominan el viñedo.

Las cepas destinadas a la elaboración de K-naia, de entre quince y veinte años de antigüedad y alimentadas por suelos arcillo-calcáreos y arcillo-arenosos entremezclados con cantos rodados, se vendimian por la noche y, en su mayor parte, de forma manual. Ya en la mesa de selección, se separan solo los racimos que tienen una maduración óptima para ser enfriados posteriormente en cámara y, en algunos casos, llevados a pre-congelación para que, a través del frío, los componentes aromáticos del hollejo pasen a la pulpa de la uva.

Hablamos de un bebercio canalla nacido con vocación de masas que ni puede ni quiere esconder sus intenciones, como se comprueba leyendo su contraetiqueta bilingüe: "Creado para gustar a todo el mundo, este vino, intenso y refrescante, reparte sensaciones de fruta blanca y balsámicas. Es fácil de beber, amable, sin complejos, aunque no oculta su estirpe castellana, ni el pronunciado carácter de la uva Verdejo. Un toque sutil de aguja completa su atractivo perfil".

El ínclito Peñín defendía hace unos meses en un decálogo sobre las que deberían ser las actitudes del ciente in (haciéndose eco de una opinión muy extendida) que lo más aconsejable es "pedir un albariño de Rías Baixas o un verdejo de Rueda de 2 años", pues "estas dos variedades por su complejidad y estructura desarrollan mejor sus valores varietales al segundo año". Y tanto el tabernero como un servidor hemos concluido nuestra particular (mini)cata vertical dándole la razón al gurú doméstico, aunque con matices. El tono dorado de la copa correspondiente al 2011 advierte que ya ha sido superada su fecha de consumo preferente, y la nariz refrenda esa certidumbre: los aromas brillan por su ausencia. Contrasta esa sensación con el amarillo pálido del 2013 y su potencia frutal y herbácea. Pero el hecho definitivo que permite tomar partido por uno o por otro se produce a su paso por boca: el 2011 lo hace con discreción, un tanto apagado, aunque plenamente disfrutable; el 2013 atropella por culpa una juventud demasiado ácida; sin duda, el trago más agradable llega con el 2012, en el que la ligereza y la frescura se manifiestan en su punto álgido.

Si hubiera que concluir con una moraleja, como las adorables fábulas de Iriarte y Samaniego, podría valer esta: no son recomendables ni la prisa ni la ansiedad por los vinos recién embotellados, ni siquiera en el caso de blancos y rosados, pues las más de las veces guardan en su interior una fiera sin domesticar cuya agresividad solo es aplacada, generalmente, con el paso del tiempo.


K-naia

2011, 2012 y 2013

Verdejo y Sauvignon Blanc

13,5%, 13% y 13% alcohol

DO Rueda

Bodegas Naia, La Seca, Valladolid, Castilla y León, España

30.5.14

Je me souviens...

Esta tarde me he escapado a una exposición sin salir de la taberna ni abandonar mi copa, en lo que ha resultado una visita de lo más provechosa. Hace tres años, la Asociación General de Empresas de Publicidad y el Instituto Cervantes, a través de su Centro Virtual Cervantes, crearon el Museo Virtual de Arte Publicitario con la noble intención de fomentar el conocimiento de las estrechas relaciones entre el arte y la publicidad. Gracias a ese acuerdo de colaboración vio la luz un proyecto "sin fronteras espaciales ni temporales", que recoge las más destacadas muestras de la creatividad hispánica y que, irremediablemente, despierta la nostalgia del visitante, sea cual sea la generación a la que pertenezca.


Yo me he lo he pasado especialmente en grande recorriendo la primera de sus ocho salas, que acoge una muestra (permanente) titulada 'Cien años de publicidad española', producida y organizada por Mediterránea Books y coordinada por José Antonio Lombardo Navarro (secretario general de la AGEP), cuyo catálogo se publicó en el año 2000. Una vez inmerso en ella, he observado con mayor detenimiento sus cuatro primeros apartados, dedicados a las cosas del bebercio y del comercio, que como es sabido son las que a mí me dan la vida.


Esos cuatro microespacios ilustran, respectivamente, la (intra)historia publicitaria de las bebidas no alcohólicas (refrescos e infusiones), las bebidas alcohólicas y el tabaco, la alimentación (básica) y otros productos menos alimenticios (placeres y caprichos). Paseando (virtualmente) por ellos he realizado un reconfortante viaje (interior) hacia mis recuerdos, que ha transitado desde el inocente clasicismo sin acreditar de ¡Miau! (1920), Freixenet (1922) o La Casera (1950), hasta los primeros amagos de dobles lecturas de Magno (1973, agencia MMLB), Ortiz (1986, Ricardo Pérez Asociados) o Cruzcampo (1998, agencia Contrapunto). Cómo habrá sido la cosa que hasta me han entrado ganas de volver a recrear el Je me souviens de Perec, como me enseñó a hacer el añorado Félix Romeo en sus talleres de escritura creativa.

29.5.14

El (escaso) poder de la influencia

Carlos Schölderle, que en su perfil de Linkedin se define como "wine blogger and freelance journalist" (para entendernos, periodista sin trabajo estable que escribe, aparentemente, por amor al arte), lleva algún tiempo entregado al agitprop vitivinícola, algo que, de entrada, no me parece en absoluto despreciable. Pero su (interesado) idealismo chirría demasiado y su (inocente) división del panorama comunicacional entre buenos y malos absolutos linda con el ridículo. Sin ir más lejos, hace unas pocas semanas demostró en su bitácora virtual (Vinumvitis) lo encantado que está de conocerse, (auto)erigiéndose en portavoz de la blogosfera de la ebriedad. Pretendía disertar, a lo que se ve, sobre la situación, evolución y tendencias de los mercados del vino, aunque no se le ocurrió otra cosa mejor que arrancar con un sermón acerca de los blogueros y su papel en este cambiante mundo, evidenciando que es triste pedir pero mucho más triste es robar: "Los estudios de los expertos dicen que cada vez tendremos más peso en las decisiones del consumidor final. Lo que no dicen es, de qué van a vivir esos blogueros que con su esfuerzo hacen posible el mensaje de las marcas y las empresas que necesitan vender en un mercado cada vez más deshumanizado".

La martingala que adjuntó a continuación, que parece redactada con escopeta de feria, es digna de un estudio en profundidad que yo no tengo ni tiempo ni fuerzas para abordar, pero ahí va una aproximación rápida: "Nosotros hacemos el acercamiento del producto [pobrecito, el vino, que no sabe cómo llegar hasta el consumidor] y humanizamos las compras [¡no me digas que tú también lees a Ortega!], somos las caras visibles de un producto recomendado que antes hemos degustado [como los peces en el río del villancico] y catalogado como bueno [siempre positivo, nunca negativo, que diría el fatuo Van Gaal. ¿O era al revés?]. Esto es un hecho que solo nosotros los blogueros debemos valorar y buscar respuestas [no pierdas el tiempo: cuando quieras me llamas y te cuento]. Muchos de nosotros ni siquiera vivimos de esto [¿del cuento?] y sin embargo las empresas se nutren de nuestro trabajo [vampiros, las llamó Marx en El Capital], haciendo real un camino donde a veces el experto del marketing se pierde [suerte que te tiene a ti para guiarlo]. Las empresas y productos siguen teniendo en los blogueros un canal de comunicación y de fidelización del consumidor [su buen dinerito les cuesta]. El posible comprador primero se hace amigo y después escucha la valoración que al ser imparcial [ja] justifica su compra sabiendo de primera mano cómo es el producto y quién lo vende [ja, ja], ya sea on-line o en tiendas especializadas [ja, ja, ja]. He escuchado y valorado todo lo aprendido en estos años de lucha [ya será menos] pero cuando llega el momento de buscar apoyos [¿pasta? ¿quieres pasta por hacer lo que haces?] parece mentira que nos sigamos peleando entre nosotros [¡qué remedio!]. Solo las grandes marcas ganan [aplaudo tu descubrimiento, lince]: enseguida les abrimos nuestras puertas y hacemos lo que sea para ser sus amigos más fieles [unas botellitas de gañote o una cata ad hoc o un blogtrip a todo confort no hacen daño a nadie, ¿verdad?]. Dice una gran dicho, divide y vencerás y esto lo saben los expertos y lo utilizan muy bien, no haciendo nada ya que saben que nosotros solos nos dividiremos [¿cabe otra opción?]. No quiero decir expresamente que las grandes empresas tienen la culpa, en realidad la culpa no es del chancho si no quien le rasca el lomo [me he perdido entre tanto desliz sintáctico: ¿tú eres el rascador o el rascado?]. Las empresas deberían empezar a pensar seriamente en el papel de los blogueros como campo de acción para sus promociones [no sé por qué pero me da en la nariz que tu sugerencia llega tarde]. Este acercamiento no es sencillo y sabemos que solos no somos nadie pero unidos podemos mover montañas [pues ten cuidado, no te vayan a reclutar para arar las viñas].


