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8.4.14

Casal Sta. Maria Pinot Noir 2009

El centenario barón Bodo von Bruemmer, de ascendencia germánica, nació en la Rusia de los zares allá por 1911. En la década de los sesenta, mientras currelaba en Suiza, los facultativos le dieron dos años de vida tras detectarle cáncer de páncreas. Su espíritu inconformista se resistió a acabar sus días en la aburrida Confederación Helvética, por lo que decidió cambiar de aires (los alpinos por los atlánticos), asentándose en Colares, una parroquia a medio camino entre Sintra y el cabo da Roca. A día de hoy, ha conseguido doblar la edad que tenía por aquel entonces y, además, desde 2007 es el propietario de Adraga Explorações Vitivinícolas, una empresa que comenzó vendiendo vinos con la egocéntrica etiqueta Senhor d'Adraga y que desde 2011 hace lo propio bajo la marca Casal Sta. Maria.


La singular bodega, levantada junto a la playa de Adraga, presume de poseer "a vinha mais ocidental da Europa", aunque el eslogan no es del todo cierto. Las cepas de Casal de Santa Maria, cuyas impresionantes vistas al Oceáno Atlántico las convierten en una de las más bellas plantaciones del mundo, aún tienen a su izquierda, mar adentro, algunas pequeñas viñas situadas en Madeira y las islas Azores, por lo que la presunción occidentalista debería ceñirse a la Europa continental. Lo que sí está documentado es que, en ese paraíso donde el poeta Luis Vaz de Camões advirtió que "a terra acaba e o mar começa", ya se hacía vino un siglo antes de que el barón Bruemmer resucitara la tradición aquiriendo siete hectáreas y media de tierra granítica situadas en las laderas de la sierra de Sintra, cuidadosamente replantadas y restauradas para producir alrededor de cuarenta toneladas de uvas escogidas.

Para eleborar el Casal Sta. Maria Pinot Noir con que hoy me ha dejado frío el tabernero, el equipo dirigido por el enólogo consultor Jorge Rosa Santos y por el enólogo residente Antonio Figueiredo maneja clones de cepas gabachas seleccionados de la Côte-d'Or (75%) y de Borgoña (25%), que en su nueva ubicación sufren los estragos causados por la humedad y los vientos propios del clima atlántico; un hecho que debería dotar a los caldos de un carácter recio pero que, en el caso del Pinot Noir que nos ocupa, brilla por su ausencia.

De piedra me deja leer que la propia bodega define como "negro cereza" lo que el bloguero Elias Macovela, y un servidor de ustedes, vemos "rojo claro, con tonos marrones, que recuerda a algunas hojas de la vid en otoño". Y lo mismo sucede con los (supuestos) aromas a frutas del bosque, que según mi parecer quedan diluidos en un aguachirle en el que tampoco encuentro, por más que lo busco, ese "complejo buqué" de cuero, especias, trufas negras y vainilla recogido en la nota de cata oficial. Aunque la promesa más inconcebible es la que asegura un final "compacto y con gran profundidad". Yo lo dejaría a mitad de camino entre "medio y salado" (Nuno Ciriaco) y "leve y agradable" (Macovela); y a lo peor estoy exagerando.


Casal Sta. Maria Pinot Noir

2009

Pinot Noir

18 meses en barricas de roble francés

13% alcohol

Vinho Regional Lisboa

Adraga Explorações Vitivinícolas, Sintra, Lisboa, Portugal

24.12.13

Sonim Brut Rosé

En la taberna se brinda estos días festivos con uno de esos gregarios cavas rosados que se han convertido, de un tiempo a esta parte, en el capricho demodé de los horteras que van de moderniquis por el lado salvaje de la vida vitivinícola. El artefacto espumoso se vende (poco, todo hay que decirlo) envuelto en una etiqueta que reza Sonim Brut Rosé, y en su retaguardia se advierte que, al menos en esta ocasión, ha sido elaborado (o sea, embotellado) para Comercial Avanteselecta por N.R.E. 102 - B en Vilafranca del Penedés, una de las capitales oficiosas del burbujeo patrio. Para mi desasosiego, ahí terminan las pistas sobre su origen y, dado que en la red de redes he hallado alguna que otra contraetiqueta del mismo producto aunque embotellada para distinto cliente, me malicio que su artífice sea uno de esos productores mercenarios de vino base que venden sus caldos gasificados al mejor postor previo pago de su importe.

Dejando al margen los detalles hurtados del libro de familia del rosáceo bebedizo, lo que sí se nos da a conocer con precisión matemática es que el coupage que aporta color a este Sonim Brut Rosé elaborado según el método tradicional está compuesto por un 60% de trepat, un 20% de monastrell y otro 20% de pinot noir, un totum revolutum que, según confesión propia, ha madurado en botella con sus lías un mínimo de doce meses; y esta ácida juventud, unida a una justa dosis de azúcar añadida en el licor de expedición que avala su categoría de Brut, confiere al bebercio un medido equilibrio que se agradece dentro de su ramplona existencia.

A decir de quienes pretenden exagerar sus excelencias practicando el innoble arte del escaqueo informativo, se trata de un cava "único por la frescura de sus aromas de frutillas del bosque con un delicado carácter a nuez". Y único sí que es, para ventura de bebedores como yo, aunque al vendemotos que ha redactado la parrafada le han faltado arrestos para añadir que, además de único, es indivisible, como Dios. A modo de colofón, en el texto de marras se subraya que "en la boca resulta sutil, complejo y vivificante", mas yo no diría tanto: siendo (muy) generoso, lo definiría como un cava del montón; de la parte baja del montón, para ser exactos.


Sonim Brut Rosé

Trepat (60%), Monastrell (20%) y Pinot Noir (20%)

11,5% alcohol

DO Cava

Avanteselecta, Vilafranca del Penedés, Barcelona, Cataluña, España