14.4.14

El 2 x 1 de Bárcenas

Acabamos de saber que el hombre que transformó 13 Rue del Percebe en Génova 13, el fulano que convirtió la comiquera casa de los líos peperos en el protoibérico templo de la corrupción, el delincuente que cobraba en 'b' lo que edificaba en 'a', devolvía los favores en especie. En el último informe que la Unidad de Delincuencia Económica y Fiscal del Cuerpo Nacional de Policía ha remitido al juez Pablo Ruz se recoge que Gonzalo Urquijo, el arquitecto que remodeló la sede del Partido Popular entre 2005 y 2011 con cargo a la mordida aflojada por los empresarios del trinque, pagó con vino la intermediación de Luis Bárcenas en sus trapicheos con eso que el añorado Umbral gustaba de llamar La Derechona.

El redecorador de la españolísima cueva de Alí Babá era dueño y señor, por tanto, de uno de esos estómagos agradecidos que en pleno apogeo de la burbuja de la (de)construcción se dejaba parte de su inmerecida talegada en botellas de vino de las que aportan glamour a las oscuras transacciones. Calderilla, en cualquier caso, para quienes están acostumbrados a intercambiar los euros por millones, pero que esta vez le salió al lince Urquijo por el doble de lo presupuestado. Mira tú por dónde: uno de los (incontables) ladrones sin escrúpulos que nos han sisado el pan de nuestros hijos fue a dar con el más sinvergüenza de los de su misma condición.


Parece ser que el bribón Bárcenas, que durante años sostuvo en público que los gastos en vino y frutos secos efectuados en las sedes del PP "estaban de más", olvidó sus remilgos a la hora de recibir en abril de 2008 una partida de veinticuatro botellas de Contino Viña del Olivo, deferencia del arquitecto de sus sueños. Mas resulta que el caldo enviado al enemigo público número uno de nuestra actual (in)estabilidad democrática no era el indicado por el paganini de la factura, por lo que en unas horas se le hizo llegar otra partida, similar en cantidad pero del "vino bueno". La sorpresa (inicial) de la empresa suministradora y (ulterior) de los investigadores del caso llegó al comprobar que el individuo cuyos papeles podrían provocar el derrumbe definitivo de nuestro artificioso sistema político y empresarial se había quedado con ambos envíos (el erróneo y el correcto), ahorrándose la fatigosa tarea de devolver el que no le correspondía. El preso menos común de todos nuestros presos comunes aprovechó la oferta dos por uno que el azar le sirvió en bandeja. Por aquel entonces, el temible burlón todavía no sospechaba que finalmente sería el destino quien se burlaría de él.