No contento con haber largado semejante pliego de descargo, que todavía no sé si archivar como diatriba o como ditirambo en el cajón del olvido, el amigo Schölderle ha vuelto sobre las andadas esta semana para inaugurar su nuevo blog, que no cambia de nombre sino de plataforma, y que no se mueve un ápice de la absurda prepotencia ya adelantada: "Los bloggers tenemos una independencia [¿cuántas botellas quieres, Carlos?] que no tienen los periodistas y redactores de prensa ya que son muy pocos los que tienen la libertad de elegir sus artículos y publicarlos [ahí le has dao]. Somos los caballeros de una nueva forma de comunicación [¿que cuántas botellas quieres, pregunto?] que interactúa con los lectores dándoles aquello que más necesitan y es 'opinar' [¿compañía? ¿desahogo?]. Somos escritores que amamos y animamos la comunicación y estamos totalmente entregados con la información [y con el dinero, que te veo venir], sea ésta cual sea". Suma y sigue: "Los escritores hemos cambiado la gloriosa máquina de escribir por las nuevas tecnologías [¿no me irás a soltar la de McLuhan, que el medio es el mensaje?] y la gran mayoría hemos descubierto lo bien que nos ha venido esto para poder llegar a más gente [no hacía ni puta falta] y expresar lo que sentimos por los intereses de unos pocos, convirtiendo todo el silencio de la gran mayoría de la gente en un altavoz que diga la verdad [¿y solo la verdad?] y muestre un poco de respeto en un mundo en el que la palabra y las promesas son devastadas por la mentira y el poder de aquellos que solo se miran el ombligo [¿como tú?]". Un poco de paciencia, que ya vamos llegando al final: "Soy uno más del sector del vino que escribe con la pasión lógica de quien ama el vino pero además intenta ganarse la vida con sus escritos [lo sabía: quieres pasta; te veía venir]".

Llegados a este punto, conviene rescatar un párrafo incluido en 'El poder de los miedos, ¡perdón!, de los medios', un artículo publicado por Txetxu Ausín (investigador del CSIC y del Instituto Globernance) en el número 233 de la revista Claves de Razón Práctica. Allí se repentiza un diagnóstico sobre el actual funcionamiento de los medios de comunicación de masas que vale para los emisores generalistas pero también para los altavoces especializados a los que se refiere Carlos Schölderle en sus vomitonas: "La anécdota se convierte en el paradigma del periodismo contemporáneo. Junto a los tópicos y las declaraciones oficiales forman el grueso de la mayoría de grandes reportajes. También el ruido, la sobreinformación y la exageración. Por no hablar de la homogeneización, falta de riesgo y miedos de los profesionales y de los medios, el abuso de las noticias de agencia –las grandes agencias determinan los asuntos noticiables– y la escasa elaboración propia de contenidos". Ese es el verdadero estado de las cosas, del que nuestro bloguero portavoz no es una excepción, pues en sus escritos demuestra un desprecio absoluto por una famosa advertencia del maestro del constructivismo estructuralista, Pierre Bourdieu: para saber lo que uno va a decir hay que saber lo que han dicho los demás.


Pero el recalcitrante Schölderle no se rinde y, para reforzar su tesis sobre la (supuesta) influencia de los bloggers en las compras, ha realizado una (micro)encuesta entre un puñado de personajes (más o menos) relacionados con el mundillo vinícola que, como no podía ser de otra forma, le ha salido regulera. Para comprobarlo basta hacer un breve repaso por las opiniones vertidas: Ricardo Sellers Rubio, profesor titular de Marketing en la Universidad de Alicante: "Por supuesto depende del blogger, pero yo creo que hasta el más modesto es capaz de influir (aunque solo sea en su círculo de amistades)"; Javier López Lorenzo, sommelier y community manager: "Por supuesto que algunos bloggers tienen influencia en las compras, incluso algunos 'twitteros"; José Manuel Tenorio Mariscal, CEO & owner de tmediasolutions.com: "Blogueros con comunidad, que posteen con asiduidad y con conocimientos no pasamos de diez en España"; Paco Higón, profesor en la Universidad de Valencia: "En España hay poquísimos bloggers de vinos con la suficiente capacidad como para influir sobre el consumo de forma mínimamente representativa"; Estefanía Sánchez Sola: "Hay muchos bloggers y no todos son influyentes. Influyen pero, como para tomar una decisión de compra muy pocos, bloggers".

Pese a que esta breve consulta está a años luz de un trabajo científico, sirve al menos para hacerse una idea de cómo está el patio. Por eso mismo tengo la sensación de que Carlos Schölderle arriesga demasiado cuando asegura que "los estudios de los expertos dicen que cada vez tendremos más peso en las decisiones del consumidor final" sin citar ni un solo trabajo que avale su afirmación. Quizá ahora tenga algo más claro "de qué van a vivir esos blogueros que con su esfuerzo hacen posible el mensaje de las marcas y las empresas": vivirán de un trabajo digno y serio... o no vivirán.

28.5.14

Vaso de Luz 2009

Como recordaba su paisano Juan Cruz con motivo de la presentación de su antología póstuma, el tinerfeño Manuel Padorno fue "uno de los poetas mayores de su generación, la del 50". Pero también fue un pintor que "dibujó esa luz que buscaba, y que encontró", a su regreso a las islas Canarias, "en libros de una pureza luminosa impresionante". 'El vaso de luz' es una de las pinturas que intenta atrapar esa obsesión sobre el lienzo; y es, además, un bellísimo poema antologado en La Guía (1996); y 'Comer y beber luz' es una de las más emocionantes y alucinadas canciones atlánticas publicadas tras su muerte. Y Vaso de Luz es, finalmente, un vino que homenajea todo eso ensamblándolo a su manera.

Pedro Mercado, propietario de Pago los Balancines y rendido admirador del artista, justifica así su gesto: "Vaso de Luz rinde tributo a Manuel Padorno en un intento de devolver mínimamente los innumerables momentos de disfrute artístico que su obra pictórica y poética me han reportado, intento sin duda baldío dado que la profunda huella que su forma de entender el mundo ha ido dejando en mi es difícilmente comparable". En cualquier caso, conviene saber que este sobresaliente caldo viene a sumarse a Salitre, el primero de los 'bootleg wines' (vinos de contrabando) de la bodega extremeña, dedicado al cantautor Quique González en alusión al título de una canción y de un disco que, a su vez, remitían a la madrileña calle en la que residió.


Pago los Balancines es, en realidad, un viñedo de Oliva de Mérida rodeado (naturalmente) de olivos y monte, y situado en alto, entre dos sierras, donde "es mimado por aires del Atlántico en pasillo de encuentro con el Mediterráneo". Sobre el terreno, la propiedad solo dispone de un centro logístico, pero sus vinos son elaborados en la bodega particular de quien es, a la vez, enólogo y socio de la empresa, Fernando Toribio.

The Bootleg Wines, la serie que incorpora el subtítulo 'Rare and Unreleased' (raro e inédito), es una colección que cataloga vinos de altísima calidad, hechuras singulares y edición muy limitada que rinden homenaje a personas del ámbito cultural y, de momento, su puesta en marcha está resultando más que satisfactoria: Salitre fue considerado (oficiosamente) como el mejor monovarietal español de garnacha tintorera de su año y Vaso de Luz ha repetido reconocimiento, esta vez referido a los vinos elaborados con cabernet sauvignon, como atestigua su primer puesto en diferentes guías comerciales (Peñín, La Semana Vitivinícola, Palacio...).

Cuentan sus productores que Vaso de Luz se embotellará únicamente en años excepcionales (de momento, solo la cosecha de 2009) y que su proceso de elaboración fue extremadamente delicado: cuidada selección, transporte nocturno en pequeñas cantidades, depósitos especiales y remontados manuales, para extraer todo lo que la uva fue acumulando durante el año: "su expresión frutal, su color, su estructura". Una vez finalizada la fermentación alcohólica, el líquido elemento fue trasladado a las barricas de roble francés en las que realizó la fermentación maloláctica, donde permaneció durante veinticuatro meses.

La botella que hoy hemos compartido el tabernero y yo no ha dejado mentir a la nota de cata oficial: "Color cereza picota muy intenso. En nariz destaca por su intensidad. Concentrado, sutil, elegante. Roble cremoso, notas varietales, fruta madura y mineral. En boca es complejo, de taninos maduros y persistente". El enólogo Anders Vinding-Diers, que conoce bien esta variedad bordelesa (se educó vitivinícolamente en su terruño originario) y los suelos extremeños (donde ha instalado su bodega, Mirabel) defiende que Vaso de Luz es "un vino que expresa 100% su terroir, elegante, cálido y al mismo tiempo fresco y limpio". Por su parte, José Joaquín Cortés, Nariz de Oro 2012, lo ha definido como "un cabernet muy elegante y armónico, cálido y muy pulido y refinado de taninos en su paso gustativo" y, aparte de redundar en lo más obvio, sostiene que se trata de "una versión muy diferente y original de una cabernet española, con sutileza aromática, justa en potencia, menos aguerrida y tendente al equilibrio gustativo". Para terminar, lo ha llamado "vino con memoria": con eso lo dice todo aunque parezca no decir nada.


Vaso de Luz

2009

Cabernet Sauvignon

24 meses en barrica de roble francés

15% alcohol

DO Ribera del Guadiana

Pago los Balancines, Oliva de Mérida, Badajoz, Extremadura, España

27.5.14

Ni sí ni no sino todo lo contrario

La comunicación y el vino son dos insaciables chupópteros que tanto me dan como me quitan. Resumiendo: tiempo, dinero y relaciones. Por separado, me seducen. Juntos (y revueltos), me resultan irresistibles. Por eso, se me hace la boca agua cuando me topo con un titular como 'La información y la venta de vino, directamente relacionadas', aunque al cabo termine descubriendo que solo se trata de un espejismo en medio del desierto (des)informativo.


La ilusión pasajera se la debo, una vez más, a Castro Galiana, una empresa dedicada a la elaboración de informes de medios y al asesoramiento comunicativo de bodegas. El tabernero me ha pasado hoy, para que le echara un ojo, la última comparativa efectuada por la consultora valenciana, que relaciona la presencia mediática de los vinos de Castilla y León (pertenecientes a las denominaciones Bierzo, Cigales, Ribera del Duero, Rueda, Tierra de León y Toro) en los años 2012 y 2013 con las cuotas de venta computadas por la encuesta Nielsen en esos dos años, facilitadas recientemente por el gobierno castellanoleonés.

De entrada, la cosa prometía, aunque doña obviedad se adueña rápidamente del argumentario: "La imagen del vino entre los consumidores es fruto de una comunicación sostenida durante largos periodos de tiempo y estimamos que incrementar o reducir los esfuerzos de comunicación ha de incidir necesariamente a medio y largo plazo en el nivel del consumo". No debemos olvidar que el artífice del informe es, en este caso, juez y parte, pues se gana la vida proponiendo estrategias comunicativas. Por eso, hasta aquí, todo es perfectamente entendible. Sin embargo, en el siguiente punto, aparece el desconcierto: "Detectamos una alta proximidad entre las ventas y la penetración que alcanzan en prensa los vinos tintos y rosados de Castilla y León; mientras que los blancos de la región se venden en mucha más proporción que la notoriedad que alcanzan en los medios". ¿Mande?

O sea que han realizado un análisis cuya conclusión es que no hay conclusión, pues en unos casos la presencia mediática va pareja a las ventas pero en otros no, que es tanto como decir que la penetración en la prensa y el éxito comercial no tienen absolutamente nada que ver. Una deducción que sitúa en una delicada tesitura a la empresa y que, por el camino, arruina la tesis defendida en el titular y la entradilla del trabajo: la presencia mediática de los vinos de Castilla y León guarda una relación directa con las ventas de algunos tipos de vino e indirecta con las del resto, como aclara el propio informe: "Si se considera la cuantía proporcional de sus ventas, observamos en la DO Rueda una discreta política de comunicación. En el caso de Ribera del Duero y de otras denominaciones es mucho más paralela su presencia mediática y sus niveles de ventas".


No obstante, Castro Galiana sigue barriendo para casa, pese a las notables evidencias: "La prensa en España ha destinado en 2013 más de tres mil páginas no directamente publicitarias [ejem] a glosar catas, bodegas, personalidad de los elaboradores, eventos y también a resaltar la incidencia económica del sector; por lo tanto es un medio fundamental a la hora de amplificar esa propagación del vino". ¡Pero cómo! ¿No habíamos quedado en que unas veces sí y otras no? A ver si nos aclaramos.

26.5.14

Cuando el hígado es la diana

Jot Down es, (in)discutiblemente, el mejor magacín cultural del momento. De España y de parte del extranjero. Definido a sí mismo como "contemporary culture mag", sus páginas (reales y virtuales) se afanan cada día en mantenerse fieles a sus postulados iniciales: "Analizar con humor las cosas serias, abordar la cultura y el ocio desde otra perspectiva y departir con sus protagonistas de forma diferente. [...] Entretener sin ser superficiales, informar sin caer en una frialdad impersonal". Su irrupción en la web se produjo el 16 de mayo de 2011 y su primera edición impresa salió a la calle en junio del año siguiente. Desde entonces, sus centenares de (larguísimos) artículos digitales reciben más de seiscientas mil visitas mensuales, cuya duración media se acerca a la hora, y sus monográficos en papel suman otras cuantas decenas de miles de lectores. Sus responsables barruntan que "el siglo XXI es y será la era del caos cultural" en la que "la cantidad sustituye a la calidad y el dictado de las agencias sustituye al cultivo del propio criterio". Por eso llevan ya tres años huyendo de todo ello y llamando a las cosas por su nombre.

Los contenidos de Jot Down, que yo leo con fruición en sus dos formatos (gratis total en la red y pagando algunos euros por la revista en papel), son de lo más variopinto, pero rara vez dejan indiferente. Esta tarde, mientras me adentraba en su inabordable fuente de sabiduría desde mi rinconcito tabernario, me he topado con un relato que no quiero dejar de compartir con todos los amantes de la priva. Se trata de la historia (inconclusa) de Andy Fordham, un dardista de élite cuya peripecia se ha convertido en el paradigma de las tempestuosas relaciones entre alcohol y deporte. El artículo viene firmado por E.J. Rodríguez y, dada su considerable extensión (cuya lectura completa recomiendo), extraigo aquí algunos párrafos que pondrán en un brete a los aficionados al bebercio y a las emociones fuertes:


"En sus mejores años de competición le llamaban 'el Vikingo'. No resulta extraño: medía 1,83 de altura y en algún momento llegó a estar cerca de los doscientos kilogramos de peso; además lucía tatuajes y una larga melena estilo mullet. No podía evitar llamar la atención aunque solamente fuese por su volumen corporal: a veces se le ha llamado 'el peso pesado de los dardos".
"Nació en Charlton, una zona de Londres. Nadie lo diría viendo su aspecto durante sus mejores años como lanzador de dardos, pero de joven fue un chaval muy atlético, delgado y tan rápido que todos le llamaban 'galgo'. Le gustaba mucho el fútbol, era un ávido seguidor del Glasgow Rangers y jugaba a la pelota siempre que podía, además de practicar el atletismo. Fue precisamente a través del fútbol y por pura casualidad como descubrió los dardos: a sus compañeros de equipo les faltaba una persona para poder echar unas partidas y pidieron a Andy que se uniera. [...] En 1995, con treinta y dos años, se clasificó para su primer campeonato mundial".
"No resulta sorprendente que a un jugador que acude por primera vez al campeonato le terminen consumiendo los nervios. Eso fue lo que le sucedió a Andy Fordham en 1995. Ya antes de la primera ronda descubrió que la situación le superaba. Se puso 'increíblemente nervioso' y decidió que la única manera de combatir aquel nerviosismo era bebiéndose unas cervezas. [...] A fin de cuentas, el moderno juego de dardos nació en los bares; en el mundillo anglosajón dan por hecho que la diana y las pintas de cerveza van prácticamente de la mano. Pero, naturalmente, un buen jugador querrá controlar su ingesta de alcohol para no perder la puntería, así que todo tiene sus límites".
"No controló demasiado la ingesta el día de su debut mundialista. Atenazado por la ansiedad antes de su primera eliminatoria, se dejó llevar: 'Bebí un montón. Y sucedió lo peor que podía suceder. Que funcionó. Llegué a las semifinales'. El alcohol, sorprendentemente, no le había quitado la puntería. En cambio sí había eliminado los nervios y la angustia de la situación. Le permitió salir a competir sintiéndose en calma. Estaba aislado del público, de las cámaras, de los ruidos. Le tranquilizó y le dejó centrarse única y exclusivamente en el tablero. Sí, había bebido unas cuantas cervezas, pero seguía jugando bien. En su mente, eso iba a marcar una asociación indeleble entre el alcohol y la alta competición, de la que ya no iba a poder desprenderse. [...] Algunas de las personas que lo conocieron en competición jurarían y perjurarían después que nunca lo habían visto borracho. Cuando en realidad lo que sucedió era precisamente todo lo contrario: que nunca lo habían visto sobrio".
"Desde 1995 hasta 2004 se clasificó todos los años para el campeonato mundial de la BDO, y eso que su consumo de alcohol en las competiciones iba en aumento conforme parecía aumentar su tolerancia a los efectos de la bebida. [...] Su récord, decían, estaba en sesenta botellas de cerveza diarias, más el licor que consumiera aparte. Aquello hubiese bastado para que cualquier individuo adulto tirase los dardos a las paredes. Pero él seguía jugando bien: no lanzaba los dardos a la pared, sino a la diana. No obstante se había convertido en un alcohólico, y en grado muy severo".
"En el año 2004, tras una década en la élite, llegó su consagración absoluta cuando consiguió finalmente ganar el título mundial. Bebiendo, cómo no. Y una vez más: 'fue lo peor que pudo haberme pasado'. Se convirtió en una celebridad [...]. Empezaron a hacerle entrevistas, solicitaban su presencia en exhibiciones o lo invitaban a actos sociales de todo tipo. Aquello le producía una ansiedad añadida: no se sentía preparado para afrontar todo el trajín mediático, para estar repentinamente bajo los focos. Pero siempre tenía su particular medicina a mano".
"Aquel mismo año 2004 en que se proclamó campeón participaba en una importante exhibición contra el otro campeón mundial vigente (el de la PDC) cuando sufrió un colapso en pleno torneo".
"Su nueva fama le permitió participar en un reality show televisivo donde algunos personajes famosos acudían para perder peso bajo la supervisión de entrenadores. [...] En 2005, mientras estaba a régimen, se clasificó de nuevo para el mundial, pero perdió en la primera ronda. Su descenso de peso estaba haciéndole perder la puntería. La energía cinética de su brazo cambiaba. Ya no era tan bueno como antes. [...] Aunque en el 2006 se clasificó de nuevo para el mundial, señal de que seguía perteneciendo a la élite, volvió a perder en la primera ronda".
"Aunque también se clasificó para el campeonato mundial del 2007 y se desplazó al evento, no llegó a jugarlo. Todo estaba preparado para la primera ronda cuando empezó a sufrir dolores en el pecho y una severa dificultad para respirar. Apenas podía caminar unos metros sin perder el aliento. Sentía que se estaba asfixiando. Evidentemente, algo grave le estaba sucediendo y ya no había manera de ocultarlo. Tuvo que ser hospitalizado de urgencia. [...] Los médicos le dijeron que sufría cirrosis hepática y que la enfermedad estaba muy avanzada. El alcohol había destrozado más de tres cuartas partes de su hígado".
"Hoy, a sus cincuenta y un años, ya es un feliz abuelo. Eso sí, nunca ha vuelto a ser el mismo jugador. Él mismo lo achaca, como decíamos, a que su cuerpo ha cambiado y que el delicado equilibrio de movimientos que requiere lanzar con puntería ha sufrido por ello. Pero también a problemas de espalda que padecía desde hace años pero cuyos dolorosos síntomas ya no puede mitigar con el alcohol. Ha continuado recibiendo invitaciones para algunos torneos y exhibiciones importantes. Sus resultados ya no son buenos pero Fordham no se rinde y continúa intentando recuperar la forma. De todos modos, sigue vivo, que es lo más importante".


La fábula de las aventuras y desventuras de Andy Fordham esconde una moraleja evidente, aunque para recomendarnos beber con moderación se bastan y se sobran las autoridades sanitarias. Lo que parece claro es que nadie necesita sesenta cervezas diarias para ser campeón deportivo. O sí.

24.5.14

Blanco de Tempranillo 2011

Eso que los franceses llaman 'blanc de noir' no es otra cosa que vino blanco de uva tinta y, pese a la sorpresa que provoca en los neófitos, no debe ser visto, ni mucho menos, como un invento revolucionario. De hecho, gran parte del champagne (blanco) que se bebe en el mundo recurre a las variedades tintas para dotarse de equilibrio, estructura y complejidad, sin que nadie se haya llevado hasta ahora las manos a la cabeza. Esto es posible porque, salvo en contadas excepciones, la pulpa de las uvas tintas es blanca, lo que permite que su mosto pueda fermentar en solitario, convenientemente desprovisto de hollejos y del resto de los elementos que contienen coloración, dando lugar a estos grandes desconocidos del mercado vinícola.


El Blanco de Tempranillo de Pago del Vicario pertenece a esa extraordinaria categoría de vinos blancos de uva tinta, que no debe ser confundida con los diferentes tempranillos blancos aparecidos en los últimos años en Rioja, toda vez que las investigaciones de una mutación albina de la tempranillo común han comenzado a dar sus frutos y que el Consejo Regulador de la Denominación de Origen ha aprobado su uso. La variedad tempranillo blanco surgió de la alteración natural de una cepa de tempranillo tinto descubierta en 1988 en la localidad riojana de Murillo de Rio Leza y, tras un exhaustivo seguimiento, se ha comprobado que lo único que la diferencia de su hermana es el color de la epidermis de la baya.

Pero el Blanco de Tempranillo es otra cosa: concretamente, un capricho de la enóloga Susana López Mendiondo para dar una lección de enología moderna al vulgo y, mayormente, para epatar con los consumidores ávidos de excentricidades; una ocurrencia elaborada exclusivamente con el mosto obtenido del prensado de la uva, fermentado a muy baja temperatura y sometido posteriormente a dos meses de bâtonnage sobre sus lías en depósito que le imprimen un carácter sin igual.

El resultado es, según la propia bodega, un caldo "amarillo pálido acerado, con ribetes verdosos, con densidad. Glicérico y muy brillante". La nota de cata oficial subraya su "expresión frutal" en nariz, "recordando a la papaya, a la ciruela y a la piel del melón, con notas de hinojo y hierbabuena", y asegura, además, que su boca es "amplia, fresca y untuosa, destacando la agradable combinación entre el dulzor frutal de la piña y la frescura de la hierba fresca". Por último, refiere una "persistencia alta" y un "postgusto largo".

Para Carlos Martín Lobera, mandamás enológico de lugerdelvino.com, este vino varietal supone "un golpe de aiere fresco para los sentidos" en el que sobresale una "cuidada acidez con notas frescas cítricas de limón y pomelo" que no puede esconder los "aromas de fruta roja fresca" de la tempranillo. En el caso de la copa con la que hoy me he refrescado en la taberna, el blanc de noir de Pago del Vicario se presentaba afeado por notables impurezas blanquecinas, que enturbiaban la copa levantando unas sospechas, en cualquier caso, insuficientes para anular todo lo relatado más arriba.


Blanco de Tempranillo

2011

Tempranillo

13,5% alcohol

Vino de la Tierra de Castilla

Pago del Vicario, Ciudad Real, Castilla La Mancha, España

23.5.14

Un carajillo real

En el diccionario de nuestra nunca bien ponderada Real Academia Española puede leerse que el 'carajillo' es una "bebida que se prepara generalmente añadiendo una bebida alcohólica fuerte al café caliente", algo que definitivamente se ha convertido en uno de mis placeres cotidianos. La culpa no la tiene el café caliente, por mucho que me guste cuando se presenta en taza diminuta (solo, expreso, puro), sino la bebida alcohólica añadida, que en mi caso tiene nombre propio: Luis Felipe.

Según los centinelas de nuestra lengua, 'brandy' es una voz inglesa procedente del neerlandés 'brandewijn' (literalmente "vino quemado") que ha devenido en el "nombre que, por razones legales, se da hoy comercialmente a los tipos de coñac elaborados fuera de Francia y a otros aguardientes". De entre todos los que se producen en nuestro país, que ni son pocos ni cobardes, Luis Felipe Gran Reserva es, sin lugar a dudas, uno de los más especiales.

Carlos Morales fue el primer propietario de esa legendaria etiqueta y, tras su retirada en 1965, fue la familia Rubio quien se hizo cargo de su elaboración y comercialización, labor que sigue realizando en la actualidad la tercera generación de unos bodegueros que se las han apañado a las mil maravillas para mantener la calidad y, sobre todo, el aura mítica de un producto realmente singular.


La leyenda asegura que en 1893 aparecieron en una bodega de La Palma del Condado (Huelva) unas barricas de roble que contenían un brandy envejecido distinto a todo lo conocido hasta entonces. Aquellas barricas casi olvidadas estaban señaladas con la mención Luis Felipe por haber sido reservadas para el que fuera duque de Montpensier e hijo del último rey de Francia (Luis Felipe I), Antonio de Orleans, que residió en el sevillano palacio de San Telmo hasta 1890.

Desde entonces se ha mantenido su crianza artesanal mediante el sistema de solera y criaderas en botas de roble americano envinadas con olorosos y Pedro Ximénez muy viejos, que perpetúan el (in)superable nivel de un brandy que, en su versión más accesible, ronda los sesenta años de envejecimiento y que se ha granjeado una legión de fieles merced a todo lo que promete su nota de cata oficial: "Vista: color caoba oscuro muy intenso con ribetes dorados y reflejos ambarinos. Nariz: aroma suave de vainilla y de madera añeja bien envinada. Destacan los aromas de crianza, delicados y persistentes en vía retronasal. Boca: Abocado, suave, con mezcla de notas de amargor. Excelente final de boca y retrogusto. Redondo y equilibrado".

El carajillo que yo tomo (casi) a diario en la taberna es un perfecto ensamblaje integrado por un chorreón sin flambear de Luis Felipe, un sobre de azúcar blanquilla y una taza de aQtivus de intensidad 8, extraído de una cápsula monodosis de café molido de tueste natural elaborado en Campo Maior (Portugal) por Delta, cuyo contenido aumentado de cafeína procede exclusivamente de ingredientes naturales (guaraná y ginseng). Pero eso importa poco: en un carajillo común, lo imprescindible es un buen café; en un carajillo de Luis Felipe, el café es lo de menos.

22.5.14

El advocate Gutiérrez

Luis Gutiérrez Santo Domingo se sumó hace un año al panel de críticos de The Wine Advocate en sustitución de Neal Martin, que se había dedicado a regalar puntos a diestro y siniestro y que, a su vez, había reemplazado a Jay Miller, que dimitió como consecuencia de que su capacidad crítica fuera puesta en duda. De esta forma, la publicación presidida por Robert Parker y dirigida por Lisa Perrotti-Brown encomendaba por primera vez la valoración de los vinos de un país (en este caso, España) a un catador nativo y, de paso, derribaba una barrera que hasta entonces parecía infranqueable: por fin un apellido español se codeaba con los gurús anglosajones. Como colofón, el fichaje de Gutiérrez suponía un duro golpe de mister Parker a su competidora más directa, la británica Jancis Robinson, en cuya publicación digital venía colaborando el exinformático abulense desde hacía un par de años.

Cofundador de elmundovino.com, donde publicó asiduamente junto a Víctor de la Serna (quien lo define como "totalmente incorruptible"), Juan Manuel Ibáñez, Ignacio Villalgordo, Jens Riis o Juancho Asenjo, hasta convertirla en una de las fuentes de información y opinión vitivinícolas más caudalosas y ¿puras? de nuestro país, en el currículo de este wine writer (así es como se presenta en sus tarjetas de visita) figuran, además, el premio Nacional de Gastronomía 2012 a la mejor labor periodística, destacadas actuaciones en concursos internacionales de cata por parejas y por equipos, y un par de libros sobre el vino, firmados siempre en colaboración con otros autores.


Aunque no es la primera vez que desvela los secretillos (confesables) de su nueva responsabilidad, que también afecta a los vinos de Argentina y Chile, ha sido ahora cuando ha concedido su primera entrevista "in extenso" como catador de The Wine Advocate, realizada por Fernando Lázaro y publicada en La Posada, suplemento de la edición regional de El Mundo en Castilla y León. En la entradilla a dicho cuestionario se advierten ya sus preferencias ("aprecia los vinos finos y elegantes y aborrece la excesiva concentración y la madera") y se ofrecen abrumadores datos que nos acercan a su titánica tarea: "por sus narices pasan cada año alrededor de 4.000 vinos".

El tabernero y yo hemos rastreado hoy sus respuestas con la (vana) ilusión de extraer algunas conclusiones acerca del zeigeist del vino y su manera de abordarlo, pero hemos llegado al punto y final más desconcertados que al principio, tras un viaje que nos ha obligado a hacer paradas en la risa, la vergüenza ajena, el escándalo y, por qué no decirlo, una (mínima) admiración. Veamos.

Para empezar, Luis Gutiérrez adelanta una (in)creíble aclaración destinada a los más suspicaces: "Sigo siendo el mismo: sigo teniendo las mismas ideas y nadie se debe sorprender". Sobre su rutina diaria, regala algunas explicaciones pertinentes: "Yo no puedo catar en un minuto y medio un vino porque ahí es donde se cometen los errores...". Lo dice, en cualquier caso, para justificar su ritmo laboral: "Es muy variable, porque hay que hacer mucho trabajo de selección y de coordinación, y mucho de escribir y de editar... Hay días que no cato ningún vino y hay otros que cato cien, el día extremo... Pero eso no tiene ninguna gracia ni se lo recomiendo a nadie". Por supuesto. ¿Cómo fiarse de la opinión sobre un vino catado tras hacer lo propio con otras varias decenas? ¿Resulta igual de fiable la valoración del décimo que la del centésimo?

Cuando llega al espinoso tema de la cata a ciegas, el flamante secuaz de Parker comienza a titubear: "No, por una cuestión de simplificación logística. Ya catar la cantidad de vinos que tengo que catar es complicadísimo y, por mucho que soy meticuloso, cometo un montón de errores, me equivoco en datos, añadas, nombres... por el volumen tan bestial de vinos que tenemos que probar, y estoy fatal de tiempo haciéndolo así... Si lo catara a ciegas tardaría el doble y cometería muchísimos más errores". Milongas, naturalmente, para apostar sobre seguro. Respecto a los condicionamientos de las etiquetas, sirve unos centilitros de desvergüenza revestida de sensatez: "Creo que soy capaz de ser bastante objetivo, pero todo esto al final es subjetivo, estamos hablando de opinión. Y esto es algo que también la gente debería de entender: todo esto no son ni dogmas de fe ni verdades absolutas, son opiniones. El ver la etiqueta y saber qué vino estás probando ayuda a meterlo en el contexto y a entenderlo. Todo tiene su parte positiva y negativa, sus ventajas e inconvenientes, sus riesgos, porque en la cata a ciegas, sobre todo si es muy rápida, puedes cometer muchos errores y que se te pasen cosas, mientras que si estoy catando algunos vinos que sé lo que son, hay botellas que si las cato en casa las pongo el tapón, las meto en la nevera y las vuelvo a probar por la noche, y luego la vuelvo a probar mañana. ¿Es mejor o peor? Es distinto. La cata a ciegas saca muchas cosas y con la etiqueta vista se sacan otras, es diferente. Lo ideal sería catar al principio a ciegas y luego recatar todos, pero claro...". Clarísimo.

Gutiérrez ya conocía de sobra cómo está el percal más allá de nuestras fronteras pero ahora que su sueldo es aflojado por una multinacional de la prescripción vinícola maniatada por numerosos conflictos de intereses se ve obligado, más que nunca, a bajarnos los humos: "En general, las zonas españolas tienen bastante menos peso del que nosotros nos pensamos. Hay una tendencia a creerse el centro del universo, no es exclusivo nuestro, suele ocurrir en casi todos los sitios y en los latinos más. Ribera del Duero tiene una imagen mucho más fuerte en España que en el resto del mundo, de eso no hay duda. Rioja es más conocido fuera, pero al final la gente conoce casi más algunos productores que las regiones". ¿Nuestro futuro? Incierto, como poco: "El potencial está claro que está ahí, otra cosa es que se trabaje de una forma correcta para que este potencial llegue a los vinos, y aquí creo que hay todavía bastante por hacer... Se ha crecido de una forma un poco rápida, un poco desbocada, la viticultura no se ha hecho demasiado bien y al final un gran vino es el resultado de muchos pequeños detalles, y si vas pasándote todos esos detalles no cabe cualquier cosa". Resumiendo, parece ser que nos falta perspectiva: "Nosotros nos creemos mucho más de lo que nos consideran por el mundo. ¿Por qué? Porque no tenemos la visión, la realidad de cómo está el mundo, para eso hay que viajar, hay que dedicarle mucho tiempo, dinero, esfuerzo...".


Con todo, el nuevo integrante del bufete Parker tiene que hacer verdaderos malabarismos para no entrar en contradicciones con la voz de su amo a la hora de enumerar las características que determinan la excelencia de un vino: "Tiene que expresarse, tiene que hablar, tiene que tener su personalidad, tiene que hacer que te entren ganas de querer comprarte una caja rápidamente, independientemente de lo que cueste...". Inmediatamente, el entrevistador acota: "¿Vinos más bebibles?". Y Gutiérrez prosigue acongojado su camino sobre el alambre: "Ahora mucha gente habla de vinos más bebibles, los vinos se tienen que beber, no se tienen que catar y, efectivamente, es un tema importante. Si la gente compra vinos porque impresionan mucho, porque son muy potentes, muy concentrados y luego resulta que cada vez se está comiendo más ligero y te das cuenta de que esos vinos los tienes en tu bodega y no los descorchas nunca...". Entonces, pregunta Fernando Lázaro, "¿qué es un 100, la máxima puntuación posible?".

Ante la pregunta del millón (de dólares), lo deseable hubiera sido una respuesta veraz, pero Luis Gutiérrez se descuelga con huecas ambigüedades: "Un 100 es un vino que es realmente único y excepcional, que me emociona, o sea que me pongo nervioso cuando pruebo ese vino, como cuando eras pequeño y descubrías un deporte y entonces te volvías loco y estabas todo el día con él... o en música, cuando oyes un grupo nuevo y te compras todos sus discos, una cosa así. Te entra una locura con un vino, independientemente de lo difícil que sea de encontrar, de lo que cueste: este vino lo quiero, quiero beberlo, quiero encima enseñárselo a mis amigos, quiero compartirlo". Lo que nos temíamos en la taberna: un capricho, generalmente moldeado por maniobras orquestales en la oscuridad (ya que estamos con la música) pero, en ningún caso, juzgado en función de parámetros medianamente objetivos. 

Tras apurar el último trago de una entrevista que se anunciaba como si con ella se iniciara una nueva era, el tabernero y yo hemos concluido que, mientras no se demuestre lo contrario, lo más rescatable es la aclaración hecha al principio del cuestionario: las opiniones de Luis Gutiérrez valen hoy exactamente lo mismo que hace un año, aunque cuesten algo más: no son las de un mesías llegado para resucitar el prestigio del vino español a corto plazo sino las de un simple aficionado que ha probado muchos más caldos que la media y los ha convertido en materia de estudio. Nada más. Y nada menos.

21.5.14

Abadía Retuerta Selección Especial 2009

Abadía Retuerta Selección Especial de 2001 fue distinguido en el International Wine Challenge celebrado en Londres en 2005 como el mejor tinto del mundo, y ese reconocimiento, que sus sucesores llevan a gala desde entonces como elemento estructural de su etiquetado, contribuyó sobremanera a situar en el mapamundi de la enología a la bodega sardonera, fundada en 1996 por la multinacional farmacéutica Novartis. Con un monasterio premostratense como epicentro, hoy reconvertido en el lujoso complejo enoturístico Le Domaine, la finca sobre la que se asienta la bodega perteneció a una sociedad de agricultores a los que Sandoz surtía de productos de sanidad animal. Eso fue hasta 1990, cuando la compañía química suiza se resarció de los impagos de sus propietarios agenciándose el latifundio, situado en plena 'milla de oro' de la Ribera del Duero. Unos años más tarde, tras la fusión de Sandoz y Ciba-Geigy para crear el gigante Novartis, Abadía Retuerta pasó a convertirse en la niña mimada del todopoderoso (y polémico) conglomerado biotecnológico.


Cuentan que durante la Reconquista, con el fin de asentar el cristianismo en tierras castellanas, el Conde de Castilla mandó edificar una red de conventos-fortaleza y que, como consecuencia de esto, en el año 1146 se construyó el monasterio de Nuestra Señora Santa María de Retuerta, fundado por Sancho Ansúrez. Y cuentan también que a los monjes de la orden de San Norberto les fue concedido terras et vineas, y que el segundo abad trajo desde Borgoña las primeras cepas de variedades francesas que fueron plantadas en dicho lugar y que hoy, convenientemente replantadas, ocupan poco más de doscientas hectáreas de las setecientas por las que se extiende una finca completada por monte y bosque repoblados con variedades autóctonas.

Situada en la margen izquierda del Duero, donde abunda el sol y escasea la lluvia, Abadía Retuerta sufre inviernos fríos y veranos ardientes, con grandes variaciones de temperatura entre el día y la noche. La cuenca del río, donde crecen sus vides, es producto de miles de años de erosión, aluviones, sedimentaciones y cambios en la composición del suelo, lo que ha dado origen a un terroir de gran diversidad donde varía la textura, la proporción de minerales y el agua que absorbe o retiene cada parcela de la finca. La filosofía de trabajo del equipo asesorado por Pascal Delbeck, bajo la dirección enológica de Ángel Anocíbar, radica en la vinificación por pagos. El suelo de cada una de sus cincuenta y cuatro parcelas tiene una composición diferente: arcillas a la orilla del río, guijarros y arenas a lo largo de la ladera, grava en las capas inferiores, caliza en las alturas... Por tanto, cada pago acoge una única variedad de uvas. Los viñedos se esparcen por las laderas de orientación norte, trepando desde la orilla hasta alturas que alcanzan los 850 metros, y esa diferencia de nivel, combinada con los distintos tipos de suelo, produce notables variaciones en el rendimiento de cada pago. En bodega, Abadía Retuerta destaca por el uso de la gravedad en todos los procesos de elaboración y por una sala de barricas enterrada bajo la ladera del monte que facilita de forma natural el control de la temperatura.

Tras un invierno bastante gélido y uno de los veranos más secos y calurosos de los últimos años, que pusieron a prueba la capacidad de reacción de sus responsables, Abadía Retuerta considera 2009 como la mejor añada de su historia particular. Su Selección Especial "de las mejores uvas de todas las parcelas" reparte su peso varietal al 75% en tempranillo, al 15% en cabernet sauvignon y al 10% en syrah, un coupage que fue envejecido durante casi año y medio en un total de 1.860 barricas de roble francés y americano que dieron de sí para llenar 550.000 botellas y 5.000 mágnum.


Víctor de la Serna, Jens Riis y Luis Gutiérrez, que fueron de los primeros en catarlo para elmundovino.com, ya advirtieron de su "perfil comercial", aunque no supieron a qué carta quedarse: "En la boca nos gusta más, está bien elaborado, con buena materia, pero con el exceso de roble. No necesitaba tanto baño". En cambio, la Guía Peñin 2013 se mostró mucho más generosa con los paganinis suizos: "Color cereza brillante. Aroma especias dulces, roble cremoso, expresivo, fruta roja, fruta madura, equilibrado, mineral. Boca sabroso, frutoso, tostado, taninos maduros, largo".

En Vila Viniteca, como es costumbre de la casa, lo que importa es el vino: "De color rojo granate intenso. En nariz es perfumado, con recuerdos de pimentón rojo, fruta roja y negra (cerezas, moras y fresas) y las especias marcadas que aporta la barrica (nuez moscada) así como chocolate y regaliz. Final ahumado y balsámico. En la boca tiene un tacto sedoso, y una textura rellena. Buena armonía y volumen, con taninos sedosos y redondos. Largo, placentero y persistente. Recuerdos finales de canela en polvo". Por su parte, Antonio Jesús Pérez Reina se las ingenia para batir un récord al alcance de muy pocos: consigue no decir nada en dos párrafos que son puro desperdicio y que cito aquí de corrido para que consten en acta: "Un vino lleno de color, por sus matices en nariz y en boca, su juventud es su mayor virtud, la integración con la crianza y la evolución en botella sus mejores exponentes. Aromas especiados arropa a la fruta roja que se muestra en una muy buena añada por su frescura e intensidad. Un vino muy fiable año tras año, que recrea ricas sensaciones en boca que expresan terruño, bonita complejidad porque se muestra poco a poco en la copa, nos va enseñando los matices que encierra. Sus taninos son finos y maduros y evolucionando. Un vino que se ha convertido en un valor seguro".

Pero la nota de cata que más me sorprende es la que viene firmada por Demos Bertran. Sus dos aproximaciones al Selección Especial 2009, separadas por un año de diferencia, se cierran destacando su "final largo", en lo que parece ser una opinión más o menos generalizada que no se corresponde en absoluto con lo que yo he experimentado esta tarde en la taberna, donde me he pimplado una botella a medias con la propiedad. El tabernero y un servidor hemos convenido en que se trata de un vino, como anuncian sus elaboradores, de "firme paso de boca, fresco, sabroso y equilibrado" pero en ningún caso "persistente y largo". Para nuestra sorpresa, este Abadía Retuerta incumple eso que distingue a un caldo correcto de uno excepcional. Es tan deliciosamente ingrato, que se va del paladar sin despedirse.


Abadía Retuerta Selección Especial

2009

Tempranillo, Cabernet Sauvignon y Syrah

16 meses en barricas de roble francés y americano

14% alcohol

Vino de la Tierra de Castilla y León

Abadía Retuerta, Sardón de Duero, Valladolid, Castilla y León, España

20.5.14

Cuando haces pop, ya no hay stop

Me gusta (y mucho) la idiosincrasia de popthewine.com. Comulgo especialmente con su labor desmitificadora y con su transparencia comercial. Sus responsables se definen a sí mismos como "unos fanáticos del vino" (como tantos) y su tienda virtual se anuncia (in)discretamente como una "vinoteca online de grandes vinos y pequeñas bodegas" (como tantas) pero... Su admirable filosofía se resume en unos pocos, amén de atinados, mandamientos: "pequeñas bodegas familiares que nos ofrecen grandes vinos, vinos que merece la pena recordar, pequeñas locuras y grandes apuestas"; "vinos con nombre propio, huyendo del marketing engañoso, de las etiquetas engañosas, de las marcas blancas con sonoros nombres que no se sabe quien los elabora... bodegas honestas, de calidad..."; "ninguna referencia a las guías más prestigiosas, a los gurús del vino, no vendemos etiquetas, simplemente vendemos vino". Parece sencillo pero no lo es. Debería ser lo habitual pero es bastante infrecuente.


Siguiendo lo que ya es tradición entre sus competidores, popthewine.com no se limita a ser un simple canal comercial. Para mí es, por sobre todas las cosas, el lugar por el que de cuando en cuando me doy un garbeo virtual para solazarme sin moverme de mi rinconcito tabernario. Mientras paseo entre sus contenidos, que desmontan con generosas dosis de sensatez las frivolidades consuetudinarias del (micro)cosmos enológico, aprendo y sonrío, que son dos beneficios que cada día resultan más (im)pagables. Principalmente con las tiras cómicas protagonizadas por Narciso Napia, su "sommelier snob".


Desde el 28 de junio de 2012, el tal Napia se viene dedicando con recurrente mala baba a arruinar los falsos prestigios, los bombos mutuos, las noblezas impostadas, la inútil parafernalia y, en resumidas cuentas, el postureo puro y duro que se ha adueñado, de un tiempo a esta parte, del mundillo vinícola. Narciso Napia nació para tocar las narices a sus colegas más afectados y, casi dos años después, su tarea se nos sigue antojando igual de imprescindible.


Las viñetas de popthewine.com han denunciado hasta ahora, haciendo gala de una gracia considerable, la mala praxis de los sumilleres vendemotos, el tramposeo enológico de las bodegas más indignas, el mamoneo de la crítica y las guías espirituales bienpagás... Narciso Napia no deja títere con cabeza y lo más excitante para sus seguidores es que aún le quedan muchos muros por derribar.

19.5.14

Sobrebeber, sobrevivir

Kingsley Amis está considerado, según ha recordado el crítico José Antonio Gurpegui, como uno de "los diez mejores autores británicos del siglo XX", honor que para buena parte de los lectores anglófilos comparte con su propio hijo, Martin, ilustre representante de la nueva narrativa publicada en el Reino Unido a lo largo de las cuatro últimas décadas. Papá Amis fue un reconocido y multipremiado novelista, poeta, crítico literario y profesor, autor de una veintena de novelas, relatos breves, tres libros de poesía, guiones de radio y televisión y libros de crítica literaria y social. Y fue, además, el ser de carne y hueso más parecido al parabólico Santo Bebedor que protagoniza la leyenda relatada por Joseph Roth, algo de lo que puedo dar fe ahora que ya he pasado la última página de Sobrebeber, una compilación de tres de sus libros dedicados al drinking editada en España por Malpaso.


En el paratexto de la contratapa de esta embriagadora obra no se deja lugar a las dudas acerca de la obsesión que presidió la vida de Kingsley Amis: "La bebida no fue para él una mera contingencia o un complemento de pasiones más hondas, sino una necesidad perentoria, una alegría autónoma y, a menudo, el único argumento de la obra". En el tomo con el que acabo de saciar mi sed de literatura etílica se reúnen tres libros de artículos (Sobre el beber, El trago nuestro de cada día y El estado de tu copa) publicados por Amis entre 1971 y 1984. Juntos (y gloriosamente revueltos) vienen a conformar un heterodoxo ensayo sobre el bebercio en el que se imparte doctrina sobre materias de tanta envergadura como "la naturaleza ontológica de la resaca, la dieta del beodo, los ardides del tacaño o las fórmulas (seguramente conjeturas) para eludir una borrachera".

Dichos artículos, como bien ha señalado Miqui Otero, "más que perderse en digresiones clínicas o poéticas, constituyen esa especie de guía maravillosa que se le chiva a un compañero de barra, ya que en muchos casos las reflexiones surgen de largas horas junto a coroneles condecorados en el arte de mirar el mundo a través de telescopios con forma de botella". Amis tenía claro, y lo evidencia con toda la contundencia a su alcance, que "la raza humana no ha descubierto otro sistema para eliminar barreras que resulte la décima parte de eficaz y oportuno a la hora de permitirte relacionarte con los demás en un entorno agradable: basta con interrumpir tu sobriedad". Por eso mismo podemos asegurar sin temor a equivocarnos, como hace Javier Pérez de Albéniz, que esta "apología del bebercio" está firmada por "un especialista, una esponja" que, "a juzgar por lo que cuenta, con el detalle que lo cuenta, y por la pasión que derrocha al contarlo, se lo debió beber todo".

Kingsley Amis, que no se fiaba de quienes no bebían, advierte en el prólogo que "la conversación, la risa y la bebida están conectadas de un modo especialmente íntimo y profundamente humano", y a demostrarlo consagró esta biblia etílica que no para de sumar adeptos. Para los espíritus más elevados (Gurpegui), Sobrebeber intenta "elevar a la categoría de filosofía existencial -no existencialista-, o si se prefiere de modo de vida, la ingesta de bebidas espirituosas". Para los más terrenales (Pérez de Albéniz), se trata lisa y llanamente de un libro "tan letal para el hígado como un gancho de Mike Tyson". Para mí, que ni vuelo tan alto ni me arrastro tan bajo, se trata de un irreverente (anti)manual en el que el lector no puede resistirse a subrayar frases como la siguiente: "La mujer y los demás parientes siempre están llenando la nevera, que consideran suya, incluso el congelador, de porquerías irrelevantes como la comida, sin ir más lejos".


Respecto al vino, Amis ya veía venir en el momento de redactar estos escritos (recordemos: hace entre tres y cuatro décadas) el floreo que terminaría imponiéndose: "Sigue los consejos de los tenderos, de los clubs de vinos, de los camareros que entienden y hasta de los periodistas especializados, pero ten siempre presente que el veredicto final es cosa tuya. De la misma manera que ciertos abogados mantienen sedados a sus clientes basándose en una sofisticada jerga legal, también hay esnobs del vino, supuestos expertos y vendedores celosos conspirando a tu alrededor para convencerte de que el tema es demasiado misterioso para ser abordado por una persona normal carente de asistencia continua. Esto es, por decirlo de una manera educada, una fantasmada".

En definitiva, Kingsley Amis fue, siguiendo el lenguaje empleado por nuestros ministros lenguarones, alguien que bebía por encima de sus posibilidades; un individuo que entendía la borrachera como una de las bellas artes para el que Sobrebeber fue la única manera alcanzable de sobrevivir.

17.5.14

Antídoto 2011

El tabernero me sirve una copa de Antídoto y, de primeras, no me atrevo a echarme para el cuerpo más que una pequeña dosis. Antes de continuar con la ingesta, trato de descifrar el enigma que esconde su nombre acudiendo a la contraetiqueta de su minimalista y enjoyada botella: "Del lat. antidotus: Medicina o sustancia que contrarresta los efectos nocivos de otra. Medicamento contra un veneno". Mientras intento adivinar cuál será el tósigo que trata de neutralizar este noble bebedizo, le atizo algunos apresurados tragos, con la esperanza puesta en que las nefandas consecuencias de aquel no lleguen a hacer acto de presencia.

Antídoto es el nombre con el que fueron bautizados un vino (primero) y una bodega (más tarde) puestos en marcha por Hernando y Sourdais, una pareja de winemakers francoespañola que ha hecho méritos suficientes como para que las autoridades de Atauta levanten un monumento en su honor en medio de la estepa soriana. David Hernando fue director técnico de Atalayas de Golbán de 2004 a 2010 y Bertrand Sourdais fue cofundador y director técnico de Dominio de Atauta desde su creación en el año 2000 hasta 2010, dos bodegas hermanadas que propiciaron un encuentro cuyos mejores y más variados frutos han comenzado a brotar cuando ambos responsables han quedado liberados de sus antiguos compromisos tras un cambio en la propiedad de sendas casas.

Sourdais pertenece a la quinta generación de hacendados del Domaine de Pallus, una bodega situada en Chinon, en pleno valle del Loira, dedicada a extraer lo mejor de la cabernet franc. En su currículo figuran, además, trabajos para Château Nénin en Pomerol, Álvaro Palacios y Santa Rita (Chile), Château Léoville Las Cases y Château Mouton Rothschild. Por si todo esto fuera poco, en la actualidad trabaja codo con codo junto a su esposa, Olga Escudero, en un nuevo proyecto de vinos de finca: Dominio de Es.


El objetivo de Hernando y Sourdais es prorrogar una labor dedicada durante años a producir los vinos más heterodoxos de la Ribera del Duero. El valle de Atauta forma parte del tercio más oriental de la citada denominación de origen y está fuertemente condicionado por un clima continental con influencia montañosa, caracterizado por inviernos fríos y secos, acompañados de nieve; primaveras tardías con temperaturas bajas y con una pluviometría abundante; veranos secos y cálidos, con noches relativamente frescas; y otoños de temperaturas bastante bajas.

El caldo de cultivo de la bien avenida sociedad creada en 2010 está formado por muchas y pequeñas parcelas de centenarias viñas prefiloxéricas situadas a unos mil metros de altitud, sometidas a un exhaustivo control de los rendimientos siguiendo los parámetros de la viticultura ecológica. En las flamantes bodegas Antídoto se da prioridad a las maceraciones sobre las extracciones, envejeciendo los caldos en barricas bordelesas de segundo o tercer uso con la sana intención de que la madera no se sobreponga a la expresión de la fruta.

En cuanto a los resultados, en su primera toma de contacto una de las tríadas de elmundovino.com, compuesta por Jens Riis, Víctor de la Serna y Ernestina Velasco, echó por tierra las pretensiones de los productores: "Aquí hay mucha fruta roja y negra vigorosa, un tanto escondida por una madera con recuerdos de serrín. Esperemos que se libere pronto de ella y se imponga su buena materia. Conviene esperarlo". Unos meses más tarde, De la Serna añadía su punto de vista de manera individual, corrigiendo ligeramente la percepción inicial: "Aromático, con tanta fruta negra (arándanos) como roja (grosellas, guindas). Algo marcado aún por el roble. Tánico, sabroso, muy buena acidez. Moderadamente largo final".

En su habitual tono de charanga y pandereta, David de Jorge redunda en lo ya apuntado: "Otro vino para sacarle chispas en época estival. Antídoto contra el calor, el aburrimiento y la tristeza. Un ribera soriano, muy ribera en nariz, con buena intensidad, con mucha fruta roja y negra, tostados y especias en su justa medida. Cuando lo bebes es voluptuoso pero fresco, pasa tope fluido y da un regustín del copón, con mucho peso de la fruta, y un recorrido largo y atractivo. Para pimplárselo en menos de lo que canta un gallo".

Tonterías aparte, conviene rescatar que se trata de un ribera muy ribera, complaciente con el catador pero con mucho margen de mejora para sus prestaciones.


Antídoto

2011

Tinto fino

11 meses en barrica

14,5% alcohol

DO Ribera del Duero

Viticultura y Vinificación: Hernando y Sourdais, San Esteban de Gormaz, Soria, Castilla y León, España

Embotellado: Bodegas Valhondo, Vadocondes, Burgos, Castilla y León, España